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Virgil Abloh, más allá de dejar un legado deslumbrante en la intersección entre la moda, la racialización y el arte, abrió una nueva era para Louis Vuitton. Una en la que diluyó magistralmente los códigos entre el streetwear y el lujo, generando un archivo histórico que servirá de referencia tanto para el presente como para el futuro de la firma high-end.

Ahora, la marca le rinde una especie de tributo final al icónico diseñador a través de un desfile en Bangkok para FW22 en el que se han exhibido los últimos nueve looks que creó. Lo siguiente: una colección SS23 que se presentará en París a finales de junio, y que será diseñada colectivamente por el equipo creativo de la marca. Algo que nos hace replantear si decidirá tarde o temprano suprimir la figura del director artístico, y seguirá experimentando con la dirección creativa colectiva. O si por el contrario, se tratará de un formato momentáneo como ocurrió con Dior y Lanvin en 2016.

Al final, la mayoría de titanes comerciales como LV están dirigidos por un director creativo, y no por equipos de diseño vinculados a firmas más indie o experimentales. Aunque si hubo alguna firma que trascendió en este sentido, esa fue la del colectivo de Maison Margiela (entre 2009 y 2014), siguiendo su filosofía del anonimato con la que el fundador erigió la marca de culto.

LA AUSENCIA DEL DIRECTOR CREATIVO

Otras firmas como Bally, hasta el nombramiento de Rhugi Villaseñor como director creativo, habían producido sus colecciones de manera colectiva, demostrando que sí se puede vivir con una estructura horizontal en el diseño.

En el caso de Louis Vuitton, la duda que sigue circulando en el sistema es si realmente alguien podrá sustituir su icónica figura, o si la dirección se vertebrará de manera colectiva, libre y abierta, prescindiendo del autor dominante. Como una casa experimental de lujo que revolucione la industria y la moda del futuro.

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