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Balenciaga vuelve a atraer todas las miradas a su colección otoño-invierno 2021. Parece ser que su constante parodia de los códigos estéticos de la clase trabajadora ya no tiene sentido cuando se juega con el racismo y la apropiación cultural.

Balenciaga

El activismo de la moda online ha vuelto a hacer su labor: acusar el estilo de una prenda expuesta de apropiación cultural. Los pantalones de la etiqueta bautizados como “Trompe-L’Oeil Sweatpants“, cuyo precio de venta es de 1.190 dólares, están diseñados para aparecer con un bóxer expuesto por encima de la cintura.

La alarma virtual se activó señalando que la casa de moda de lujo estaba apropiándose del “sagging”: una forma de vestir -en la que los pantalones se llevan bajos- que ha sido prohibida e incluso penalizada en algunas ciudades e instituciones de Estados Unidos, que afecta, sobre todo, a la comunidad racializada. Ese motivo visual ha sido constante en las colecciones de Balenciaga, junto a sus experimentos de diseño con las superposiciones y el layering.

También han compartido espacio otras voces críticas que han argumentado que ese tono irónico de la marca no debería haberse aplicado a una forma de vestir tan fuertemente politizada. Paralelamente, otros juzgaban la manera de Balenciaga de “aburguesar” o gentrificar el streetwear. ¿Supondrá esto el principio del fin de la moda irónica de Demna Gvasalia?