Récord de triples-dobles, moda y activismo: la trayectoria de estilo de un MVP que anuncia su retirada.
Russell Westbrook ha anunciado su retirada después de 18 temporadas en la NBA. Los números que deja son los que sostienen su plaza en el equipo NBA75: MVP en 2017, nueve veces All-Star, nueve veces All-NBA, oro olímpico con Estados Unidos en 2012, máximo anotador en la historia de Oklahoma City Thunder y jugador con más triples-dobles en toda la historia de la liga (209). Pero medir su carrera solo en estadísticas deja fuera la otra pista en la que Westbrook también compitió durante más de una década: la moda.
Desde que llegó a la liga en 2008, convirtió el vestuario previo a cada partido en una cita tan esperada por la prensa deportiva como por la de moda. En 2016, USA Today calculó que sus estilismos de temporada rondaban los 300.000 euros. Él lo desmintió: «Esa cifra ni se acerca. No pago por mucha de la ropa que llevo, así que no es verdad. No todo lo que compro es exclusivo. Voy de compras a Zara y a cualquier sitio».

Westbrook no tuvo una infancia fácil. Nació en Long Beach en 1988 y creció en Hawthorne, en el South Bay de Los Ángeles, un barrio descrito como uno de los más peligrosos de California. Su padre, que trabajaba en una fábrica de pan, lo entrenaba durante horas en ejercicios que inventaban juntos, entre ellos el llamado «tiro de algodón», un lanzamiento a media distancia que se convertiría en su sello. Su mejor amigo de infancia, Khelcey Barrs III, vivía justo enfrente de su casa y compartía con él el sueño de jugar algún día juntos en UCLA; murió en mayo de 2004, con 17 años, por un problema cardíaco durante un partido callejero. Desde entonces lleva una muñequera con las iniciales «KB3» en su memoria; varios perfiles sitúan ahí el origen de la intensidad con la que ha jugado cada minuto de su carrera.
Style Drivers: el paso del armario al papel
Esa fijación por el estilo lo llevó a la primera fila de la Semana de la Moda de Nueva York, sentado junto a Anna Wintour, Mario Testino o modelos como Irina Shayk, entre desfiles de Dior o Givenchy. Ahí alternó registros: cazadora y vaqueros con Converse en la presentación de Raf Simons para Calvin Klein, o un conjunto total white de Public School con su mujer, Nina Earl, entre el público.

Su cuenta de Instagram (@russwest44), hoy solo con su vídeo anunciando la retirada, lleva años con el hashtag #FashionKing y él mismo no ha tenido reparos en reivindicarse: «Influyo a otros jugadores. Muchos compañeros miran bien su vestuario y eso es bueno. Soy el mejor vestido de la NBA», declaró en una entrevista tras un desfile en 2013. GQ Estados Unidos lo incluyó entre los hombres con más estilo del país. Muchos otros jugadores de baloncesto, pero también de otros deportes, se han inspirado en su atrevimiento y pocos complejos a la hora de vestirse.
La afición se convirtió en oficio. En 2017 publicó «Westbrook: Style Drivers», un libro donde recogía el desarrollo de su gusto por la moda temporada a temporada. En la promoción del libro, Jimmy Fallon lo invitó a The Tonight Show y le propuso un juego: imaginar cómo le sentaría su estilo a otra persona, empezando por el propio presentador. Westbrook llegó al plató con una camiseta con logo de Gucci combinada con un chándal rosa, un look que definió como «Pink Panther» y que dio pie a las bromas de Fallon.
Diseñó una colección cápsula de 17 prendas para Barneys y otra para True Religion, con pantalones rotos en la rodilla, gorras contemporáneas y camisetas con el lema que lo acompaña desde entonces: «Why not?» («¿Por qué no?»). «Es en lo que creo y lo que me ha llevado hasta donde estoy, tanto en la moda como en todo lo demás», explicó en la presentación de la colección. También dejó constancia de sus ambiciones cuando la NBA anunció publicidad en las camisetas: «Me encantaría diseñar una camiseta de baloncesto. O que tuviéramos uniformes de Balmain, Givenchy o Dior. Sería mucho mejor». Y fue claro sobre lo que quería que la gente recordara de él más allá de la cancha: «No quiero que la gente diga: ‘Oh, ese es Russell Westbrook, juega al baloncesto’. ‘No, ese es Russell Westbrook, hace de todo'».
Y hace de todo, literalmente. Eso lo ha demostrado también en los negocios. En 2016 lanzó Honor The Gift, su propia marca de streetwear, como homenaje a su infancia en Hawthorne y con el propósito declarado de ofrecer ropa accesible a jóvenes de comunidades con pocos recursos; el nombre viene de un mantra de su padre sobre no desperdiciar el talento que se te ha dado. En 2018 presentó la cápsula «Inner City», con una escenografía que reproducía su barrio de origen: cemento levantado y una canasta con red de alambre de espino. Hoy supera los 300 puntos de venta, con tienda insignia en Los Ángeles y, desde 2025, la línea Westbrook by HTG; además es curador de N4XT Experiences, dueña de la Semana de la Moda de Los Ángeles. Fuera de la ropa, dirige Russell Westbrook Enterprises, un holding con inversiones en publicidad digital, finanzas, salud, desarrollo urbano y biotecnología. Firmó en 2017 un contrato de diez años con Jordan Brand, el mayor acuerdo de patrocinio de la historia de esa marca.
Comunidad y carácter, fuera de las canchas
Su fundación, ‘Why Not? Foundation’, nació en 2012 centrada en educación y ha ido sumando salud mental y desarrollo laboral como pilares para comunidades desfavorecidas. Cada noviembre reparte comidas, kits de bienestar y ropa de abrigo entre familias de South Los Ángeles en el Jesse Owens Park, organiza un campus de baloncesto para más de 100 jóvenes y en 2025 activó una respuesta rápida ante los incendios de Los Ángeles. Su gala anual de póker con la WPT Foundation ha recaudado más de 1,5 millones de dólares en cuatro años. «Nos enorgullece estar presentes, no solo donar», resume Westbrook el espíritu de la fundación.
Esa vocación de impacto también se trasladó a la calle. En junio de 2020, tras la muerte de George Floyd bajo custodia policial, Westbrook se sumó a una marcha en Compton, a pocos kilómetros de Long Beach, donde nació. Pidió un minuto de silencio antes de caminar entre los manifestantes con una pancarta con el lema «no puedo respirar» y recordó: «Es la hora de estar todos unidos, hay que proteger nuestro equipo y nuestra familia».
En su presentación como jugador de los Lakers en 2021, ya con 32 años, Westbrook mostró la misma mezcla de seguridad y contradicción que había definido su carrera. Llegó con un traje de rayas de corte clásico y zapatillas blancas, sentó a su familia en primera fila y alternó respuestas dispares sobre cómo encajaría su juego dominante del balón junto a LeBron James y Anthony Davis. «Habrá altibajos. Eso es normal, está bien, pero vamos a averiguar cómo jugar de la mejor manera para poder ganar un campeonato», dijo. Un minuto después defendía lo contrario: «Una cosa que siempre he hecho y siempre haré es mantenerme fiel a mí mismo. Nunca puedes flaquear en esta liga».
Esa tensión entre el anillo que nunca llegó y la fidelidad a sí mismo, según él mismo ha explicado, resume su carrera. Preguntado por el peso de retirarse sin haber ganado un título, respondió: «Estaré feliz. Fui un campeón así que llegué a la NBA. Crecí en las calles, no vengo de cuna de oro. Quiero ser un campeón de la NBA, pero no necesito ser un campeón de la NBA… mi legado más importante está fuera de las canchas con la cantidad de personas que ayudé y soy capaz de impactar con mi carrera».
Sobre su carácter en el vestuario circularon versiones opuestas: quienes lo señalaban como un compañero difícil y quienes, con más frecuencia, hablaban de un líder cercano y generoso con los jugadores jóvenes. En los comentarios al vídeo de su retirada, excompañeros, rivales y periodistas coincidieron menos en sus números que en ese segundo retrato.
Westbrook se retira como el jugador con más triples-dobles de la historia (209), con la mayor racha consecutiva (11) y el mayor número en una sola temporada (42), además de líder de anotación en dos temporadas y de asistencias en tres. Es el armador con más puntos y rebotes de todos los tiempos: terminó su carrera con más puntos que Stephen Curry, Hakeem Olajuwon o Allen Iverson, y con más asistencias que Magic Johnson o Steve Nash. Junto a LeBron James, es el único jugador con más de 25.000 puntos y 10.000 asistencias en su carrera. Quien llevó el número cero siempre fue el monstruo de los números. Ninguna de esas cifras, sin embargo, aparece tan repetida en los mensajes de excompañeros y periodistas tras el anuncio de su retirada como su forma de tratar a la gente que pasó por sus vestuarios.

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