Cannes es un festival de cine, pero también es uno de los escenarios más importantes de la moda. Cada mayo, las escaleras rojas del Palais des Festivals funcionan como una pasarela mundial. Allí no solo se presentan películas, también se fabrican imágenes que pueden definir una carrera. Bella Hadid y su equipo lo entendieron desde su primera aparición. Su historia en Cannes no es solo una lista de vestidos memorables. Es la evolución de una modelo que aprendió a usar la alfombra roja como un lenguaje.
Primero, a través del impacto inmediato: un vestido rojo, una abertura extrema, una imagen viral. Después, mediante la alta costura y el archivo: Schiaparelli, Jean Paul Gaultier, Versace, Gucci, Chanel, Prada. Y, finalmente, a través del control: saber cuándo provocar, cuándo contenerse y cuándo dejar que la ropa hable por sí sola.
La secuencia más documentada de sus grandes momentos en el festival comprende 2016, 2017, 2018, 2019, 2021, 2022, 2024, 2025 y 2026. No son años consecutivos: en 2020 Cannes no se celebró en su formato habitual por la pandemia, y en 2023 Bella Hadid no tuvo una gran aparición de alfombra roja comparable a las de otros años. Pero, vistos en conjunto, esos nueve capítulos permiten entender cómo se ha construido una de las iconografías más reconocibles de la moda reciente.
2016
El punto de partida es una imagen que todavía hoy se recuerda como una de las más icónicas del festival, Bella Hadid con un vestido rojo de Alexandre Vauthier en el estreno de The Unknown Girl.
El diseño tenía todos los elementos para convertirse en una fotografía histórica: color intenso, escote profundo, seda fluida y una abertura lateral llevada casi al límite. No era un vestido discreto ni pretendía serlo. Estaba pensado para llamar la atención, pero también para moverse bien frente a las cámaras.
Ese look fue decisivo porque convirtió a Bella Hadid en una presencia global de Cannes. Hasta entonces, ya era una modelo conocida; después de aquel vestido, se convirtió en una figura de alfombra roja. La diferencia es importante, una cosa es asistir a un festival y otra generar una imagen que se queda en la memoria colectiva.

Ese mismo año, en la gala amfAR, llevó un vestido negro de cuello halter, mucho más sobrio. Sirvió como contrapunto al rojo.

2017
Después de un momento tan viral como el de 2016, muchas celebridades intentan cambiar completamente de dirección para no repetirse. Bella Hadid hizo lo contrario y volvió a repetir la fórmula. En 2017 volvió a Cannes con otro diseño de Alexandre Vauthier, esta vez en satén color champán. El vestido también tenía una abertura muy marcada y una silueta pensada para alargar el cuerpo. Hadid estaba construyendo un código propio.

Ese año, también llevó Dior Couture, una elección más clásica, más cercana a la tradición de las grandes estrellas de cine. Dior aportaba estructura, historia y una elegancia más institucional.

En la gala amfAR, el vestido transparente de Ralph & Russo añadió otro registro.

2018
En 2018, su presencia en Cannes se volvió más refinada. El vestido plateado de Elie Saab que llevó para BlacKkKlansman era brillante, ajustado y muy fotogénico, pero menos escandaloso que los looks de años anteriores. Seguía trabajando con el cuerpo como elemento central, aunque de una manera más controlada.

Ese cambio es importante. Bella Hadid no abandonó la sensualidad, pero empezó a hacerla más sofisticada. Ya no necesitaba apoyarse únicamente en el impacto de una abertura extrema. Podía usar el brillo, el corte y la caída del vestido para crear una imagen poderosa sin parecer que buscaba desesperadamente el titular.
El vestido rosa pálido de Alexandre Vauthier, con corpiño de satén y cola, completó esa evolución. Era un look femenino, casi de fantasía clásica, pero seguía teniendo el sello Bella. En Cannes, la modelo empezaba a entender que el verdadero lujo no siempre consiste en enseñar más, sino en controlar mejor el efecto que se produce.

2019
En 2019, Bella Hadid volvió al rojo, el color que había marcado su historia en Cannes. Pero esta vez el efecto fue distinto. Para la premiere de Dolor y Gloria, de Pedro Almodóvar, llevó un vestido drapeado de Roberto Cavalli, con abertura lateral y espalda descubierta.
A diferencia del Alexandre Vauthier de 2016, este rojo era menos explosivo y más adulto. Además, el contexto le daba otra lectura, pues en el universo de Almodóvar, el rojo suele asociarse con el deseo, la pasión, el exceso y la emoción. Aunque el vestido no fuera una referencia directa al director, dialogaba muy bien con la película y con el imaginario del cineasta.

Ese mismo año, Hadid también llevó un vestido blanco de Dior para Rocketman. Del rojo intenso y dramático pasó a una imagen más luminosa, romántica y teatral. Esa alternancia demuestra que su estilo en Cannes ya no dependía de un solo tipo de look, sino que empezaba a construir una narrativa completa durante el festival.

2021
Después de la pausa causada por la pandemia, Cannes volvió en 2021 con una carga simbólica especial. La alfombra roja necesitaba recuperar espectáculo, pero también algo de significado. Bella Hadid respondió con dos de sus elecciones más importantes.
Primero, llevó un diseño vintage de Jean Paul Gaultier de la colección primavera 2002. Esta elección ya marcaba una dirección nueva: el interés por el archivo. Vestir una pieza de Gaultier no es solo llevar un vestido bonito, es conectarse con una tradición de moda que mezcla sensualidad, ironía y provocación.

Pero el gran momento llegó con Schiaparelli. Para la premiere de Tre Piani, Hadid apareció con un vestido negro de alta costura y una pieza dorada en forma de pulmones cubriendo el pecho. El diseño, creado bajo la dirección de Daniel Roseberry, fue una de las imágenes más comentadas de Cannes 2021.

2022
En 2022, para L’Innocent, eligió un vestido negro de Gianni Versace de 1987, creado originalmente para una producción de Salomé en La Scala de Milán.

Días después, para Broker, apareció con un vestido blanco de Gucci otoño-invierno 1996, de la etapa de Tom Ford. Esta elección también tenía mucho peso. El Gucci de Tom Ford representa una de las épocas más influyentes de la moda de los noventa: minimalismo sensual, lujo frío, poder, noche y deseo.

Ese mismo año también llevó un vestido vintage de Chanel otoño-invierno 1986 en una cena de Chopard. Aunque no fuera una alfombra roja oficial de premiere, el look ayuda a entender que cada salida del hotel, cada cena, cada fiesta y cada premiere formaban parte de una imagen global.

2024
Después de no protagonizar una gran aparición en 2023, Bella Hadid volvió a Cannes en 2024 con un vestido transparente de Saint Laurent para la premiere de The Apprentice. Fue uno de sus looks más comentados porque reabrió el debate sobre el naked dress, es decir, los vestidos que juegan con la desnudez, la transparencia y los límites del protocolo.

Después llegó un vestido vintage de Atelier Versace de 2001 para L’Amour Ouf. Negro, brillante, con cuerpo semitransparente y chal, el look funcionaba como contrapunto al Saint Laurent. Si el primero hablaba del presente y de la provocación, el segundo devolvía a Hadid al terreno del archivo y del glamour italiano.

2025
En 2025, Cannes endureció sus normas de vestimenta, especialmente respecto a la desnudez y a los vestidos demasiado voluminosos. Para una figura como Bella Hadid, cuyo estilo en el festival había explorado muchas veces la tensión entre piel, transparencia y elegancia, el cambio era especialmente significativo.
Su respuesta fue un vestido negro de Saint Laurent con abertura alta, espalda trabajada y joyas de Chopard. Era un look más contenido que el Saint Laurent transparente de 2024, pero seguía siendo claramente Bella Hadid.

2026
En 2026, Bella Hadid ha vuelto a Cannes con un vestido blanco custom de Prada para la premiere de Garance, acompañada por su hermano Anwar Hadid. El diseño, palabra de honor, con busto joya, cola y chal, tenía una elegancia más clásica. La elección de Prada es significativa porque la marca suele trabajar con una idea de belleza menos obvia.

Este mismo año, Bella ha desfilado para Prada y sus looks fuera de la alfombra roja con piezas vintage de Prada Sport han reforzado la idea de que Bella Hadid ya no se limita a elegir buenos vestidos. Su estilo en Cannes funciona como una curaduría. Cada pieza parece seleccionada para decir algo sobre su relación con la moda.

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