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Cada día una gran inmensidad de tendencias y estéticas recorren -y sobreestimulan- nuestros feeds sociales. Algunas se desvanecen en cuestión de segundos, pero muchas otras permanecen y se encumbran en el zeitgeist de la moda. Aunque si ha habido alguna de ellas que haya generado realmente culto o devoción durante el 2022, esa ha sido la de las “ugly shoes” o la del calzado estrambótico.

Que estemos viviendo en la era de las weird shoes es tan sólo una realidad empírica que puede verse reflejada en todas las colecciones contemporáneas de moda. Desde las Tabi de Margiela, como zapato icónico e inspiracional, hasta las bailarinas de Miu Miu, las botas de lana de Camper x Ottolinger, o las recientes Kiko Kostadinov x Hysteric Glamour x Asics, que reinventan las Lelli Kellies en versión ciberpunk.

La rareza, la experimentación y lo insólito colisionan ahora en el punto de fuga de ese diseño que persigue constantemente la idiosincrasia, y representa, a su vez, un movimiento colectivo en búsqueda de la nostalgia. Uno que se refugia a través de la inocencia en tiempos pasados, sin dejar de lado esa atracción latente por la vanguardia y la innovación.

En este sentido, las marcas están explorando el feísmo con piezas performativas que superan los límites canónicos de la belleza tal y como la conocemos. La exageración se posiciona, por ende, en el corazón de todo este nuevo sistema trazado por dos vías: la de la viralidad, o la de la disolución y el desecho en el desguace de las tendencias.

ZAPATOS PARA LAS CHICAS RARAS

Así, infinidad de marcas que abarcan desde el high-end hasta el diseño independiente o nicho, han reinterpretado esta tendencia absoluta. Como es el caso de Loewe con sus zapatos esculturales de globo o Miu Miu con sus bailarinas de satén virales. Otras firmas como AVAVAV han atravesado asimismo esta histeria viral con zapatos como sus botas de culto con dedos que lució Doja Cat en los VMA de 2021. Por no hablar de toda la oferta de moon boots o yeti / furry shoes del panorama actual.

La realidad es que la tendencia de los zapatos estrambóticos o raros se ha proyectado como un reflejo de nuestra mentalidad excéntrica colectiva: una respuesta inmediata de nuestra necesidad escapista e irónica. De experimentar con la exuberancia, iluminando la oscuridad del presente a través de la autoexpresión o la creatividad.

Más allá de eso, la veneración hacia esta tendencia puede que tenga mucho que ver con la creciente obsesión por la nostalgia de los años 2000, y todo ese imaginario de calzado Y2K con el que destacar como la «chica rara» o «despreocupada» que busca alejarse de la belleza y de la perfección canónica. Porque ahora ya todo eso aburre, y se actualiza mediante la reinvención de estéticas sórdidas y/o de la romantización de la decadencia.

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