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Los guardias de seguridad sacaron a los empleados de las tiendas el viernes, y el CEO de la casa de moda italiana en Estados Unidos ha dimitido junto con otros ejecutivos de alto nivel. La marca busca un acuerdo con los acreedores para mantenerse a flote mientras busca un inversor. Así están las cosas en Roberto Cavalli.

Roberto Cavalli - Madison Avenue

El viernes, el mismo día en que la marca anunció sus planes de buscar un acuerdo con los acreedores para mantener el negocio a flote, los guardias de seguridad entraron a las tiendas de la compañía en Estados Unidos e obligaron a los empleados a que se marcharan.

Un portavoz de Cavalli confirmó el domingo que Art Fashion Corp. se declarará en bancarrota esta semana. Las operaciones de comercio electrónico se han bloqueado temporalmente hasta que la logística pueda ser desviada a Europa. Los 93 empleados de la compañía en Estados Unidos fueron despedidos el viernes, aunque recibirán un último cheque de pago esta semana, dijo el portavoz.

El cierre de Estados Unidos es otro capítulo de lo que han sido unos años turbulentos para la casa de moda florentina, conocida por sus atrevidos estampados de animales y su glamour extravagante.

La falta de talento creativo constante desde que el propio Cavalli renunció a su papel de diseñador hace cuatro años ha sido clave en el declive del proyecto. Peter Dundas permaneció sólo 19 meses en la marca, de 2015 a 2017, mientras que la semana pasada dimitió su sucesor Paul Surridge, después de menos de dos años al frente creativo, alegando que:

«He considerado mucho esta decisión y he llegado a la conclusión de que la misión que he firmado ha cambiado y entra en una nueva dirección con una nueva perspectiva. Ahora quiero centrarme en otros proyectos que dejé de lado para lograr nuestros objetivos comunes con el Grupo Roberto Cavalli«.

Quizá Cavalli haga como Versace y después de este gran golpe vuelva con una perspectiva y una idea que sacuda la industria. Por ahora sólo queda esperar y mantenerse atentos a los próximos pasos de la casa italiana. ¿Se podría repetir la historia en Europa?