La llegada de The Shards a Disney+ ha enfrentado a los defensores del universo literario de Bret Easton Ellis con los seguidores (y detractores) de Ryan Murphy. La discusión no se limita a si la serie es buena o mala: plantea quién controla una adaptación, cuánto puede transformarse una novela y qué ocurre cuando la ambigüedad de Ellis entra en contacto con el espectáculo visual de Murphy.
Antes incluso de que se estrenara, The Shards ya había sido condenada por una parte de su público. No había episodios disponibles, apenas unas fotografías promocionales y un nombre asociado al proyecto: Ryan Murphy. Para numerosos lectores de Bret Easton Ellis, aquello fue suficiente para temer que una de las novelas más íntimas, extensas y ambiguas del escritor terminara convertida en un thriller adolescente excesivamente sexualizado y explícito.
Las primeras imágenes parecían confirmar esos prejuicios. Jóvenes de belleza casi irreal, mansiones de Beverly Hills, coches de lujo, cuerpos bronceados y una estilización perfectamente reconocible componían el avance de la serie. En redes y medios comenzó a hablarse de la “Ryanmurphización” de The Shards: la transformación de una historia literaria en otro espectáculo del creador de Glee, American Horror Story, Pose, Feud y Monster.
La polémica, sin embargo, es más compleja que una simple oposición entre un novelista prestigioso y un productor comercial. Ellis y Murphy comparten muchas obsesiones: la belleza como máscara, la homosexualidad reprimida, la violencia, el privilegio económico, la fama, el vacío emocional y la capacidad de las élites para ocultar sus secretos. Sin embargo, Ellis suele sugerir, ocultar y contradecir. Murphy muestra, embellece y dramatiza.
Por eso, la pregunta “¿Ryan Murphy arruinó The Shards?” contiene en realidad varias preguntas: ¿ha traicionado la novela?, ¿ha simplificado su ambigüedad?, ¿ha convertido su terror psicológico en melodrama?, ¿o ha encontrado una manera visual de hacer accesible un libro difícil de adaptar?
Para entender la polémica hay que entender primero la novela
Publicada como libro en 2023, después de haber aparecido inicialmente como una narración por entregas en el pódcast de Bret Easton Ellis, The Shards mezcla autobiografía, ficción, memoria y thriller psicológico.
Su protagonista también se llama Bret Easton Ellis. Tiene diecisiete años, estudia en el exclusivo Buckley School de Los Ángeles y está a punto de comenzar su último curso durante el otoño de 1981. Sus padres están casi siempre ausentes, sus amigos pertenecen a familias adineradas y su vida transcurre entre restaurantes, fiestas, coches, drogas, música y casas de lujo.
Bret es homosexual, pero mantiene esa parte de su identidad en secreto. Sale con Debbie, una de sus mejores amigas, mientras sostiene encuentros sexuales clandestinos con otros chicos. También intenta escribir su primera novela, que terminará convirtiéndose en Less Than Zero, el libro con el que el Ellis real debutó en 1985.
La aparente normalidad del grupo se altera con la llegada de Robert Mallory, un alumno nuevo, atractivo y enigmático. Bret siente una fascinación inmediata por él: lo desea, lo admira y, al mismo tiempo, comienza a sospechar que esconde algo peligroso.
Mientras tanto, un asesino en serie apodado The Trawler (el Arrastrero— está atacando a jóvenes en Los Ángeles. Bret termina convencido de que Robert podría estar relacionado con los crímenes.
En la novela nunca podemos estar completamente seguros de si Bret ha descubierto una amenaza real, si está proyectando sus celos y su deseo sobre Robert o si está reconstruyendo su adolescencia para justificar decisiones que tomó entonces. The Shards no trata únicamente de descubrir quién es el asesino. Trata de descubrir si podemos confiar en la persona que nos está contando la historia.
Ellis utiliza la autoficción para borrar la frontera entre el autor real y su personaje. Introduce nombres, lugares y episodios vinculados a su juventud, pero los combina con asesinatos y conspiraciones ficticias. El propio actor Igby Rigney ha explicado que la serie reproduce la voz narrativa de Ellis, trabajando especialmente la cadencia de la narración en off que ya caracterizaba la versión sonora del libro.

¿Por qué la elección de Ryan Murphy provocó tanto rechazo?
Ryan Murphy es uno de los productores más influyentes y prolíficos de la televisión estadounidense, pero también uno de los más divisivos.
Su carrera está atravesada por series aclamadas como American Crime Story, Pose o Feud, pero también por proyectos acusados de privilegiar el impacto, la provocación y la estética por encima de la coherencia narrativa. Incluso entre sus seguidores existe la idea de que muchas de sus producciones comienzan con enorme fuerza y terminan perdiendo control a medida que acumulan personajes, giros y subtramas.
Murphy tiene además un estilo visual muy reconocible. Sus producciones suelen incluir decorados ostentosos, vestuario cuidadosamente diseñado, música enfática, intérpretes convertidos en iconos, sexualidad, melodrama y una mezcla deliberada de lujo y mal gusto.
Para los lectores de Ellis, el problema era evidente. Aunque The Shards está llena de riqueza, sexo, coches, drogas y jóvenes atractivos, la novela no presenta ese mundo únicamente como una fantasía deseable. Su acumulación de detalles genera frialdad, aislamiento y paranoia.
El temor era que la adaptación confundiera el objeto de la crítica con el objeto del deseo: que el vacío de los adolescentes ricos de Ellis terminara convertido en una celebración de sus vidas.
Las fotografías promocionales reforzaron esa sensación. Vogue presentó la serie como una combinación entre las obsesiones de Ellis y la firma reconocible de Murphy: nostalgia, horror, juventud y una reconstrucción estilizada de los años ochenta dirigida tanto a la generación que vivió aquel periodo como a un público joven fascinado por su imagen retro. Es decir, la “Murphyzación” no fue una invención de los espectadores. La propia campaña asumió que la serie debía identificarse inmediatamente con su productor.
Una adaptación que pasó por varias manos
La controversia también está relacionada con la complicada historia del proyecto. La adaptación comenzó a desarrollarse en HBO en 2023. Ellis iba a escribirla y producirla, y Luca Guadagnino llegó a estar asociado como director. Posteriormente, Kristoffer Borgli entró en el proyecto, pero la serie terminó abandonando HBO tras diferencias creativas. Ryan Murphy apareció después como la persona capaz de rescatarla y trasladarla a FX.
FX dio luz verde a la versión encabezada por Murphy en julio de 2025. Max Winkler fue incorporado como director y productor ejecutivo, mientras que Igby Rigney, Homer Gere, Kaia Gerber, Hayes Warner y Graham Campbell asumieron los personajes principales.
Para algunos lectores, Murphy se había apropiado de un proyecto que originalmente podía haber ofrecido una adaptación más autoral, fría y cinematográfica bajo la dirección de Guadagnino o Borgli. Para otros, fue precisamente Murphy quien consiguió sacar el libro del llamado development hell, la etapa en la que una producción permanece durante años sin llegar a realizarse.
La pregunta, por tanto, no era solamente por qué Ryan Murphy adaptaba The Shards, sino qué versión de la serie había desaparecido para que la suya pudiera existir.

¿Cuánto participó realmente Bret Easton Ellis?
Este es uno de los puntos que más confusión ha generado. Ellis aparece acreditado como cocreador y productor ejecutivo. A primera vista, eso podría hacer pensar que el escritor trabajó junto a Murphy en cada decisión narrativa y que la serie representa exactamente su visión. No fue así. El equipo de la producción ha descrito la actitud de Ellis como distante o hands-off. El escritor dio libertad a los responsables de la serie para interpretar su obra y no trató de controlar cada cambio.
Esto no significa que Ellis rechazara el proyecto ni que su nombre aparezca únicamente como una formalidad. Su novela, su voz narrativa, sus recuerdos y su identidad están en el centro de la adaptación. Sin embargo, la serie no puede presentarse sin más como una colaboración diaria y completamente igualitaria entre Ellis y Murphy. La diferencia es importante porque permite entender por qué existen transformaciones tan visibles.
Ellis parece haber aceptado que adaptar implica perder el control. En una entrevista reciente sobre su relación con sus propios libros, reconocía que releerlos le genera el impulso de modificar cosas y que, una vez terminada una obra, prefiere continuar hacia otro proyecto.
Qué conserva la serie de la novela
La serie mantiene los elementos principales del argumento: el Los Ángeles de 1981, el colegio privado, el grupo de amigos privilegiados, la llegada de Robert Mallory, el miedo al Trawler y la obsesión creciente de Bret. También conserva la narración en primera persona. La voz en off permite escuchar los pensamientos de Bret y mantener, al menos parcialmente, la sensación de que todo lo que vemos está filtrado por una conciencia subjetiva.
Igby Rigney construye al personaje como un joven que está observando su propia vida mientras la vive. Ese aspecto es esencial porque Bret no es un detective convencional. Tampoco es solamente una posible víctima. Es un narrador que necesita controlar la historia. La adaptación conserva además la sexualidad oculta del protagonista y la contradicción entre su imagen pública y sus deseos privados. Bret interpreta un papel ante sus amigos, ante Debbie y ante sí mismo.
En este punto, Murphy resulta especialmente adecuado para el material. Gran parte de su filmografía ha tratado sobre personajes queer obligados a construirse una identidad dentro de entornos hostiles o normativos. La serie puede exteriorizar con claridad el miedo de Bret a ser descubierto y la mezcla de deseo, vergüenza y poder que define su relación con Robert.
Qué cambia Ryan Murphy
La principal transformación consiste en convertir en imágenes concretas aquello que la novela mantenía dentro de la mente de Bret. En el libro, una sospecha puede prolongarse durante páginas sin confirmarse. Ellis repite detalles, conversaciones y observaciones hasta que el lector empieza a experimentar la misma paranoia que el protagonista.
La televisión necesita dramatizar esa experiencia. Murphy y su equipo añaden situaciones, enfrentamientos y tramas secundarias para que los personajes actúen de manera visible. El problema es que cada vez que la serie muestra algo, reduce una parte de la ambigüedad.
Una novela puede mantenernos atrapados en la versión de Bret sin demostrar que esa versión sea real. La cámara, por el contrario, tiende a presentar lo que filma como un hecho objetivo. Cuando vemos una amenaza, una agresión o una conversación sin Bret presente, resulta más difícil pensar que todo podría ser una distorsión de su memoria.
Ambigüedad contra espectáculo
La estética de The Shards es ostentosa, pero eso no significa automáticamente que sea incorrecta. El mundo descrito por Ellis ya era visual. Sus personajes viven entre piscinas, habitaciones de hotel, clubes, cines, coches y restaurantes. La cultura popular y el consumo organizan su manera de relacionarse.
Murphy comprende que ese lujo debe resultar atractivo antes de volverse aterrador. Si el espectador no desea entrar en ese mundo, tampoco puede sentir la inquietud de descubrir lo que oculta. La serie reconstruye Los Ángeles como una ciudad soleada y aparentemente libre, pero rodeada por el miedo a los asesinos en serie, el llamado pánico satánico y la llegada todavía no comprendida de la crisis del sida.
¿Es una adaptación demasiado sexy?
Otra parte del rechazo se concentra en la presentación de sus protagonistas. Murphy ha construido un reparto de jóvenes intérpretes y figuras vinculadas a la moda y a la celebridad. Kaia Gerber es hija de Cindy Crawford y Homer Gere es hijo de Richard Gere. Interpretan a adolescentes nacidos en el privilegio mientras ellos mismos pertenecen a familias asociadas al imaginario del éxito y la belleza estadounidense.
Esto puede leerse como una decisión inteligente. También puede entenderse como una estrategia promocional que aproxima la serie a la moda, al lujo y a la cultura de las nepo babies, alejándola del tono enfermizo del libro.
El asesino es importante, pero no por su identidad
Uno de los errores posibles al aproximarse a The Shards consiste en tratarla como una serie de misterio convencional. The Trawler es importante, pero la obra no depende únicamente de descubrir quién está detrás de los crímenes. El asesino funciona como una representación del miedo que invade progresivamente la adolescencia de Bret.
La amenaza también anticipa el final de una época. La historia está situada inmediatamente antes de que la crisis del sida transforme la vida de los hombres homosexuales. El Bret adulto recuerda 1981 sabiendo algo que el Bret adolescente todavía no puede conocer: aquella libertad precaria estaba a punto de desaparecer.
El asesino, la enfermedad, el deseo reprimido y el final del instituto forman parte del mismo proceso. Todos representan la entrada en una edad adulta en la que los cuerpos dejan de ser invulnerables y los secretos comienzan a producir consecuencias. Cuando presenta al Trawler únicamente como el centro de un slasher, la historia pierde profundidad y se aproxima a un formato mucho más convencional.
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