KURKY se define a sí mismo como un «peluche afrutado»; goloso pero no empalagoso. Empieza con un acorde de tutti-frutti cremoso, que evoca el aroma de una caja de caramelos, con notas de durazno y frambuesa. A medida que evoluciona, la fragancia se envuelve en un almizcle suave y reconfortante, con un sutil toque de vainilla, que la convierte en un perfume adictivo.
“KURKY es la fragancia para los adultos que se atreven a soñar como niños”, afirma Kurkdjian. Y esa es, sin duda, la esencia de esta creación: un perfume que nos invita a dejar de lado la seriedad de la vida adulta y a no tomarse la vida -ni a uno mismo- demasiado en serio.
El frasco en sí mismo también es un tributo a la infancia. Su diseño está inspirado en una pequeña caja de almendras garrapiñadas que Francis Kurkdjian recibió en su niñez. De ahí surgen sus rayas coloridas, que evocan ese mundo de dulces y juegos. La etiqueta, en cambio, lleva el nombre de KURKY escrito en una caligrafía infantil, como si un niño hubiera dejado su firma en esta obra de arte perfumada. Dentro de la caja, el frasco mantiene la silueta icónica de la Maison, pero con un giro inesperado: el cristal transparente está lacado en un tono durazno luminoso.
KURKY llega ahora para seguir esta estela de originalidad e innovación que, a lo largo de los años, la Maison ha llevado a la práctica. Sorprendiendo con sus creaciones, desde sus sofisticados Aqua Universalis o su icónico Baccarat Rouge 540, hasta sus innovadoras burbujas perfumadas, en cada lanzamiento Maison Francis Kurkdjian demuestra su maestría en expresar la sensibilidad olfativa de su fundador siempre de forma artística.
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