La plataforma ha presentado un nuevo diseño que abandona la característica cursiva que la ha acompañado durante la última década.
Instagram acaba de despedirse de una de las partes más significativas de su identidad visual para dar la bienvenida a una fórmula mucho más híbrida, actual y, sobre todo, controvertida. Se trata de la primera gran actualización de su logotipo de texto desde 2016 y llega como parte de una renovación más amplia de la identidad de marca de la red dentro del ecosistema digital de Meta.
El nuevo diseño combina la fluidez de los trazos semicursivos con la estructura de las letras de imprenta, obteniendo como resultado una opción mucho más contundente y estilizada. El cambio se aprecia especialmente en algunos caracteres concretos, como la «s», la «r» y la «g», que incorporan curvas más pronunciadas y trazos de mayor peso. Todo apunta a que la intención es conservar una personalidad más manuscrita, limpia y gráfica. Eso sí, no todo cambia. El reconocible icono de lacámara con degradado multicolor permanece intacto –de momento–.
Según el equipo creativo de Instagram, la nueva tipografía es el resultado de un proceso en el que los diseñadores exploraron cientos de posibilidades, desde propuestas rígidas construidas íntegramente en mayúsculas hasta opciones inspiradas directamente en la escritura a mano. Jasmine Probst, directora de diseño de producto de Instagram, explica que la dirección escogida busca reflejar la individualidad, combinando elementos más atrevidos y sencillos con pequeños giros inesperados.
Y como era de esperar, internet ya tiene veredicto. Y, por el momento, no parece existir consenso. La reacción inicial al nuevo logotipo ha sido especialmente polarizada. Usuarios y algunos críticos del diseño digital han convertido las redes sociales en un improvisado campo de debate, cuestionando sobre todo la estilización de determinadas letras. Entre las críticas que más se han repetido aparece una lectura inesperada del nuevo nombre: para muchos, el resultado se parece más a «Instagzam» que a Instagram.
La anécdota puede parecer menor, pero pone de manifiesto hasta qué punto un cambio aparentemente pequeño puede alterar la percepción de una marca que lleva años instalada en el imaginario colectivo. Cuando un logotipo forma parte de la cultura visual cotidiana, incluso una modificación tipográfica puede sentirse como una ruptura.
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