Nos hemos unido a BIMBA Y LOLA para escuchar a un grupo de creativos pertenecientes al colectivo LGTBIQ+ para descubrir sus historias, servir de altavoz de sus diversas experiencias y recorridos. Cada una con una historia particular. Cada una diferente al resto.

Hablamos con Sandra López, Gad Yola, Álex Silleras, Robie, Aritz, y Adhara Bounouar. Un grupo de jóvenes de diferentes géneros y sexualidades unides bajo las siglas del Orgullo.

Sandra López

Sandra López (SL)Mi nombre es Sandra y no me gusta decir que descubrí que soy lesbiana, porque me parece ridículo; a ninguna persona heterosexual se le pregunta cuándo se dio cuenta de que le gustaba el sexo opuesto. Como si te levantaras un día y lo supieras. No estoy diciendo que no haya que aprender, el proceso de aprendizaje de uno mismo no acaba hasta que se muere. Y creo que eso es lo interesante, ir descubriendo poco a poco. Me parece que esta definición es la más cercana a la realidad de la sexualidad, y no solo de las lebianas, de todo el mundo que no piensa que la sexualidad es una casilla de la que no te puedes mover. Yo me considero lesbiana porque he visto que durante años mis relaciones con mujeres han predominado y son por las que yo, inconscientemente, he puesto más interés. Pero me considero lesbiana hoy, a saber qué pasa en el futuro.

(H) – ¿Qué peso y visibilidad tiene el lesbianismo dentro de la comunidad LGTBIQ+?

(SL)Creo que al ser mujeres y además no estar interesadas en los hombres ni sexual ni emocionalmente, somos un blanco fácil para el machismo y la homofobia. Además, este distaciamiento radical que tenemos con el hombre heterosexual ha hecho que seamos objeto de morbosidad, como podemos ver en el porno, lo que se traduce en una violencia de la que somos víctimas constantemente. No creo que seamos invisibles para el colectivo LGTBIQ+, pero creo que no se pone de relieve lo suficiente la presión, la discriminación y la violencia a la que estamos sometidas cotidianiamente. El mundo en general no ha tomado conciencia real de las lebianas, para muchos países ni siquiera existimos; no se nos toma en serio. Ahora mismo en Occidente tenemos una moralidad que nos exige estar a favor de la causa  LGTBIQ+, y adaptarte a ella es lo lógico y cómodo, pero la actuación es otra cosa; creo que tenemos que reivindicar con nuestra propia vida, no solo solidarizarnos con la causa. Personalmente lo que más me duele ver es a las propias mujeres siendo lesbófobas, tratando a chicas como si fueran el típico hombre que les repugna, bajo la salvaguarda del “solo estaba experimentando :)” , que al final se traduce en machismo puro y duro. 

(H) – ¿Hemos conseguido romper con el perfil estereotípico de mujer homosexual en la literatura y la cultura?

(SL)Creo que se ha avanzado, pero aún queda camino. Antes los finales de todas las historias sobre homosexuales tenían que acabar en tragedia porque si no la censura rechazaba la película o el libro, la historia cambió con la publicación de Carol de Patricia Highsmith, que se convirtió en la primera novela en la que ninguna de sus protagonistas recibe un escarmiento por ser homosexual, eso sí vendiéndose como pulp fiction y bajo el anonimato. Ahora no hay censura pero le han cogido gusto al drama homosexual y hay pocas historias que en el que el tema principal no sea la dramática historia que mana de la orientación sexual del protagonista. Centrándome en las lesbianas, creo que los personajes se repiten una y otra vez; la chica que sabe que es lesbiana, que suele ser reservada, poco llamativa y con un cierto toque de masculinidad, corrompe a la guapa y sexy que acaba descubriendo que es lesbiana. Y viven una zozobra dramática, intensa, llena de lloros y sentimientos, que a veces me gusta pero que otras me quitan las ganas de ser lesbiana y de vivir. Siempre hay excepciones y confío que poco a poco las cosas se vayan haciendo mejor.  

Gadyola

Gad Yola (G)Soy Gad Yola, tengo 25 años y soy una drag peruana migrante que vive en Madrid desde hace ya mucho. Empecé con esta técnica hace unos 3 o 4 años más o menos, y en la actualidad lo enfoco bastante a lo que es mi realidad, a lo que es mi ser y mis preocupaciones, que es el antirracismo. Intento darle un punto de vista interseccional a este arte que se está poniendo de moda. En la actualidad, tengo mi propio show individual, hago monólogos antirracistas y pertenezco a una casa drag en Madrid, la Casa Drag Latina, donde autogestionamos y autoorganizamos nuestros eventos. 

(H) – ¿Qué significa el género para ti?

(G)Yo pienso en el género como en los géneros literarios. Hay tantos géneros que el hecho de que en mi DNI ponga que soy un hombre o que soy una mujer realmente ya no me coarta como antes. Intento que no me preocupe y que no me pese a la hora de poder expresarme. Ya sea en la calle o en un escenario, el género obviamente tiene que ser transformado, al menos la concepción de que tiene que ser binario. Eso debe ser cambiado. No digo que lo destruyamos, porque a veces el género también es importante para ciertos colectivos, pero sí que tenemos que darle un nuevo sentido. 

(H) – ¿Sientes que la escena en Madrid es realmente inclusiva?

(G)Si para hablar de una escena inclusiva tenemos que confirmarla como una escena antirracista, ¿yo, Gad Yola, podría decir que la escena en Madrid es inclusiva y antirracista? No. ¿Pero que hay espacios y grupos determinados donde sí puede haber esta inclusión o diversidad real, o donde se luche de manera simbólica y efectiva la heteronormatividad? Eso sí. Sí que existen esos espacios, sí que pertenezco a algunos de ellos y sí que los disfruto. Pero son escenas muy pequeñas, muy precarizadas, y no son realmente visibles. No tienen la visibilidad o la importancia que realmente deberían tener. Por tanto, la escena en general no la veo inclusiva, no la siento así. Pero está empezando a cambiar, y creo que soy parte de ese cambio, de esa voz que no se calla y que no van a callar, para realmente crear un espacio de diversidad.

Álex Silleras

Álex Silleras (AS)Mi nombre es Álex Silleras (él/elle) y soy madrileño. He estudiado filosofía y políticas pero llevo desde los 15 años dedicándome a los escenarios. Empecé a través de la magia, y poco a poco fui sumando lenguajes como la danza, el teatro y la terapia gestalt. Actualmente, entiendo los procesos creativos como una linterna, una lupa y un altavoz desde los que dudar sobre todas las cosas. Me relaciono con la interpretación desde la duda y la búsqueda porque creo en la posibilidad de que en cada uno de nosotres esté contenido el mundo entero en dosis pequeñas. Me interesa entrar para salir: entender lo que puede haber mío en cada personaje para poder salir de mí misme y ver más allá del “yo”. Creo en una interpretación que sirva como herramienta de transformación personal y social desde la que, tal vez, encontrar un “NOSOTRES” verdadero. 

(H) – ¿Qué significa para ti “quitarse el velo”?

(AS)Quitarse el velo creo que para mí significa desear que las demás personas puedan verte tal y como eres. En ese dejarse ver, pienso que también es importante tener en cuenta que nadie es solamente una cosa. Tal vez por eso una opción me parece quitarse el velo y, otra, entender que podríamos llevar velos de muchos colores que nos permitieran cambiar el filtro a través del cual experimentamos el mundo. Al fin y al cabo, la realidad no es más que una descripción que damos en base a lo que vemos. Puede que, si re-aprendiéramos a ver, la realidad se ampliase haciendo que más personas pudieran habitarla celebrando lo que son. 

(H) – ¿De qué modo tu identidad interviene en tu trabajo como actor?

(AS)La identidad es un concepto muy potente. Es concreto y a la vez abstracto. Es una tangente que atraviesa todo lo demás y al mismo tiempo no me parece algo simplificable. Para mí la identidad es algo que se mueve, que muta, que transita. La identidad es la suma de muchísimas cosas que nos hace ser lo que somos. Como actor, a mí me gusta trabajar sintiendo que puedo ser cualquier cosa, dar vida a cualquier personaje. Sin embargo, hoy en día muchas veces se intenta encorsetar la interpretación en un reduccionismo que hace que haya poca libertad a la hora de componer. Pienso que es un error etiquetarnos como intérpretes y que esas etiquetas nos lleven a entrar en un círculo de posibilidades cerrado y monótono. Mi deseo es que mi identidad personal la pueda utilizar como una arcilla que sirva para dar forma a algo que todavía desconozco.

Robie

Robie (R)Soy Robie y crecí en San Lorenzo del Escorial, un pueblo a las afueras de Madrid que está en el campo. Y me crié con mi madre, madre soltera, que trabajaba en la música por aquel entonces. Me llevaba a todos los sitios porque no tenía con quién quedarme y me acababa quedando dormida en los altavoces en las pruebas de sonido. La música en directo era mi día a día. Era una niña super sensible (bueno, soy) así que el primer día que toqué un piano de juguete sentí como si aprendiera un nuevo lenguaje. Empecé a sacar las canciones de la radio en el piano y así, poco a poco, mi madre se dio cuenta de lo inevitable: la música iba a ser parte de mi vida y gracias a la música me sentía un poquito más yo misma. Según fui creciendo, la música lo fue haciendo conmigo, de teenager me gustaba Avril Lavigne (quería ser ella), empecé a tocar la guitarra, más tarde la batería, y empecé a escribir mis primeras canciones con mis primeros amores de pequeña (la mitad reales, la mitad imaginarios). Así, fui desarrollándome como música y compositora hasta el día de hoy, y entre medias he estado trabajando de todo lo habido y por haber (tiendas, hoteles, cuidando niños, etcétera) para poder desarrollarme como música, invertir en mis proyectos, etcétera.

Hace un par de años decidí sacar mi primer EP con distintos estilos de música (todos partiendo del pop) y es cuando me fichó Alizzz para Warner. Después de ese EP y al ver que nuestros caminos iban bastante separados, decidí tirar por mi cuenta y sacaré muy pronto mi próximo trabajo, ya de manera independiente, con un sonido muchísimo más definido y más yo. Un sonido al que he ido evolucionando el último año desde mis ganas de salir de fiesta, de vivir y de bailar. Sigue siendo pop, pero mucho más electrónico y con referencias de la música mákina, bakalao y eurodance. Además, he tenido la suerte de que en este proyecto me hayan acompañado Javiera Mena, Putochinomaricón y Paco Pil, y ha sido un auténtico sueño. 

(H) – ¿Te ha permitido la música explorar tu identidad?

(R)La música, el cine y la moda me han permitido entender quién soy. Creo que la mayoría de veces ya somos muy adentro quien queremos ser, pero nos llenamos de capas de prejuicios (la mayoría inculcados por la sociedad) que nos nublan todo eso y nos hacen esconder lo que nos hace úniques. Gracias a la música he aprendido que no hay normas para vivir y para decidir quién eres. Que puedes cambiar todos los días de personalidad si quisieras y que la música y la moda te pueden ayudar a reflejarlo. Es una extensión de nuestras palabras.

(H) –¿Qué prejuicios existen contra la bisexualidad que quedan por erradicar?

(R)Contra la mayoría de orientaciones sexuales hay prejuicios, y muchas veces entre la comunidad LGTB+ también existen. Yo creo que este es el ejemplo más claro de la bisexualidad. Sigue habiendo una obligación en nuestras cabezas de decidir si blanco o si negro, y además si blanco o si negro para toda la vida. ¿Por qué no los dos? ¿Y por qué decidir si para siempre o sólo para hoy?

Aritz

Aritz (A)Me llamo Aritz, tengo 21 años, vengo del norte de Bilbao y vivo en Madrid. Siempre me he criado en un entorno súper open-minded, mis padres son muy abiertos de mente en ese aspecto y mi entorno (instituto, amigos, etcétera) también han sido siempre muy abiertos. Tengo que decir que he tenido bastante suerte. En mi caso es muy extraño porque nunca he tenido que salir del armario, por así decirlo. Nunca ha llegado ese momento en el que he tenido que decir “soy gay”. ¡Se da por hecho, por así decirlo! Sí es cierto que en el colegio hay de todo, y siempre han estado las típicas personas que te hacen comentarios y te intentan ridiculizar: el típico machirulo que paró la clase y dijo: “Artiz, ¿tú eres maricón?”. Pero, por lo general, tengo que decir que la gente ha sido tolerante con el tema. Yo tenía el hecho de ser gay muy normalizado, de hecho nunca se lo dije a mis padres, simplemente un día mi madre me preguntó si era gay y le dije que sí con total normalidad. Sin ningún drama. Lo normalizaba con acciones o comentarios que hacía con los que ya se daba a entender. He tenido bastante suerte.

(H) – Revelación, identidad, comprensión. ¿En qué momento de tu vida acaban confluyendo estos tres puntos?

(A)El punto de inflexión que tuve fue cuando llegué a Madrid y empecé Diseño de Moda. Llegué a un punto en el que estaba en un lugar en el que me entendían creativamente y en cuanto a orientación sexual. Era un punto libre en el que nadie te juzgaba, porque la mayoría de los chicos del mundo de la moda son gays. Creo que la moda va muy de la mano de la diversidad y la sexualidad, es un mundo en el que este tema no es un tabú. Agradecí mucho estar en este entorno porque me hizo crecer como persona y ser aún más libre. Cada vez que volvía a Bilbao lo iba normalizando más, en redes, o con comentarios tipo “este chico es guapísimo”, algo que quizá un hombre que se considera hetero no lo diría así (algo con lo que tampoco estoy de acuerdo).

El entorno que tenía, mis padres y mis amigos han jugado a mi favor para que nunca haya tenido que llegar a eso de “tengo que deciros una cosa, soy gay”. No es algo por lo que haya tenido que pasar, y en mi opinión no lo debería ser nunca. Yo quiero que no tengamos que llegar a la obligación de decirlo. Es mi vida y la vivo como me da la gana, si tú quieres sacar tus propias conclusiones de lo que soy y lo que dejo de ser es tu problema, no el mío. Aún nos queda trabajo para llegar a ese punto de no juzgar a alguien por su orientación sexual ni plantearse la sexualidad de otra persona. Hace falta mucha educación sobre esto en los colegios para que no ocurran situaciones como la que he comentado sobre alguno de mis compañeros.

(H) – ¿Ha sido para ti internet una nueva forma de expresarte con libertad?

(A)Yo creo que internet nos ha servido a todos para poder expresar lo que queremos sin tanto miedo. Al no tener a nadie delante, tú te grabas en tu privacidad y decides si publicar o no, y eso nos hace más valientes. Para mí y para muchos creativos ha sido TikTok dar el paso (bueno, yo ya di el paso de crear un canal de Youtube) en el que no me escondo y soy abiertamente gay. Y creo que eso es guay, porque mucha gente joven lo ve y lo normaliza desde una edad muy temprana. Por ejemplo, que un chico de 12 años vea un vídeo mío y me diga: “jo, qué guay que puedas decir que eres gay la gente lo acepte”, y que en los comentarios todo el mundo sea un amor, indica que las generaciones que vienen lo tienen mucho más normalizado y me alegra muchísimo. Que la gente en redes sociales y que personajes públicos normalicen el que haya más sexualidades además de la heterosexualidad creo que hace mucho bien en las aulas, porque esos niños o adolescentes que tienen como referentes a ciertos personajes públicos que antes no sabían que eran homosexuales o bisexuales o lo que sea, ahora gracias a las redes sí lo saben. Yo estoy percibiendo este cambio en las generaciones que vienen. Quizás ese comentario que yo recibí en el colegio ahora un niño no lo reciba, gracias a que “maricón” ya no sirve como insulto en el momento en que una persona se llama a sí mismo en redes “maricón” como algo positivo.

Adhara Bounouar

Adhara (A)Soy Adhara Bounouar, tengo 21 años y soy mujer trans desde que nací. Asumirlo no fue fácil, ya que los prejuicios y estereotipos de la sociedad no ayudaron mucho. Ser una persona trans me ha dado cosas muy bonitas como conocer el valor de ser uno mismo, es un derecho intrínseco en las personas y nadie debería tener el poder de arrebatárnoslo. Por otro lado, también me ha costado el desprecio de mi padre y mi familia paterna; que yo resultase mujer no les ha podido pillar de sorpresa, lo que realmente les ha ofendido es que yo haya sacado el valor y el coraje para ser yo misma. Y lo han demostrado con sus actitudes, de pequeña siempre he estado observada con lupa y bajo presión aguantando comentarios como “no hagas eso que es de niñas”, “compórtate como un hombre”, “como salgas maricón te quito el apellido”. Siempre se ha sentido avergonzado, nunca pude ser yo misma. Todo esto lo ha compensado el respeto y el cariño de mi madre, mis hermanos y mis amigos. En general he sido muy afortunada, ya que el rechazo familiar es algo muy común en la comunidad LGTB+.

(H) – ¿Qué significa ser mujer para la comunidad trans y para ti?

(A)Desgraciadamente esta pregunta me va a perseguir durante toda mi vida a mí y a todas las mujeres trans. La gente piensa que ser una persona trans es nacer con una enciclopedia de biología, psicología y sociología debajo del brazo, cuando muchas no podemos hablar nada más que desde nuestra experiencia. Todas las personas pasamos por un proceso de socialización en el cual interiorizamos los contenidos culturales de la sociedad patriarcal durante toda nuestra vida, ocupando así las posiciones políticas del género en el sistema patriarcal.

(H) –¿Con qué acciones podemos mejorar el trato a las personas trans?

(A)Aparte de llevar a cabo una ley trans, educar a la sociedad en la diversidad es la base de todo. Los derechos trans son derechos humanos, nuestras vidas no deben estar abiertas a debate.


Credits

Photography: @_borjalorenzo_

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