La artista inaugura una nueva etapa con un videoclip que reúne a cerca de 200 personas y reivindica la artesanía frente a la inmediatez. Tras su nominación a los Latin Grammy, Vera regresa con una propuesta que recupera el imaginario popular y sitúa el trabajo colectivo en el centro de la creación.
Después de recibir una nominación a los Latin Grammy en 2025, la artista dedicó más de un año a desarrollar su nuevo universo musical, alejándose de la urgencia de publicar y de la necesidad de permanecer constantemente visible. El resultado de ese proceso comienza a descubrirse con AmorMENdigo, el primer adelanto de su próximo álbum y, también, una declaración de intenciones sobre su manera de entender la creación.Porque hay algo deliberadamente anacrónico en este regreso. En tiempos de inteligencia artificial, imágenes generadas en segundos y contenidos que apenas sobreviven unas horas, Vera ha elegido trabajar desde el extremo opuesto: recuperar el tiempo, las manos y las personas que hacen posible una obra. Una filosofía que atraviesa tanto sus canciones como el universo audiovisual con el que ha decidido presentarlas.
Para trasladar este universo a imágenes, Vera GRV ha vuelto a trabajar con el director Willy Rodríguez, responsable también del videoclip que le valió su nominación a los Latin Grammy en 2025. Juntos han concebido una pieza de gran ambición audiovisual. Basta con imaginar la escena: un tiovivo construido a mano en mitad del desierto, un cabezudo de tradición popular y más de un centenar de personas participando en una coreografía alrededor de una cámara que no puede detenerse. Todo sucede en una única toma. Sin cortes. Sin posibilidad de corregir después lo que no haya salido bien. El videoclip de AmorMENdigo es un plano secuencia real que ha requerido la coordinación de 120 figurantes y alrededor de 60 profesionales. Cada movimiento, cada aparición y cada transición debían suceder en el instante preciso, con la luz natural marcando además el tiempo disponible para conseguirlo. Una producción que tiene tanto de cine como de teatro, donde el resultado depende de que todos sus elementos funcionen al mismo tiempo.
Pero detrás de esa ambición técnica existe una idea más profunda. Los objetos que construyen el imaginario del videoclip no son simples elementos decorativos. El cabezudo es obra de un artesano navarro dedicado a la fabricación tradicional de gigantes y cabezudos. El tiovivo fue construido por su propio dueño, perteneciente a una familia de feriantes que ha transmitido el oficio durante generaciones. La artesanía no es solo la estética del proyecto: es también su forma de producción.
Esta mirada conecta con uno de los conceptos centrales del nuevo universo de Vera: la figura de una juglar contemporánea. Una artista que recorre lugares contando historias a través de canciones, recuperando una tradición oral en la que la música era también una forma de preservar y compartir experiencias. De ahí surge un universo visual que dialoga con lo popular, lo itinerante y la memoria de los oficios, reinterpretados desde una sensibilidad contemporánea. Una propuesta en la que lo tradicional no aparece como una referencia nostálgica, sino como un lenguaje vivo capaz de adquirir nuevos significados.
También hay algo profundamente colectivo en esta manera de entender la música. Desde Cura para mi alma, el componente coral ha ocupado un lugar importante en la identidad artística de Vera. En AmorMENdigo, esa dimensión trasciende lo sonoro para convertirse en el corazón de su narrativa visual. Las personas que acompañan a la artista durante el videoclip representan una comunidad que la sostiene, que avanza con ella y que participa de su historia. Así, lo que podría haberse resuelto como una gran exhibición de producción audiovisual adquiere un significado diferente: ninguna obra se construye completamente en solitario.
Con AmorMENdigo, Vera GRV abre una nueva etapa en la que la música, el cine, la tradición y una vuelta a lo esencial de la creación artística forman parte de un mismo lenguaje. Tras un periodo de búsqueda y pausa, la artista regresa con una propuesta que no intenta adaptarse a la velocidad de la industria, sino defender su propio ritmo. En un momento en el que todo parece diseñado para hacerse cada vez más rápido, Vera propone algo tan sencillo,y tan poco habitual, como tomarse el tiempo necesario para hacer las cosas.
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