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«El mundo digital es otra realidad que en ocasiones tiene más peso que la propia realidad física», cuenta Lola Zoido (Badajoz, 1994) mientras nos enseña su última obra An *aesthetic* lithium alternative vray unreal Engine hyperrealistic en la exposición Un lago de jade verde comisariado por Instituto de Estudios Postnaturales en el espacio CentroCentro de Madrid.

Para ver por completo la obra, un mineral impreso en 3D, hay que escanear el código QR que hace de la pieza una realidad aumentada que asciende en la pantalla del móvil para quedarse flotando en mitad de la sala. Este es el mundo que nos propone la artista; un espacio común en el que coexisten dos realidades, la física y la digital.

Cada vez son más los artistas que apuestan por el arte digital; un arte que permite ensanchar la realidad y crear nuevos mundos. Lola imprimió su pieza en 3D después de utilizar una librería de inteligencia artificial para generar una imagen, «pones unos conceptos y se genera una imagen de manera automática de acorde a ellos», explica. Ella puso «alternativa estética a la crisis del litio» y apareció una especie de piedra que fue la que más tarde imprimió.

La obra juega el papel de relato utópico y poético, incluso mitológico; un mineral que viene del mundo digital para convertirse en la salvación. Un relato propio de la era tecnológica, imposible de realizar sin las herramientas que esta brinda. Esta es quizá la mayor aportación del arte digital; no es tanto el contenido, como las herramientas y los resultados que la tecnología ofrece al artista.

El trabajo de Lola Zoido está muy relacionado con la naturaleza. En instalaciones como Portable Garden, donde ha moldeado diferentes piezas que forman un mobiliario; la artista trata de crear la atmósfera de descanso y retiro que se suele identificar con la naturaleza. «Ahora mismo, pintar un paisaje no tiene tanto sentido como hace unos años», defiende.

Lola subvierte el proceso de creación; modela una imagen para transformar un ambiente en el plano físico. Sus piezas no imitan una realidad existente, sino que crean una nueva, como en los videojuegos, una de las principales fuentes de inspiración de la artista. Ella cuenta que, a partir de la cuarentena, se aficionó al Fortnite; jugaba por las noches junto con un par de amigos con los que se recorría el mundo virtual mientras lo comentaban. Era su momento de evasión y comunidad. «Estéticamente, me encanta ver cómo en los videojuegos se representa la naturaleza», explica.

Perteneciente a la generación que creció con Los Sims, la artista ha trasladado la creación de ambientes de este tipo de videojuegos al arte. Cualquiera que haya creado un jardín con piscina para su familia de Sims podrá reconocer esta inspiración en las piezas. Incluso los errores estéticos comunes de los videojuegos impregnan sus creaciones; «A veces en el proceso aparecen fallos que a mí me gustan mucho.»

El arte ha sufrido una revolución sin precedentes, y como en toda revolución, la adaptación no es sencilla. ¿Se valora igual el arte digital que el plástico? «El arte digital no está valorado. Es probable que los NFTs ayuden a darle valor, aunque la gente no llega a entender que algo que no puedes colgar en el salón o que no puedes tocar pueda valer lo mismo. Y no es tanto el valor económico como el reconocimiento del trabajo; crear un render o un vídeo puede llevar el mismo tiempo y dedicación que pintar un cuadro», explica Lola Zoido.

Los NFTs de los que habla Lola son activos digitales, una manera con la que los artistas pueden monetizar sus obras. La obra en la que actualmente está trabajando es un NFT que cobrará en criptomoneda. Aunque nunca ha hecho nada en este formato y tampoco ha cobrado en criptomoneda, le apetecía probar. «Me dan respeto los NFTs, aunque es verdad que le han venido bien a la gente que se dedica al arte digital. Yo he sido más cauta.»

Todo apunta a que el arte digital va a ser más común de lo que generalmente pensamos, y las ventajas que se traen también. «El arte digital es más democrático y accesible. Es muy interesante la comunidad que se genera alrededor de compartir conocimientos. En el arte plástico no se genera tanto, es más individual» concluye Lola. Estas comunidades son fruto de la virtualidad que, como en el arte, ha invadido nuestras vidas. Las comunicaciones han modificado la forma con la que vemos el mundo y, por supuesto, con la que vemos el arte. El futuro cambia en cada momento, todo es cuestión de mirar con optimismo.