David Lynch vuelve a Los Ángeles, la ciudad que convirtió en pesadilla, sueño y misterio

Del 19 de septiembre al 24 de octubre, Pace Gallery presentará David Lynch: LA, la primera exposición dedicada a su obra en su ciudad desde el fallecimiento del artista en enero de 2025.

David Lynch at his studio, March 15, 2002, in Hollywood. (Photo by Chris Weeks/WireImage)
David Lynch at his studio, March 15, 2002, in Hollywood. (Photo by Chris Weeks/WireImage)

Pace reúne por primera vez cinco de las series fotográficas del artista en una exposición que recorre su particular visión de la ciudad.

Del 19 de septiembre al 24 de octubre, Pace Gallery presentará David Lynch: LA, la primera exposición dedicada a su obra en su ciudad desde el fallecimiento del artista en enero de 2025. La muestra recopila cinco de sus series fotográficas inéditas, creadas entre 1979 y 2008, para establecer un diálogo entre ellas y revelar una faceta de Lynch que siempre estuvo ahí, aunque el cine terminara ocupando el primer plano.

David llegó a Los Ángeles en 1972, tras haber estado cinco años estudiando pintura en la Academia de Bellas Artes de Pensilvania, en Filadelfia. Allí había crecido artísticamente rodeado de una ciudad marcada por el declive industrial y una atmósfera de inquietud que terminaría alimentando su particular sensibilidad visual. Su llegada a California tuvo algo de revelación, pues llegó de noche y despertó con el aroma del jazmín y la luz del sur del estado.

La ciudad se convertiría durante más de cinco décadas en su hogar, pero también en uno de sus grandes personajes. Para él, la ciudad nunca fue únicamente un escenario. Era una atmósfera, una sensación, una especie de estado mental donde podían convivir la belleza y la oscuridad, la ingenuidad y la transformación, lo cotidiano y lo profundamente extraño. Esa dualidad que definió siempre su obra.

De este mismo punto parte David Lynch: LA, situando sus fotografías dentro del mito de Los Ángeles y de ese paisaje emocional que el artista exploró una y otra vez. Sus imágenes recuperan algunos de los arquetipos que asociamos a sus creaciones –la ingenua, el metamorfo, la belleza, la oscuridad– pero sin necesidad de personajes ni diálogos.

Volviendo a 1972, fue cuando comenzó como becario del American Film Institute y se instaló en las caballerizas de la histórica mansión Greystone, en Beverly Hills. Allí vivió y trabajó durante cinco años, y en ese espacio rodó Eraserhead (1977), la película que marcaría el comienzo de su carrera como cineasta y que ya contenía buena parte de las obsesiones que atravesarían su mente durante toda su vida. Cuerpos deformes, espacios industriales, sonidos perturbadores, deseo, miedo y una realidad que siempre acaba desmoronándose.

Sin embargo, el cine nunca sustituyó a la pintura ni a la fotografía. Lynch jamás abandonó el estudio, y sus dos mundos –el del cine y el de las artes visuales– avanzaron en paralelo, contaminándose mutuamente.

El centro de David Lynch: LA lo ocupan cinco fotografías en color de gran formato pertenecientes a ‘Figures and Smoke’. Los rostros femeninos aparecen capturados en primeros planos extremos, en momentos que parecen situarse entre el éxtasis y la abstracción. De sus bocas rojas emerge el humo, elevándose como pequeñas nubes suspendidas.

También están sus fotografías de Los Ángeles en las que el artista dirige su cámara hacia la propia arquitectura de la ciudad, mostrando edificios, bordes industriales y espacios urbanos olvidados que aparecen tratados como si fueran escenarios de una película que nunca llegó a existir.

La exposición incluye además una selección de sus fotografías dedicadas al desnudo. En blanco y negro, el cuerpo femenino deja de ser representado como figura y comienza a funcionar como paisaje, con formas topográficas, superficies, curvas y volúmenes que parecen pertenecer a un territorio desconocido y al cuerpo al mismo tiempo.

En Couch, Lynch vuelve a una imagen reconocible de la historia del arte: la odalisca. Se trata de la figura femenina recostada que, por supuesto, en la versión lynchiana no permanece quieta. La figura se multiplica, se difumina y termina distorsionándose mediante una técnica inspirada en la fotografía primitiva y en la superposición de negativos para crear imágenes múltiples.

Y después están los Kits, probablemente una de las series que mejor explica la capacidad de Lynch para convertir lo cotidiano en algo inquietante. Inspirado por su fascinación por los detalles y por entender cómo funcionan las cosas, el artista recuperó un recuerdo de la infancia –cuando construía maquetas de aviones– para documentar el desmontaje de un pescado, un pollo y un pato, e incluye instrucciones irónicas sobre cómo volver a montarlos.

David Lynch nos dejó a principios de 2025, pero su versión de Los Ángeles permanece en sus fotografías, en sus películas, en sus pinturas y en todos esos rincones de la ciudad que aprendió a mirar de otra manera. Mientras tanto, el LACMA ya se encuentra en las primeras fases de preparación de una gran retrospectiva dedicada al artista, en colaboración con otros museos.

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