Thundercat: “No apruebo borrar pueblos. Esto forma parte de la condición humana y apesta”

Hablamos con el influyente músico de Los Ángeles, colaborador habitual de Kendrick Lamar, Flying Lotus o Travis Scott. Rompe seis años de silencio discográfico invitándonos a reflexionar sobre nuestra capacidad de atención a lo realmente importante en un mundo tomado por las redes.

Foto: Neil Krug
Foto: Neil Krug

El bajista, cantante, compositor y productor acaba de publicar Distracted, su último trabajo en el que critica la sobreestimulación a la que estamos expuestos con una canción póstuma de Mac Miller.

Hay artistas que hacen música. Otros la redefinen y sirven de inspiración para el resto. Stephen Bruner (Los Ángeles, 1984) es uno de los segundos. Es cantante, productor, compositor y, sobre todo, bajista. La revista Rolling Stone lo posiciona como uno de los mejores de la historia. Ganó un Grammy por el mejor álbum progresivo de R&B con It Is What it Is en 2021. Este mes de abril acaba de publicar Distracted,  su último trabajo, que revela distintas facetas de su energía musical. 

Thundercat ha estado detrás de grandes trabajos. Empezó como bajista en la influyente banda de crossover thrash Suicidal Tendencies. Eso le sirvió para no temer a la mezcla: el grupo californiano fusionaba el punk con funk o hardcore. “Los principios que aprendí tocando con Suicidal se me han grabado para siempre. Mike y los chicos siempre han sido de mis mayores apoyos en la vida, y estoy agradecido de venir de ahí”, destaca por videollamada desde Austria el artista estadounidense. Se siente nostálgico: “Veo fotos o momentos de aquella época y recuerdo todo lo que pasaba alrededor. El músico en el que me convertí se debe en gran parte a cómo me enseñaron a ser: plantarte y tocar. Si te dan un zapatazo, da igual. Si te dan con una botella de cerveza, da igual. Tú sigue tocando”.

También ha participado en grandes proyectos de artistas como Travis Scott, Flying Lotus, Erykah Badu, Gorillaz, Childish Gambino o Kendrick Lamar. Con este último fue el bajista y compuso a medias To Pimp a Butterfly, considerado como uno de los mejores álbumes de rap de la historia e incluso el mejor de toda la música de la década pasada. “Kendrick es uno de los mejores artistas de nuestra generación. Nunca sabes muy bien para qué estás tomando asiento en primera fila. Con él tengo algunos recuerdos muy importantes que se han quedado conmigo”, elogia a su compatriota de Compton. 

En Distracted, su nuevo álbum, desliza una gran preocupación por la distracción que sufrimos en el siglo XXI. “Tomo de referencia a Prince. A veces es simplemente demasiado. No estamos hechos para procesar todos los problemas del mundo todos los días, a todas horas”. A sus ojos, la sobreestimulación crea incapacidad de acción. “Es bonito que haya tanta información, pero también es una trampa, una red. Te quedas atrapado y luego te deprimes”, lamenta. En I Did This To Myself, bromea junto a Lil Yachty sobre cómo una chica no le hace caso por estar demasiado atenta a su Instagram.

En un disco donde colaboran Lil Yatchy, Tame Impala o Greg Kurstin (productor de Adele, Paul McCartney o Beyoncé) hay una colaboración que destaca sobre el resto. La que publica póstuma con Mac Miller. Thundercat colaboró en todos los álbumes del ya fallecido rapero. Ambos se consideran gamechangers en la música de la década de 2010. La muerte de su amigo le afectó gravemente, incluso teniendo problemas con drogas y alcoholismo. She Knows Too Much, su última canción, es el capítulo final de su historia. “Es un tributo a él, tío”, reconoce emocionado. “Todo lo que hice y hago a día de hoy está muy entretejido con su ADN y el mío. Cada día aún pienso en él”, reconoce. 

Fuera de lo común

Thundercat no se rige por las normas frenéticas de la industria. Puede estar años sin sacar un disco. “Hemos visto cómo el streaming lo ha absorbido todo y lo ha complicado muchísimo”, critica. “Confiar en el proceso es lo que te permite encontrar el momento que realmente tiene sentido. Para mí se trata de confiar en el proceso, no de perseguir un calendario”, responde al planteárselo. Hacía cinco años que no sacaba un disco. “Ahora si es buena o mala… Cito a mi difunto amigo Austin Peralta: ‘eso te toca decidirlo a ti”.

Un bajo siendo el sonido más protagonista en una canción no es lo más habitual. A él le da igual y hace rap, jazz o R&B con él. “Cualquiera que diga que el bajo solo es un instrumento de acompañamiento habla desde una perspectiva concreta o desde la ignorancia”, replica. “Siempre fue el personaje principal de mis canciones. Es el instrumento que elegí tocar en la vida. No sé muy bien dónde o cómo se suponía que encajaba, pero por alguna razón lo encontré”. 

Tomó su nombre de la serie de dibujos animados de los ochenta Thundercats. Dice mucho de quién es: un hombre que creció a los márgenes del entretenimiento masivo y decidió quedarse ahí, donde el anime se funde con el funk o el jazz o lo absurdo y humorístico con lo profundamente emotivo. “Varias novias me han preguntado si alguna vez me han detectado espectro autista”, ríe. Es el hombre de la mochila de Pikachu o las orejas de gato que gana los mayores reconocimientos musicales del mundo. El que pone el bajo en los discos más influyentes de la década y luego dedica una canción a Dragon Ball Z. “Me da igual lo que digan de mí. El anime y el manga influyen mucho en mi música”.

 

Foto: Eddie Alcazar

“La música es una espada de doble filo. Una forma de procesar nuestras experiencias vitales. Puede ser muy agridulce”, reflexiona ahora. Volver a escuchar sus canciones de momentos dolorosos, a veces, le hace daño. “Cuando miro atrás a algunos momentos que fueron definitivos, todo vuelve de golpe: las sensaciones, la gente. A todo el mundo le encanta usar palabras como sinestesia, pero cuando escucho parte de esa música, se me hace muy difícil oírla. Puedo oler cosas, ver a la persona que estaba allí conmigo. A veces es duro”.

El contexto actual es algo que obsesiona al californiano. Vuelve a ello cuando puede a lo largo de la entrevista. ¿Vivimos realmente en un momento donde por tanta estimulación no podemos atender a lo que importa? “Lo que importa es difícil de definir. Se echa la culpa al teléfono porque para muchos llevan ahí desde que nacieron. Antes de los móviles se culpaba a los videojuegos. Antes a los cómics. Antes al rock and roll. Siempre ha habido algo que se supone que estropea la cabeza”, reflexiona. Eso sí, “afecta a nuestra capacidad de apreciar o concentrarte en las cosas pequeñas, porque hay una dopamina constante que tienes que alimentar”.

La dopamina constante no solo afecta a la concentración. También, dice Thundercat, anestesia la conciencia. Él no se considera un artista político, pero como persona racializada en EE UU no puede permitirse el lujo de ser tibio. Con el contexto actual y con el ICE operando contra migrantes, más aún. “Siendo sincero, como estadounidense, como afroamericano, no creo que sea una locura decir que la estamos cagando. Pero fuerte, ¿eh?”, asume. 

“Todas las generaciones tienen su drama que afrontar. Este es el nuestro. A nadie le debería sorprender que haya una guerra en marcha. Estuvo la guerra de Vietnam, la del Golfo, la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial… Estas cosas siempre han pasado a lo largo de la historia, y trajeron cambios de los que nosotros somos el resultado”. Dice no ser explícitamente político, pero tiene claros sus ideales: “No apruebo ninguna forma de genocidio. No apruebo sacrificar y matar niños, ni borrar pueblos. No apruebo ninguna forma de racismo. Sé que todo esto forma parte de la condición humana, y apesta”.

¿Hace falta ser más utópicos? “Cuando veamos que nuestras vidas de verdad se parecen al plató de Los Supersónicos (The Jetsons), quizá. Todavía no tenemos coches voladores, pero sí estamos comiendo bebés. Así que no sé”, bromea. ¿La música puede ayudar? “Voy a unirme a Rage Against The Machine y a volver a juntar a la banda. Los necesitamos más que nunca”. La música es un arma.

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