El abanico vuelve a convertirse en objeto de deseo

El abanico vuelve a la moda por el calor extremo. Analizamos su historia y su presencia en Dior, Chanel, Louis Vuitton y la cultura pop.

El abanico vuelve a convertirse en objeto de deseo

El abanico vuelve a la moda impulsado por el calor extremo, pero también por su historia como símbolo de lujo, poder y performance. De Dior y Chanel a Karl Lagerfeld, Madonna o la cultura queer, analizamos por qué el accesorio más antiguo del verano vuelve a convertirse en objeto de deseo.

Lo he vuelto a ver en las últimas Semanas de la Moda. En las entradas de los desfiles, sobre las sillas de primera fila, asomando de bolsos diminutos y abriéndose durante las esperas bajo el sol. Su regreso podría parecer otra excavación de archivo, una de esas operaciones con las que la moda recupera un objeto del pasado y lo devuelve convertido en tendencia. Sin embargo, esta vez existe una razón mucho más inmediata: el calor extremo.

El abanico vuelve a la moda porque funciona. Es ligero, plegable, silencioso y no necesita batería. Pero, también vuelve porque enmarca el rostro, introduce movimiento y transforma el gesto en una pequeña performance. Entre el savoir-faire, la cultura popular y la emergencia climática, el accesorio más antiguo del verano vuelve a convertirse en objeto de deseo.

PARIS, FRANCE – JULY 6: Deva Cassel attends the Christian Dior Haute Couture Fall/Winter 2026/2027 show as part of Paris Fashion Week on July 6, 2026 in Paris, France. (Photo by JB Lacroix/GC Images)

Por qué el abanico vuelve a la moda

Las Semanas de la Moda siempre han exigido cierta resistencia física. Cruzar la ciudad de un desfile a otro, esperar durante largos periodos en exteriores y llevar prendas pensadas antes para la fotografía que para el confort forman parte de su coreografía habitual.

Durante años, el verano fue representado por la industria como una fantasía editorial de lino blanco, piel bronceada y hoteles costeros. Hoy esa imagen convive con otra mucho menos aspiracional: asfalto recalentado, humedad, noches tropicales y espacios históricos que no siempre cuentan con una climatización adecuada.

El clima condiciona los horarios, los tejidos, el maquillaje, el calzado y los accesorios. Mientras la moda intenta mantener intacta su imagen de control, los cuerpos que la sostienen buscan cualquier forma posible de no derretirse.

En ese contexto, el abanico vuelve a aparecer. Frente a los ventiladores eléctricos portátiles, conserva una dimensión más sensual y ceremonial. Se abre con un golpe seco, puede ocultar parcialmente el rostro y genera una silueta reconocible incluso a distancia.

La historia del abanico

El abanico nunca fue un objeto neutral. A lo largo de la historia ha estado relacionado con la autoridad, la riqueza y la representación social. En el antiguo Egipto, las grandes estructuras de plumas acompañaban a faraones y figuras de rango elevado. Además de proteger del sol y mover el aire, funcionaban como emblemas de solemnidad y poder. En Roma, mantener fresco a alguien durante un banquete era una tarea delegada a sirvientes especializados. El verdadero privilegio no consistía en abanicarse, sino en tener a otra persona haciéndolo por ti.

Painting (by Berthe Morisot) of Woman lies in bed with a folding fan held to cool herself in French Summer, 1870. (Photo by Buyenlarge/Getty Images)

La historia del abanico también puede leerse como la historia de quién tiene acceso a la sombra, el descanso y el confort. Permanecer fresco mientras los demás soportaban el calor era una manifestación de jerarquía.

Cuando el objeto se hizo portátil, ese poder cambió de forma. En las cortes europeas de los siglos XVII y XVIII se integró en la indumentaria aristocrática y comenzó a funcionar como un instrumento de representación. Permitía ocultar una expresión, mantener una distancia concreta o añadir tensión a una conversación. Abrirlo, cerrarlo o colocarlo frente al rostro podía interpretarse como una señal de interés, rechazo o seducción. Aunque buena parte del llamado lenguaje secreto del abanico fue exagerado y sistematizado comercialmente durante el siglo XIX, el mito sigue siendo significativo.

Mucho antes de las redes sociales, el abanico ya funcionaba como una interfaz entre el cuerpo y la mirada ajena.

Duvelleroy y la construcción del abanico moderno

Fundada en París en 1827, Duvelleroy fue una de las casas fundamentales en la transformación del abanico en objeto de lujo moderno. La maison ayudó a recuperar su popularidad después de la Revolución francesa, trabajó para distintas cortes europeas y convirtió el accesorio en una combinación de savoir-faire, identidad y estrategia comercial.

Sus folletos sobre el supuesto lenguaje amoroso del abanico contribuyeron a consolidar la idea de que cada gesto podía transmitir un mensaje. El relato tenía una base cultural, pero también una función publicitaria: convertía un objeto práctico en una herramienta de misterio, seducción y deseo.

Duvelleroy entendió antes que muchas firmas contemporáneas que el lujo no depende únicamente de los materiales, sino que también necesita una narrativa. Sus abanicos, elaborados con madera, seda, encaje, plumas y papel pintado, siguen representando una tradición en la que la precisión artesanal importan tanto como la decoración final.

Couples on the dancefloor at the La Conga nightclub, several of the women holding fans for a dance. (Photo by George Karger/Getty Images)

Karl Lagerfeld y el abanico como control de la imagen

Karl Lagerfeld comprendió mejor que casi nadie el potencial visual y psicológico del abanico. El modelo negro formaba parte de su identidad junto a las gafas oscuras, los guantes, la coleta blanca y los cuellos rígidos.

Le permitía cubrir parcialmente el rostro, controlar sus expresiones y mantener al resto a una distancia calculada. El abanico reforzaba la idea de que vestirse no consiste solo en mostrar, sino también en decidir qué partes de uno mismo permanecen inaccesibles. Podía estar completamente expuesto ante las cámaras y, al mismo tiempo, conservar una zona de misterio.

La referencia reapareció en la Met Gala de 2023, dedicada a su legado, cuando Jordan Roth vistió una creación de Schiaparelli diseñada por Daniel Roseberry. La pieza transformaba todo su cuerpo en una estructura semejante a un abanico negro monumental.

German fashion designer Karl Lagerfeld (1933 – 2019) holds a hand fan as he talks to British-American fashion editor & journalist Anna Wintour attend a Chanel fashion show, New York, New York, September 12, 1991. (Photo by Sonia Moskowitz/Getty Images)

El abanico en las pasarelas

El abanico interesa a la moda porque concentra demasiadas referencias culturales como para resultar neutral. Puede hablar de aristocracia europea, flamenco, cabaret, teatro japonés, orientalismo, burlesque o nightlife. Su significado depende del material, la escala, la colección y la persona que lo sostiene.

John Galliano exploró buena parte de esa carga simbólica durante su etapa en Christian Dior. En la colección de alta costura primavera-verano 1998, inspirada en la marquesa Luisa Casati, los abanicos reforzaban la atmósfera decadente, nocturna y aristocrática del desfile. No funcionaban como accesorios secundarios, sino como prolongaciones de las modelos.

En primavera-verano 2007, Galliano volvió a trabajar con su geometría dentro de una fantasía maximalista basada en referencias japonesas. La estructura radial del abanico se trasladó a tocados, peinados y volúmenes que rodeaban el cuerpo.

Marc Jacobs lo recuperó para Louis Vuitton en la colección primavera-verano 2011, dominada por el brillo, el color y las transparencias. Ese mismo año, Giorgio Armani trasladó su forma al terreno del sombrero escultórico dentro de Armani Privé.

Maria Grazia Chiuri volvió a situarlo en un contexto español durante la colección Dior Cruise 2023, presentada en la Plaza de España de Sevilla. Allí dialogaba con los volantes, la danza y los oficios locales. Aparecía sostenido en la mano o suspendido del cuerpo como un pequeño objeto ceremonial.

Chanel también ha recuperado su silueta mediante grandes composiciones de plumas y referencias al espectáculo nocturno de los años veinte.

Halston y el abanico como dispositivo erótico

Uno de los capítulos más relevantes de esta relación tuvo lugar durante The Battle of Versailles, el histórico desfile de 1973 que enfrentó a diseñadores franceses y estadounidenses. Halston presentó grandes abanicos de plumas utilizados para cubrir y revelar el cuerpo mediante movimientos cercanos al cabaret y al burlesque. El objeto funcionaba como escudo, pero también como dispositivo erótico. Ocultaba lo suficiente para intensificar aquello que dejaba ver. Ese uso resume una de las cualidades más poderosas del abanico.

Hungarian born actress Zsa Zsa Gabor. (Photo by Keystone/Getty Images)

Aquí nunca llegó a desaparecer

Hablar del regreso del abanico desde España resulta, en cierto modo, erróneo. Aquí nunca llegó a desaparecer. Ha seguido presente en bodas, fiestas populares, terrazas, procesiones, espectáculos flamencos y veranos familiares. También ha permanecido dentro de los bolsos de distintas generaciones, utilizado al margen del ciclo de las tendencias.

En el País Valencià, su producción artesanal continúa estrechamente relacionada con localidades como Aldaia, donde existe una tradición histórica de varillaje, calado, pintura y montaje. En Andalucía, el abanico mantiene una fuerte conexión con el flamenco y con una gestualidad escénica en la que amplía el movimiento de brazos, manos y torso.

Desde ese imaginario nace El Amorío, la firma emergente española fundada en 2024 por Irene Ruiz que está actualizando el abanico a través de diseños cargados de sensualidad, ironía y simbolismo. Sus piezas, inspiradas en la artesanía y el romance andaluz, han comenzado a ganar visibilidad entre figuras como Troye Sivan, que llevó su modelo «Amantes» durante la boda de Charli XCX. La imagen demostró que el abanico puede ocupar el mismo espacio de deseo que un bolso, una joya o cualquier otro accesorio de lujo, sin perder su vínculo con la tradición española.

La moda tiene una tendencia histórica a extraer objetos de tradiciones locales, pulirlos y presentarlos como descubrimientos. Para una maison internacional, el abanico puede ser una referencia visual o un recurso de styling. Para muchas personas, continúa siendo parte de la cultura del verano.

Celebrities que convirtieron el abanico en un icono

En los MTV Video Music Awards de 1990, Madonna interpretó “Vogue” dentro de una fantasía inspirada en la corte de María Antonieta. Corsés, polisones, abanicos y gestos sobredimensionados transformaban la aristocracia francesa en camp, deseo y cultura ballroom. El accesorio conectaba una iconografía histórica con una performance que jugaba con el género, el poder y la apropiación de los códigos de la élite.

American pop singer Madonna performs her single ‘Vogue,’ with a group of dancers, on the ‘1990 MTV Video Music Awards’ show, New York, New York, September 6, 1990. (Photo by Frank Micelotta/Getty Images)

Mariah Carey también lleva años incorporando grandes abanicos a sus actuaciones y apariciones públicas. En su universo visual, refrescarse nunca parece una acción accidental. Forma parte de la construcción de la diva: excesiva, visible y capaz de obligar al entorno a adaptarse a su presencia.

Jordan Roth llevó esta teatralidad a otra escala en la Met Gala de 2023, convirtiendo el abanico en arquitectura corporal a través de Schiaparelli.

NEW YORK, NEW YORK – MAY 01: Jordan Roth attends The 2023 Met Gala Celebrating «Karl Lagerfeld: A Line Of Beauty» at The Metropolitan Museum of Art on May 01, 2023 in New York City. (Photo by Mike Coppola/Getty Images)

Del flamenco al club: el abanico en la cultura queer

El abanico también ha encontrado un espacio propio dentro de la cultura queer, el drag, el ballroom y la noche. El sonido seco que produce al abrirse funciona como una exclamación. Su movimiento amplifica los gestos, ocupa espacio y puede subrayar una mirada, cerrar una conversación o acompañar una coreografía.

Su relación con la cultura queer forma parte de una tradición más amplia de reapropiación de códigos asociados a la feminidad, el lujo y el exceso. Aquello que históricamente sirvió para disciplinar el cuerpo femenino se transforma en una herramienta de expresión y visibilidad.

Esta mutación conecta con el voguing, nacido en las comunidades ballroom afroamericanas y latinas de Nueva York. La disciplina tomó las poses rígidas de las revistas de moda y las convirtió en un lenguaje corporal propio.

El abanico comparte esa misma lógica. Toma un símbolo de refinamiento, alta sociedad y control para devolverlo transformado desde los márgenes.

An unidentified man, dressed only in a feathered headdress and bikini briefs dances with a pair of paper fans on the floor at the Copacabana nightclub, New York, New York, 1989. (Photo by Rita Barros/Getty Images)

El abanico frente el calor extremo

La moda posee una capacidad para absorber cualquier realidad y convertirla en lenguaje visual. El agotamiento se transforma en maquillaje corrido. El desgaste, en distressed denim. El calor extremo, en una nueva categoría de accesorios.

Que el abanico vuelva como respuesta a las altas temperaturas resulta lógico. Que esa necesidad termine convertida en otro producto aspiracional plantea una contradicción más incómoda.

Un abanico puede hacer soportable una espera bajo el sol, pero no modifica las causas del calor. Tampoco debería servir para normalizar calendarios, localizaciones o eventos que continúan ignorando las condiciones climáticas.

La industria no puede limitarse a diseñar objetos que nos ayuden a adaptarnos mientras mantiene intactas muchas de las estructuras que contribuyen al problema.

MILAN, ITALY – JUNE 21: A guest wears a pink fan, a black tank top, a beige tank top, black wide leg trousers, black shoes and a black leather Balenciaga City bag outside Simon Cracker show during the Milan Fashion Week – Menswear Spring/Summer 2027 on June 21, 2026 in Milan, Italy. (Photo by Valentina Frugiuele/Getty Images)

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