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Las brujas vuelven a la ciudad ocultas entre estéticas neo-góticas de cuentos de hadas. Un relato contemporáneo en el que la cultura wicca se hace viral en TikTok a través del hastag #whimsigothic, hechizando a más de diez millones de personas a través de la pantalla azul.

Esta nueva corriente estilística proviene de la colisión de las palabras “whimsical” y “gothic” que acuñó el cofundador del Consumer Aesthetics Research Institute, Evan Collins. Se trata de una estética que fusiona códigos del estilo gótico de los años 80, y las evasiones surrealistas inspiradas en los cuentos de hadas y en la oscuridad cinematográfica de directores como Tim Burton o Guillermo del Toro.

Así, esta micro-tendencia se abre paso en el streetstyle por parte de las hadas góticas que combinan la tenebrosidad del subgénero urbano con tintes bohemios. Corsés florales, accesorios con piedras o terciopelo de colores se entremezclan ahora con las vibes estilísticas de Florence and The Machine o los grotescos make-ups negros de Julia Fox. Un halo romántico-esotérico acaba de perfilar los estilismos en los que los accesorios se sustituyen por velas, cartas del tarot o bolas de cristal.

Los contrastes laten en esta moda experimental en la que las brujas de Tiktok yuxtaponen elementos de cuentos de hadas o unicornios, explorando el ocultismo bajo una lente evasiva que va más allá de la esfera sartorial. Y es que, la brujería moderna está cada vez más integrada en una sociedad en búsqueda del escapismo y de la creencia de nuevas realidades a través de contenidos esotéricos o espirituales.

LA EVOLUCIÓN DEL GÓTICO

Estos hechizos en clave contemporánea envuelven este movimiento cultural que bebe de los escenarios de terror adolescente de series televisivas icónicas como Sabrina, y su nueva adaptación para Netflix. Pero también del movimiento gótico y su impulso espiritual hacia lo divino y la estética de la literatura gótica-romántica con la que empezó a extenderse la moda gótica de los corsés, los encajes o las capas.

De esa era victoriana, la moda gótica evolucionó hacia la corriente dark-goth en los años 80, que ahora puede vislumbrarse a través del pop y los looks de personalidades como Olivia Rodrigo o Anya Taylor.

Toda esa dicotomía de contrastes y evoluciones estilísticas ha llevado a que las brujas contemporáneas seguidoras del movimiento Wicca, absortas de esta realidad insólita, hayan encontrado una nueva religión que venerar.

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