Confirmado por la ciencia: eres aburrido (y está bien).
Hay un cliché que llevamos años arrastrando: los zoomers son la generación que dice no a todo —al alcohol, al sexo, a las drogas— mientras se pasa el día hablando de comunidad y de «terceros lugares». Suena contradictorio, pero quizá la explicación sea más sencilla (y más incómoda), pues a lo mejor la Gen Z es bastante más casera de lo que su feed sugiere. Un estudio reciente de Schweppes le pone cifras al asunto, y la conclusión más llamativa no es que más de la mitad de los menores de 30 —un 54%, concretamente— haya recortado el alcohol a propósito. Pero eso ya se sabía. El descubrimiento es otro, ya que la nueva generación prefiere organizar el plan en casa antes que salir por ahí.
El salón es el nuevo club
Frente al 36% que todavía defiende la calle, un 56% de los zoomers ha convertido su casa en el cuartel general de su vida social. Y antes de sacar el chiste fácil de la pereza: las razones que dan tienen poco que ver con la vagancia. Un 35% habla de buscar vínculos más reales, sin el postureo que impone la noche, y un 41% lo conecta directamente con cuidar su cabeza y su cuerpo.
El estudio bautiza esta tendencia como home tending, y lo cierto es que el nombre le hace justicia, la quedada doméstica se ha profesionalizado hasta parecer un proyecto de dirección de arte. Playlist pensada al detalle, iluminación tenue, mesa puesta con criterio, ingredientes premium y bebidas servidas como alguien que lleva años detrás de una barra. Anfitrionar, en 2026, es un flex.
Beber menos, pero beber mejor
El bolsillo también ha entrado en la ecuación. Un 28% de los encuestados reconoce que bebe menos por pura estrategia financiera: prefiere gastar ese dinero en otras cosas o, como mucho, permitirse pocos cócteles pero buenos. En esa lógica encajan los mocktails de autor, pensados para lucir igual de bien que sus primos con graduación y compartir mesa con ellos sin complejos.
De ahí sale otro de los conceptos estrella del informe: el fluid drinking —o zebra striping, para los que ya lo tenían fichado—, que consiste en ir alternando copas con y sin alcohol a lo largo de la misma noche. Sin jerarquías morales, ninguna opción es la buena ni la mala.
Millennials, esto no va de vosotros
Todo esto entronca con la sober curiosity, el movimiento nacido en Estados Unidos que propone bajar el consumo de alcohol sin convertirlo en abstinencia. Su onda expansiva explica el boom del mercado de bebidas sin alcohol de los últimos años y, sobre todo, un cambio de mentalidad: la Gen Z ha desactivado el significado social que el alcohol tenía para las generaciones anteriores. Si para un millennial la copa era parte estructural de la noche, para un zoomer es una casilla opcional.
Y aquí está el matiz que lo cambia todo. Los millennials también viven pegados al sofá, pero por costumbre o por logística familiar. Los menores de 30 se quedan en casa por decisión: buscan autenticidad, protegen su salud mental y esquivan la presión social. No han dejado de socializar; han decidido hacerlo en sus propios términos. El control de la puerta, ahora, lo llevan ellos.
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