Retrospectiva y despedida personal a David Hockney

Despedimos a David Hockney con una retrospectiva muy personal. Un viaje por sus obras para recordar al pionero que nos enseñó a mirar.

Retrospectiva y despedida personal a David Hockney

Recuerdo perfectamente el año que llegué a Madrid. Tenía esa voracidad insaciable de quien aterriza en una nueva ciudad y solo busca empaparse de arte para encontrarse a sí misma. Mi primera parada fue el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza allí me topé, cara a cara, con En memoria de Cecchino Bracci. Aquel óleo de su primera etapa, un homenaje a un joven romano vinculado con Miguel Ángel, me detuvo en seco. Había una vulnerabilidad tan cruda y una fuerza tan vibrante en sus trazos que me resultó imposible mirar a otra parte.

En memoria de Cecchino Bracci, David Hockney 1962

Buscando más de ese magnetismo, crucé el umbral del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Al adentrarme en su colección permanente, sus obras volvieron a atraparme. Contemplar el misterio de Dark Mist, la atmósfera flotante de On the Banks of the Nile, Luxor, Egypt y la intimidad de Gregory and Shinro, Nara, Japan, fue la confirmación definitiva: me había quedado completamente prendada de su universo. Hockney tenía el superpoder de transformar la realidad en un estallido de color y de vida.

Dark Mist, David Hockney 1973

Por eso, la noticia de su muerte a las puertas de cumplir los 89 años me dolió de una manera muy particular. Su marcha no solo deja un vacío enorme en la historia del arte, es el adiós a un genio que vino a recordarnos el absoluto deleite de pararse, respirar y aprender a mirar.

A Bigger Splash, a 1973 biographical documentary film about David Hockney’s lingering breakup with his then partner Peter Schlesinger, directed by Jack Hazan

Nos enseñó a ser libres

Para mí, la grandeza de Hockney no está solo en los museos, sino en su valentía humana. Nació en Bradford en el seno de una familia trabajadora y siempre tuvo un espíritu inconformista. En el Royal College of Art se negó a escribir el ensayo final del examen porque decía que a un artista se le evalúa por su obra, y se presentó a la graduación con una chaqueta de lamé dorado y el pelo teñido de un rubio platino encendido.

Pero su auténtico impacto fue social. Mucho antes de que la homosexualidad fuera legal en el Reino Unido (en 1967), Hockney ya la retrataba con una naturalidad y una honestidad absoluta. Obras como We Two Boys Together Clinging (1961) o Cleaning Teeth, Early Evening (10pm) W11 (1962) desafiaron a una sociedad gris y conservadora.

Hockney ayudó a miles de personas a sentirse validadas y visibles en una época de oscuridad. Al normalizar el amor y el deseo, como hizo en Peter saliendo de la piscina de Nick, retratando a su amante desnudo emergiendo del agua, convirtió la intimidad en un acto de liberación.

 Peter Getting Out of Nick’s Pool, David Hockney 1966

«Un gran artista y un hombre maravilloso que, con el poder del arte, cambió la percepción de lo británico. Un orgulloso homosexual que ondeó la bandera más alto que cualquier otro» – Tracey Emin

El sol y los reflejos de California

A mediados de los 60, Hockney se mudó a Los Ángeles, y ese viaje cambió la historia del arte contemporáneo. Bajo los cielos brillantes de California, creó esa estética de piscinas, palmeras y villas residenciales tan característica de su imaginario.

A Bigger Splash, David Hockney 1967

A Bigger Splash (1967): Es una de sus obras cumbre. Un lienzo de colores planos, casi abstracto, donde un trampolín y un enorme soplido de agua delatan a un bañista invisible. Es la captura perfecta de un instante efímero.

Portrait of an Artist (Pool With Two Figures), David Hockney 1972

Portrait of an Artist (Pool With Two Figures) (1972): Una obra maestra nacida del dolor de su ruptura amorosa. Es una mezcla de amor y tristeza que en 2018 lo convirtió en el artista vivo más cotizado del mundo al venderse por más de 90 millones de dólares.

Hockney también era un retratista psicológico. Lo demostró en My Parents, capturando a sus padres sumergidos cada uno en su propio mundo, y en Mr and Mrs Clark and Percy, donde retrató a sus amigos, el famoso diseñador de moda Ossie Clark y su esposa Celia Birtwell. O en Beverly Hills Housewife, donde retrató a la mecenas Betty Freeman en el patio de su mansión.

Mr and Mrs Clark and Percy, David Hockney 1970 y 1971

Un icono de moda

Sus gafas redondas de pasta gruesa, sus jerséis de rugby, sus trajes de sastre (muchas veces manchados con gotas de pintura verde en el taller) y sus mezclas de colores imposibles crearon un sello inimitable. Vogue llegó a decir de él que «se convirtió en una obra de arte en sí mismo».

David Hockney, 1966 Photograph: Jane Bown

Christopher Bailey diseñó una colección para Burberry en 2013 inspirada en él tras cruzárselo por la calle en Londres, fascinado por cómo llevaba el color. Y Paul Smith, que hizo lo propio en 2008, recordaba un encuentro con él: «Llevaba un traje de raya diplomática en un tono azul rarísimo, con una camisa verde azulado y una corbata verde esmeralda. Eran colores que peleaban entre sí, pero que juntos se veían increíblemente llenos de energía».

Esa libertad para vestir la mantuvo hasta el final. Nadie olvidará cuando en 2022 fue a Buckingham a conocer al rey Carlos III vistiendo un sastre de cuadros escoceses y… unas Crocs amarillas. El rey, encantado con su autenticidad, le soltó: «¡Tus galochas amarillas! Bellamente elegidas». Tras su muerte, el monarca lo ha recordado como un genio.

David Hockney y el rey Carlos III, 2022

De la Polaroid al iPad

Lo que más me fascina de Hockney es que jamás se acomodó. Mientras otros artistas repiten fórmulas, él se lanzó a experimentar con todo lo que cayera en sus manos: fotocopiadoras, faxes y tecnología en 3D.

Hockney takes a picture of photographer Martyn Goddard while working on the set of the Magic Flute for Glyndebourne, 1978 Photograph: Martyn Goddard/Rex/Shutterstock

Cuando descubrió las cámaras Polaroid, empezó a tomar fotos y acabó inventando los «joiners»: collages compuestos por múltiples fotografías que rompían la perspectiva tradicional al estilo de Picasso. Un ejemplo es Billy + Audrey Wilder, que muestra al director de cine y a su esposa desde varios puntos de vista en su salón.

Cuando volvió a Inglaterra en 2005, volcó esa curiosidad en los paisajes de su tierra natal. Creó obras como Bigger Trees Near Water (un mosaico de 4 por 12 metros hecho con 50 lienzos) y se enamoró del iPad. Con más de 70 años, pintaba con los dedos en la pantalla y les mandaba sus amaneceres digitales a sus amigos por mail. De ahí nacieron joyas como The Arrival of Spring in Woldgate o Un año en Normandía, un friso panorámico de 70 metros compuesto por más de 100 pinturas digitales que retrata el paso de las estaciones en Francia.

 Bigger Trees Near Warter, David Hockney 2007

Love Life

Hockney solía decir que «enseñar a la gente a dibujar es enseñar a la gente a mirar». Y eso es lo que hizo por nosotros. Nos enseñó a ver la belleza en las curvas de una carretera en Nichols Canyon, en la inmensidad de A Closer Grand Canyon y en los reflejos del agua.

A pesar de los golpes de la vida, como la trágica muerte de su asistente Dominic Elliott en 2013, que le sumió en un dolor tan grande que casi le hace dejar los pinceles, David siempre se aferró a su mantra vital: Love Life.

El año que viene, el Tate Britain y el Tate Modern de Londres se llenarán de homenajes y exposiciones para celebrar su legado. Pero yo prefiero quedarme con la declaración de un hombre que nunca dejó de ser joven: «No reflexiono demasiado. Vivo el ahora. Siempre es ahora».

Hockney in his St-Germain studio, Paris, France, 1979. Partially visible behind him a version of his painting, My Parents and Myself, depicting, Laura and Kenneth Hockney, though Hockney himself is not seen in this version. The final version of the painting, completed in 1977, was My Parents Photograph: Derek Hudson/Getty Images

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