De la Milan Fashion Week a tu salón.
Si pensabas que Luca Guadagnino ya había tenido suficiente con Call Me By Your Name, Queer o Challengers, agárrate, porque el hombre ha decidido que el cine se le quedaba pequeño y ahora quiere que también le compres el sofá. Junto a su socio de toda la vida, el escenógrafo Stefano Baisi, presentará este mes en Milán Fashion Week una colaboración con Zara que no es una cápsula cualquiera: hablamos de unas 140 piezas entre ropa y mobiliario, con la ambición nada disimulada de amueblarte la casa entera y, de paso, el armario. La exclusiva se la ha llevado el Financial Times, que ha tenido acceso antes que nadie a este proyecto todavía sin presentación oficial. Y sí, apunta maneras de convertirse en objeto de deseo de reventa, porque en cuanto algo así toca el mercado de segunda mano los precios se disparan solos.
La colección se llamará Baisi Guadagnino, un gesto nada menor: por fin el nombre del arquitecto y escenógrafo que ha estado detrás de los decorados de Queer, After the Hunt y de la todavía misteriosa Artificial (esa película sobre OpenAI cuyo futuro sigue en el aire) sale del backstage y se pone en el cartel. El tándem viene de lejos: se conocieron durante la reforma de la villa a orillas del lago de Como de Federico Marchetti, el fundador de Yoox, y en 2017 fundaron juntos el estudio Studiolucaguadagnino, con el que han renovado tiendas y hoteles por media Europa. O sea, que esto de mezclar diseño de interiores con estética de autor no les pilla de nuevas.
Del sofá de 13.000 euros a los cubiertos que sí te puedes permitir
Aquí viene lo bueno: aunque técnicamente nace como colección de Zara Home, el punto de partida fue el prototipo de una mesa nunca fabricada, de líneas onduladas, que terminó multiplicándose en estanterías, vajillas y todo tipo de piezas para la casa. La directora general de Zara Home, Lorena Mosquera, lo resumía ante el Financial Times como un universo completo en el que mobiliario, iluminación, accesorios y moda dialogan entre sí. Y cuando decimos «universo completo» no exageramos: hay sofá por encima de los 13.000 euros, sillones que superan los 2.500, y uno tapizado en franela de lana —que el propio Guadagnino define como «decadente»— que roza los 6.000. Nada de rebajas de agosto, oye.
Pero tranquilo, que no todo es para bolsillos de director de cine. También hay sillas y taburetes de acero inoxidable con un aire casi de ciencia ficción entre 460 y 1.500 euros, mesitas auxiliares lacadas con patas de roble mate desde 1.400, y espejos de travertino rectangulares alrededor de 3.800. Las alfombras de motivos florales, inspiradas en cuadros de Francesco Snote, se quedan en un más digerible «casi 1.200». Y luego está la letra pequeña que hace caja: cubertería, velas, platos y vasos a precios mucho más terrenales, que serán probablemente lo primero en agotarse porque, seamos sinceros, todo el mundo quiere un trozo de esto sin hipotecarse.
De la parte textil se sabe todavía poco, aunque asoman chaquetas de cuero, camisas de cuadros y blancas, estampados, vestidos de viscosa y piezas cubiertas de lentejuelas. Por lo poco que se ha filtrado, la cosa promete —nosotros no podemos evitar oler ahí un aire a Dries Van Noten—, aunque todo apunta a que la ropa jugará un papel secundario frente al mobiliario, que es donde de verdad está la conversación.
Ni retro ni minimalista
El rasgo estético que salta a la vista nada más ver las piezas es esa silueta ondulada, casi «hinchada», con un aroma vintage que recuerda a finales de los sesenta y principios de los setenta. Guadagnino lo explicaba como el ejercicio de doblar una estructura en principio rígida hasta convertirla en algo sensual, y ese cuidado extremo por la materialidad se nota en cada pieza. Lo curioso, según cuentan en la entrevista del Financial Times, es que no hay una sola referencia que copiar: el dúo no quiere imitar un estilo concreto, sino digerir varias influencias y salir por otro lado.
Que las influencias estén ahí, eso no lo esconden: el moodboard incluía a Gio Ponti, Lina Bo Bardi y Ettore Sottsass por el lado del diseño, y a Jean-Luc Godard, Edward Yang y Nagisa Oshima por el del cine. Pero el resultado, insisten, no calca a nadie. Y aquí llega el titular con más miga de toda la entrevista: el rechazo frontal al minimalismo y al Millennial Grey, esa estética que la última década, empujada a base de bien por Instagram, se ha convertido en el cliché más aburrido del mercado. Vamos, que Guadagnino y Baisi se suman sin querer queriendo a ese hartazgo generalizado con la austeridad escandinava de anuncio de muebles, la misma que llevamos años viendo clonada en medio Pinterest.
Lo más ambicioso del proyecto, en el fondo, no es el precio del sofá ni la lista de referentes: es la pretensión de construir un universo coherente donde cine, diseño y moda convivan como una sola propuesta, algo que ya se ha visto antes en la alta costura pero nunca, hasta ahora, en una marca tan masiva y accesible como Zara. Si cuela, puede que estemos ante el modelo a seguir de las colaboraciones de las grandes cadenas de aquí en adelante. Si no cuela, al menos nos quedará el sofá de 13.000 euros para soñar despiertos.
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