¿Por qué JFK Jr. y Carolyn Bessette siguen marcando tendencia casi 30 años después?

John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette siguen marcando estilo décadas después. Repasamos el mito, la estética minimalista que los hizo eternos y por qué su historia vuelve a estar en el centro de la conversación.

Getty Images
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Hay parejas que salen en todas las portadas durante un par de veranos… y luego desaparecen sin dejar rastro. Y después están John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette-Kennedy, que casi treinta años después siguen apareciendo en nuestro feed como si acabaran de salir a pasear por Nueva York.

Para entenderlo fácil, él era John F. Kennedy Jr., hijo del presidente más famoso de Estados Unidos, criado entre política y cámaras desde niño, abogado y editor convertido en el soltero de oro de Nueva York. Ella era Carolyn Bessette, publicista de Calvin Klein, sin apellido histórico pero con un estilo que marcó los años 90. Juntos mezclaban poder y discreción, mito americano y elegancia minimalista.

Lo tenían todo: apellido legendario, belleza de película, ropa impecable y ese aire de «no lo estoy intentando» que en realidad es lo más difícil de conseguir. Su historia mezcla moda, nostalgia noventera y un final trágico que los convirtió en mito. Ahora vuelven a estar en conversación gracias a ‘Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette‘, disponible en España en Disney+, dentro de la nueva antología de Ryan Murphy. Y entonces la pregunta vuelve: si han pasado casi treinta años, ¿qué tienen para que todavía no sepamos mirar hacia otro lado?

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El «street style» antes de que existiera el street style

Lo curioso de lo suyo es que no se hicieron famosos por posar en alfombras rojas, sino por algo mucho más sencillo, caminar por la calle. Su «escenario» era la acera. Ir en bici, salir del trabajo, entrar a un restaurante, aguantar a los fotógrafos a la puerta de casa. Nada de grandes pasarelas ni montajes de revista, lo suyo era el camino del día a día.

Ahí está el truco. Vivían con fama máxima, pero querían vida privada. Y ese choque alimenta el mito. Hoy las parejas famosas nos enseñan hasta el desayuno; ellos, en cambio, eran casi lo contrario, una especie de pareja anti-influencer. Y ya se sabe, cuanto menos te cuentan, más imaginas. Y por eso engancha tanto la serie de Murphy, porque intenta imaginar qué pasaba entre look y look, entre foto icónica y foto icónica, cuando se apagaban los flashes y empezaba la vida real.

La pareja paseando por las calles de Nueva York. Gtres
La pareja paseando por las calles de Nueva York. Gtres

Ella: minimalismo chic (y sin esfuerzo aparente)

Carolyn Bessette es para muchos la definición perfecta del chic neoyorquino de los 90, rubio impecable pero natural, cortes limpios, colores sobrios y prendas que parecen sencillas hasta que te detienes un momento y entiendes que todo está medido. Nada gritaba, pero todo decía algo.

Su fórmula era casi matemática. En 1996 Michael Kors lo explicó muy claro, mezclar una camiseta barata con una chaqueta carísima y conseguir que no pareciera un cálculo. Ese efecto de «me he puesto cualquier cosa» que en realidad está pensado al detalle es lo que hacía que su estilo resultara tan potente. No parecía disfrazada, parecía ella.

Durante su etapa en Calvin Klein —donde empezó como dependienta y terminó trabajando como publicista de la firma— fue afinando el armario hasta dejarlo en lo esencial, muy en la línea del minimalismo noventero que también respiraban Prada o Jil Sander. Camisas blancas impecables, faldas midi en negro o camel, jeans Levi’s, abrigos de sastrería, vestidos sobrios y cortes limpios que hoy podrían estar en cualquier editorial.

Y además, según se cuenta, evitaba regalos de marcas y no convertía su imagen en anuncio. Repetía prendas, cuidaba lo que tenía y mantenía un armario sorprendentemente pequeño. En tiempos de looks patrocinados y estrenos constantes, esa actitud suena casi revolucionaria.

Él: el príncipe americano que vestía como si tuviera prisa

JFK Jr. era el «último príncipe» de una familia que Estados Unidos convirtió en leyenda nacional, pero su forma de vestir tenía algo inesperado. Podía aparecer con un traje impecable, perfectamente cortado, y al día siguiente salir con mochila al hombro, gorra verde hacia atrás, shorts, calcetines Champion y Nike como cualquier vecino que baja a por el pan. Incluso esa imagen tan comentada de ir en bici con el pantalón de sastrería arremangado para no mancharse dice mucho más que mil discursos.

Ese contraste era su punto fuerte. Tenía educación de élite, apellido histórico y fotógrafos persiguiéndolo desde niño, pero en las fotos parecía un tipo más intentando llegar a tiempo a algún sitio. Ese mix lo vuelve «relatable» sin dejar de ser inaccesible. Un hombre criado entre protocolo y flashes que intenta vivir como un ciudadano más.

Un final trágico (y combustible de teorías)

Hay historias que que se cierran de golpe. La suya terminó el 16 de julio de 1999, cuando la avioneta pilotada por John cayó al Atlántico cerca de Martha’s Vineyard y murieron John, Carolyn y Lauren Bessette. Aquel final no solo conmocionó al mundo, también selló la historia como mito.

A ese impacto se suma el peso simbólico que siempre ha rodeado a los Kennedy, incluida la idea popular de una supuesta «maldición» familiar, y las especulaciones que con los años fueron creciendo alrededor del accidente. No hace falta creer en nada de eso para entender lo que provoca.

Por qué ‘Love Story‘ llega justo ahora

La miniserie llega en el momento justo, con la nostalgia noventera en pleno auge, una obsesión colectiva por la autenticidad y una moda que vuelve a mirar hacia lo esencial. El casting ha dado que hablar, con Sarah Pidgeon y Paul Kelly metiéndose en la piel de la pareja con un parecido que ha disparado la expectación. La serie recorre los momentos clave, desde cómo se conocieron en 1992 hasta la relación oficial en 1994, la boda en 1996 y el asedio constante de la prensa, todo bajo esa presión social que nunca los soltó.

La obsesión con JFK Jr. y Carolyn Bessette no es solo por la ropa, aunque marcó una época, ni solo por el drama de su final, ni únicamente por el apellido Kennedy. Es porque representaban algo muy difícil de encontrar hoy, elegancia sin exageración, lujo sin presumir y una forma de estar en el mundo sin dar explicaciones todo el tiempo. La serie entiende bien esa esencia y cuida mucho la moda, con looks recreados al detalle que forman parte de la historia y no son simple decoración. Si quieres comprobarlo, ya puedes ver los tres primeros capítulos en Disney+.

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