Después de unos días en los que Rosalía volvía a estar en conversación por sus disculpas públicas a raíz de la polémica en torno a sus palabras sobre Picasso, la artista eligió el mejor lugar posible para recolocar el foco, el escenario. Y no uno cualquiera. El LUX TOUR arrancó el pasado 16 de marzo en Lyon con un show de gran formato.
Lo de Lyon no fue solo el pistoletazo de salida de una gira, sino la presentación en vivo de un universo total. La puesta en escena del nuevo tour se ha descrito como una mezcla de ballet, ópera, imaginería religiosa, rave y pop de estadio, con una estructura escénica ambiciosa y una narrativa visual mucho más teatral que la de Motomami Tour. En esta nueva era, Rosalía se rodea de una orquesta —la Heritage Orchestra, con una veintena de músicos clásicos— y convierte cada bloque del concierto en una mutación estética propia.
El lujo aquí no es exceso, es dirección
Si algo deja claro este arranque es que LUX no funciona como una simple gira al uso, sino como una obra coral donde cada colaborador suma capas al mito. En la parte coreográfica, la presencia de (LA)HORDE vuelve a situar el cuerpo en el centro del discurso, pero el marco escénico también se amplía con la participación de Dimitris Papaioannou, el aplaudido director escénico griego detrás de ese imaginario tan artístico del show, lleno de referencias clásicas y una estética casi religiosa.
En La Perla, Papaioannou se inspira en cosas muy distintas. Por un lado, esculturas clásicas como la Venus de Milo; por otro, el glamour del Hollywood clásico con Rita Hayworth en Gilda; y también en imágenes religiosas como la Virgen de Lourdes o la Virgen de Guadalupe. Todo eso junto hace que el concierto tenga momentos que parecen una obra de arte (incluso canta una versión de Can’t take my eyes off you posando dentro de un cuadro, emulando a La Gioconda) y otros que recuerdan casi a un ritual, como si estuviéramos presenciando algo sagrado pero en versión Lux.
Ese nivel de dirección también se nota en cómo Rosalía reinterpreta todas esas referencias hasta hacerlas parecer nuevas. En el concierto de Lyon hay guiños a Goya, Degas, Madonna o incluso al ballet de El lago de los cisnes, pero lo importante no es cuántas referencias hay, sino cómo las hace suyas. No está imitando el arte clásico, lo adapta y lo convierte en un espectáculo totalmente propio.
Vestuario, tocados y alas
En el plano estilístico, el arranque del LUX TOUR también dejó varios nombres propios. Una de las capas de Rosalía pertenece a Les Fleurs Studio, firma comandada por María Bernad que centra sus propuestas en la sostenibilidad y el uso de materiales reciclados y vintage, una elección que encaja con esa tensión tan bien resuelta entre lo ceremonial y lo contemporáneo. Un tocado, por su parte, fue diseñado por la firma artesanal sevillana Maison Vivascarrion, reforzando esa dimensión iconográfica que atraviesa todo el show. Y entre los elementos más comentados de la noche estuvieron las alas firmadas por Antonio Velasco, visibles durante Despechá, que empujan todavía más esa estética celestial que define el universo visual de LUX. Las creaciones de Velasco, con un aire abiertamente burlesque, las hemos visto en Aitana, Ojete Calor, participantes de Drag Race, musicales o series como Veneno.
La sensación general es que aquí el vestuario no acompaña el espectáculo, lo articula. Rosalía entra y sale de distintas encarnaciones —bailarina, beata, diva barroca, criatura nocturna, figura casi mitológica— sin perder nunca el control del relato. Es una estrategia que ya estaba insinuada en la portada del disco, donde Rosalía lucía un hábito de monja diseñado por ALAINPAUL, firma emergente francesa suyos diseños se centran en ofrecer libertad de movimientos coreográficos, y que en directo parece encontrar una versión expandida, más física, más dramática y mucho más consciente de su poder de imagen.
Sonido de autora, energía de comunidad
El primer show en Lyon dejó claro que el LUX TOUR no mira atrás, aunque dialogue con etapas anteriores. El repertorio se apoya en el nuevo álbum —con temas como Sexo, Violencia y Llantas, Mio Cristo Piange Diamanti, Porcelana o Berghain—, pero el directo funciona sobre todo como un espacio de relectura, donde Rosalía reformula su propio material con otra escala y otra energía. En ese contexto, la inclusión del remix de Conrad Taylor para Berghain resulta especialmente significativa, no es solo un guiño, sino la incorporación directa de una mirada externa dentro de su propio relato.
La presencia de una orquesta en escena refuerza esa idea de expansión, empujando las canciones hacia un terreno más cinematográfico y menos inmediato. En paralelo, este arranque también puede leerse como la traducción en directo de todo el trabajo sonoro del disco, en el que han participado nombres como Ryan Tedder (líder de OneRepublic) o Guy-Manuel de Homem-Christo (mitad de los añorados Daft Punk), claves para entender esa mezcla entre estructura pop y ambición electrónica. El resultado, sin necesidad de subrayarlo, es un concierto que suena grande y preciso, pero que también sabe moverse en los contrastes: de lo monumental a lo mínimo, siempre con una sensación de control muy medida.
Rosalía vuelve a hacer lo que mejor se le da
En una noche así, hasta los detalles más pequeños suman. Rosalía vuelve a hacer lo que mejor se le da: convertir el directo en algo totalmente pensado, donde nada queda al azar. El cuerpo de baile no está solo para acompañar, sino que es clave en el show. Cada movimiento y cada cambio tienen un porqué, algo que también se nota en el trabajo coreográfico de (LA)HORDE, la compañía marsellesa que está reinterpretando el lenguaje de la danza contemporánea.
Además, hay bailarines que ya venían del Motomami Tour, como Jal Joshua —que también ha trabajado con Madonna—, lo que aporta una sensación de continuidad bastante natural. Más que seguir coreografías sin más, los bailarines ayudan a crear imágenes de alta plasticidad sobre el escenario: a veces más quietas y elegantes, otras más intensas y desatadas, acompañando los cambios del concierto. En conjunto, el LUX TOUR se presenta como algo más que una suma de nombres, se aprecia una labor de equipo muy bien coordinado donde todo encaja. Algo que, visto su arranque en Lyon, promete seguir deparándonos grandes alegrías mientras crece en directo.
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