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El arte de la moda irónica es una práctica con la que la marca OGBFF ha provocado fascinación en internet. Las amigas y co-directoras creativas de la firma, Angela Ruis y Lauren Schiller, están obsesionando a las nuevas generaciones con sus camisetas gráficas virales en las que imprimen la memificación de la sociedad actual.

Teniendo en cuenta que la combinación entre lo hortera, anti-estético y el efecto Y2K sigue siendo la principal fuente de inspiración de la moda actual, que una firma como OGBFF sepa tejer, de manera magistral, todo ese contenido de memes post-irónicos, sólo puede destinarle al éxito.

La marca con sede en Los Ángeles, emergió hace tan sólo dos años en las redes, en los que el dúo creativo ha ido configurando un archivo infinito de camisetas gráficas, entre «baby tees» satíricas, u otro tipología de prendas como minifaldas en las que se inscriben sus mensajes de texto, y su narrativa asociada a la experiencia online. Todas ellas acentuadas por frases o palabras de corte irónico como ‘Hot Person At Work’, ‘Tits for brains’ o ‘Flop Era’, que incluso han cautivado a personalidades como Julia Fox, Devon Lee, Addison Rae o Emma Chamberlain.

LA MEMEIFICACIÓN DE LA MODA

Sus camisetas con eslóganes se sincronizan estéticamente con el renacimiento del McBling, siguiendo la estela de otras t-shirts dosmileras como la icónica “Stop Being Poor”. Diseños sexys e irreverentes para el look de “chica despreocupada y divertida” que empezaron a viralizarse durante la pandemia; tiempos en los que la sociedad estaba desconectada de la vida real, pero más conectada que nunca a la red. Así, los usuarios empezaron a sentirse representados con sus declaraciones de intenciones, y con la patología contemporánea de los «chronically online», e iniciaron la expansión de su universo en internet.

Angela y Lauren pasaron así de vender las camisetas a través de DM de Instagram o de Depop, a sumergirse en Tiktok, y a convertirse en una sensación viral. Un canal poderoso con el que siguen atrayendo a la juventud con esa estética cutre y de baja calidad que, más allá de comunicar el espíritu de la marca, se convierte en un reflejo de nuestra ‘flop era’.

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