Hay algo paradójico en que uno de los accesorios más comentados de los últimos días no estuviera concebido para venderse. Cuando Rosalía apareció por las calles de Nueva York con un bolso de proporciones desmesuradas, cubierto de imágenes que parecían extraídas de un álbum de recuerdos, Internet hizo lo que mejor sabe hacer: convertir una imagen inesperada en un fenómeno viral. Detrás de aquella pieza estaba Dana Toder, una diseñadora independiente cuyo universo creativo se mueve entre la memoria, la experimentación textil y la dimensión psicológica de la ropa.
Pero el bolso tenía una historia anterior a Rosalía. Había sido creado para Krähe, una película de Lili Conzen que explora la presencia de mujeres mayores en la moda. Su estampado reúne fotografías procedentes de los archivos personales de la diseñadora, la cineasta y Sabine, una de las protagonistas de la película, intervenidas hasta adquirir la apariencia de recuerdos lejanos. Su tamaño, lejos de responder únicamente a una provocación estética, funciona como una metáfora del peso físico y emocional de todo aquello que cargamos.
La ironía es evidente: un objeto nacido para hablar de memoria, identidad y experiencias personales termina circulando como una imagen más en una industria que consume novedades a la velocidad del scroll. Y, sin embargo, su creadora no parece especialmente interesada en responder a esa urgencia. Aunque la pieza original no está a la venta y formará parte de las exposiciones vinculadas al proyecto cinematográfico. Aunque la pieza original no está a la venta y formará parte de las exposiciones vinculadas al proyecto cinematográfico, Toder prepara una edición limitada muy similar al bolso que llevó Rosalía, así como una versión ready-to-wear para 2027, de dimensiones más reducidas y pensada para el día a día.
En una época en la que la viralidad puede transformar a un diseñador desconocido en el nombre del momento, -al menos durante unas semanas-, la pregunta ya no es únicamente cómo conseguir atención, sino qué hacer con ella una vez que llega. Porque la visibilidad no garantiza perdurabilidad, la originalidad convive con el riesgo de ser copiada y el algoritmo parece exigir que todo resulte extraordinario antes incluso de comprender su significado.
Hablamos con Dana Toder sobre estas contradicciones, sobre el acto de vestirse como ejercicio emocional y sobre la posibilidad de construir una identidad creativa propia sin sacrificarla a las exigencias de la industria.
HIGHXTAR. (H.) – Tu bolso fue concebido originalmente como parte de Krähe, una película de Lili Conzen, pero de repente se convirtió en un fenómeno viral cuando Rosalía lo llevó en Nueva York. ¿Cómo viviste esa atención inesperada? ¿Qué se siente al ver que algo creado en un contexto artístico tan específico adquiere vida propia?
DANE TODER (D.T)- Sinceramente, desde el momento en que Lili y yo conectamos y empecé a trabajar en el bolso, sentí que era algo realmente especial y que, en algún momento, recibiría el reconocimiento que merecían tanto la pieza como el proceso creativo y la película. Adentrarme en el universo de las mujeres que aparecen en el filme, especialmente en el de Sabine, que protagoniza la escena del bolso, convirtió todo el proceso en una experiencia muy especial.
Es una locura experimentar toda esta atención. Nunca imaginé que llegaría a ser tanta y, como diseñadora independiente que a menudo se pregunta si está siguiendo el camino correcto, resulta muy gratificante. Me encanta ver cómo algo que he creado adquiere vida propia. Creo que de eso trata precisamente compartir el arte: de renunciar al control y entregarse a lo colectivo.
Nunca sabes qué ocurrirá con lo que creas ni quién se fijará en ello. Me alegra muchísimo que llamara la atención de Rosalía, una de mis artistas favoritas, y de su equipo, incluidas sus estilistas Chloe & Chenelle y su asistente Sophie.
(H.) – Has explicado que el bolso original no está a la venta y que formará parte de exposiciones relacionadas con Krähe. En una cultura en la que prácticamente todo lo que se vuelve viral parece tener que convertirse inmediatamente en un producto disponible para comprar. ¿Crees que hay algo poderoso en crear objetos que no necesariamente están destinados a venderse?
(D.T)- Sí. He recibido muchos mensajes diciéndome que no estoy aprovechando suficientemente el momento. Cuando ocurrió todo, no tenía existencias disponibles, pero no lo veo de esa manera. Estoy aquí para construir algo a largo plazo, no para hacer reposiciones rápidas y ventas inmediatas.
El original es muy especial para mí. Cuando lo miro, no veo una prenda, sino algo más parecido a una obra de arte. Y parte de lo que hace especial a una obra de arte es que sea única.
La moda tiene muchísimas normas que no tienen nada que ver con el trabajo creativo en sí: las temporadas, la velocidad de fabricación, la obligación de poder abastecer siempre la demanda. Me gusta ir un poco en contra de todo eso. Prefiero crear piezas que no sean compras impulsivas, sino adquisiciones con significado.
Dicho esto, quizá sea ingenua o esté un poco desconectada de la realidad. Debería ser más rápida a la hora de lanzar productos y mantener existencias. Estoy trabajando en ello y en conseguir procesos de fabricación más fluidos, porque quiero poder dedicarme a esto a tiempo completo. Pero, en una época en la que todo gira alrededor del dinero, me parece refrescante ver algo que existe simplemente por el hecho de haber sido creado.
Aun así, estoy planeando trabajar en una pequeña serie de piezas personalizadas. La edición limitada saldrá a la venta pronto y se parece mucho más al bolso que llevaba Rosalia. Será un poco más pequeño, para que resulte más fácil de llevar, y tendrá un diseño ligeramente diferente para que el de Rosalia siga siendo único, aunque se parecerán mucho.
El modelo RTW saldrá a la venta en 2027 y es mucho más adecuado para el día a día; menos estructurado y bastante más pequeño, pero sigue siendo del mismo cuero y con el mismo estampado.
(H.) – Entonces los mortales podremos disfrutar de una versión ready-to-wear del bolso para tu colección de 2027. ¿Cómo afrontas la transformación de una pieza tan conceptual en algo destinado a ser utilizado y adquirido por otras personas sin perder su significado original?
(D.T)- Veo la versión ready-to-wear como una traducción de la pieza cinematográfica. El original sigue siendo la obra de arte creada para la película, mientras que la versión de 2027 está pensada para que la gente conviva con ella.
Lo que debe mantenerse es la emoción. Creo que el tamaño del bolso fue lo que realmente llamó la atención de la gente, y esa dimensión funciona muy bien como concepto para representar el peso de lo que cargamos, tanto física como mentalmente.
Pero, para mí, el estampado es la parte más interesante. Está compuesto por imágenes de mi propio archivo, del archivo de Lili y del de Sabine, la actriz protagonista de la escena del bolso. Las edité y mezclé para que parecieran recuerdos lejanos.
Habla de diferentes generaciones de mujeres y de cómo todas experimentamos nuestra relación con los objetos de una manera similar. La película trata de dar un lugar a las mujeres mayores dentro de la moda. Por eso, incluso sin ese tamaño, el bolso conserva gran parte de su significado y sigue siendo conceptual, simplemente trasladado a un contexto cotidiano.
(H.) – Tengo la sensación de que tu trabajo explora la relación entre ropa, memoria e identidad. ¿Crees que las cosas que llevamos pueden revelar partes de nosotros mismos que a veces nos cuesta expresar con palabras? ¿Qué convierte a la moda en un medio tan interesante para explorar historias personales?
(D.T)- Para mí no se trata exactamente de expresar aquello que nos cuesta poner en palabras, aunque esa sea una parte importante del acto de vestirse. Tiene más que ver con las partes de nosotros mismos que tendemos a esconder y que aparecen durante ese proceso.
Mi principal línea de investigación durante la carrera, y también después, ha sido la dimensión psicológica y mental del acto de vestirse: elegir la ropa y mirarse al espejo. Para mí, y para muchas otras personas, es un momento muy emocional. Nos enfrentamos a quién queremos mostrar al mundo y a las inseguridades relacionadas con el lugar o la situación para la que nos estamos vistiendo. Mientras pensamos en escenarios futuros, también estamos en el pasado, porque la ropa contiene muchísimos recuerdos y experiencias, ya sea una prenda vinculada a una persona determinada o algo que llevábamos en una etapa concreta de nuestra vida.
Todo esto hace aflorar el subconsciente: cómo nos vemos, cómo creemos que nos ven los demás y los recuerdos y sentimientos que aparecen. Muchas veces atravesamos todo ese proceso y después lo «tapamos» con una camiseta negra o algo parecido. Mi trabajo intenta sacar esa experiencia a la superficie en lugar de esconderla, creando prendas que se sienten como recuerdos lejanos, que contienen experiencias y que forman parte de nuestro yo emocional, no únicamente del físico.
Creo que la moda es un medio interesante para explorar todo esto porque, para mí, resulta casi radical no pensar en la ropa de esa manera. Es una parte enorme de nosotros y de nuestra identidad, lo único que siempre llevamos puesto y objetos que están profundamente ligados a nuestra vida. También creo que los textiles, en general, conservan recuerdos.
(H.) – La moda está constantemente obsesionada con lo siguiente, mientras que tu universo creativo parece profundamente conectado con los recuerdos, los archivos personales y el pasado. ¿Crees que mirar hacia atrás puede ser un acto creativo radical en una industria que exige novedades constantemente?
(D.T)- Es muy interesante plantearlo de esa manera y sí, definitivamente suena bastante radical. Pero creo que un buen diseñador tiene el valor y el criterio necesarios para decidir por sí mismo qué considera novedoso. Por ejemplo, estoy trabajando en una nueva colección y todas las imágenes que estoy utilizando son fotografías que tomé entre 2020 y 2024, pero he decidido que son relevantes ahora.
También creo que mirar hacia atrás es necesario para poder mirar hacia el futuro. Combinar imágenes antiguas, métodos tradicionales de fabricación y fibras naturales con nuevas fibras 3D y técnicas tecnológicas que he investigado crea una buena fusión entre la inspiración en el pasado y la mirada hacia el futuro.
También es una forma de procesar mis propias experiencias y mi vida, así que mirar atrás me hace bien.
(H.) – Hay algo fascinante en el contraste entre las proporciones exageradas de tus diseños y las emociones profundamente personales que esconden. ¿Te interesa explorar conscientemente esa tensión entre humor, absurdo y vulnerabilidad? ¿Qué importancia tiene para ti desafiar lo que se da por supuesto sobre cómo debería ser la moda?
(D.T)- Definitivamente, me gusta explorar el absurdo en mis piezas. Las proporciones exageradas hacen que la gente sonría primero y, después, dejan espacio para algo más vulnerable. No intento desafiar cómo debería ser la moda simplemente por hacerlo, sino más bien cuestionar cómo la percibimos y cuál es su papel en nuestras vidas. Y quizá también las formas en las que se fabrica y el significado que atribuimos a nuestras prendas.
(H.) – Vivimos un momento en el que la moda parece cada vez más condicionada por la viralidad y en el que las piezas más extrañas o inesperadas suelen atraer mayor atención. ¿Estamos entrando en una era en la que la moda necesita ser cada vez más exagerada para captar nuestra mirada? ¿Cómo se maneja uno entre la experimentación creativa genuina y el diseñar para el algoritmo?
(D.T)- Definitivamente, creo que esta época exige una moda exagerada para conseguir atención. Cuando la gente está haciendo scroll, no se detiene ante algo que no llama inmediatamente la atención. Puede sonar triste, pero hasta cierto punto también puede empujar a los diseñadores a pensar de forma diferente. Al mismo tiempo, cada vez menos diseñadores quieren dedicarse a trabajos menos llamativos, como la sastrería de gran precisión. Y muchas personas que merecen reconocimiento no lo reciben porque la gente se siente atraída únicamente por aquello que destaca visualmente mientras desliza la pantalla.
Creo que el algoritmo importa si quieres sobrevivir como marca, pero la única manera de trabajar con él es crear algo que proceda de una experimentación creativa completamente personal. Cuanto más profundizas en ti mismo, más llamativo se vuelve lo que haces, porque nadie más podría haberlo creado.
Creo que hoy todos los diseñadores imaginan cómo se fotografiará una pieza o cómo se verá en Instagram o en una editorial mientras la están diseñando. Eso no es necesariamente malo e incluso puede dar lugar a un trabajo mejor. Yo intento tenerlo presente, pero no hago nada que no nazca de mi esencia simplemente para volverme viral. Dicho esto, la viralidad es una bendición y estoy agradecida de haber creado algo que ha recibido toda esta atención.
(H.) – En una industria cada vez más digitalizada, donde la inteligencia artificial parece capaz de crear cualquier cosa, tu trabajo reivindica el valor de la artesanía y de lo imperfecto. ¿Crees que la intervención humana se está convirtiendo en un lujo?
(D.T)- Por supuesto. Creo que la gente anhela la intervención humana, y yo también. Gran parte de mi trabajo se desarrolla frente al ordenador —no con inteligencia artificial, jaja—: diseñar patrones, estampados y archivos, enviar correos electrónicos… Así que cada vez que voy físicamente a visitar a los artesanos, costureras e impresores, me hace muchísima ilusión. No hay nada comparable a sostener algo entre las manos y saber que ha sido hecho artesanalmente por personas con talento, que han sido unas manos reales las que lo han creado.
Llevo varios años trabajando con este artesano del cuero y él lleva muchísimos años dedicándose a ello, así que hay una enorme cantidad de conocimiento en sus manos.
En general, también me encantan las imperfecciones, quizá incluso demasiado. Durante la carrera siempre me criticaban porque mis piezas no eran perfectas y yo pensaba: si está estropeado, me gusta. Si hay un agujero en el cuero, lo dejo, si el estampado adquiere colores extraños, puede que quiera conservarlo, si se desvanece, me encanta. Me gusta ver cómo la ropa se desgasta con el tiempo y va acumulando imperfecciones.
(H.) – Para una diseñadora independiente, que alguien como Rosalía lleve tu trabajo puede generar una enorme visibilidad de la noche a la mañana, como acabamos de ver. Pero la atención no siempre se traduce en sustento comercial y creativo a largo plazo. ¿Cuáles crees que son los mayores desafíos para los diseñadores emergentes? ¿Cómo proteges tu libertad creativa cuando la industria empieza a prestarte atención de repente?
(D.T)- Estoy de acuerdo. Intento recordarme que esto es una maratón, aunque un momento como este puede alterar mucho tu trayectoria y tus planes. Con o sin este momento, conozco mi visión y mis objetivos. Esto era definitivamente uno de ellos, pero no cambia el camino.
Los desafíos son varios. En primer lugar, la gente no siempre se toma en serio a los diseñadores a menos que trabajen para una gran casa de moda. La gente no quiere pagar si todavía no has recibido reconocimiento, y dar el primer paso hacia un crecimiento real es muy difícil. Después está la moda rápida y la facilidad con la que pueden copiarte. ¿Por qué iba alguien a comprar a un diseñador pequeño cuando puede encontrar algo mucho más barato en una cadena de moda rápida? Es difícil convencer a la gente de que tus piezas valen lo que cuestan antes de tener un nombre reconocido o de que alguien respetado considere que lo que haces es interesante. Pero tienes que creer de todo corazón que, en el momento adecuado, tu trabajo llegará a las personas adecuadas, aquellas que sepan apreciarlo.
Toda esta atención simplemente me impulsa a continuar con mis planes y con mi próxima colección. No siento ninguna presión por cambiar mi dirección creativa. De hecho, es justo lo contrario: sé que estoy en el camino correcto y que solo tengo que seguir haciendo lo que ya estaba haciendo.
(H.) – Por último, si alguien ha descubierto tu trabajo gracias al bolso de Rosalía, ¿qué te gustaría que entendiera sobre Dana Toder más allá de esa única imagen viral? ¿Qué podemos esperar de tu colección de 2027 y qué nuevas direcciones creativas te entusiasma explorar?
(D.T)- La próxima colección incluirá más experimentación con cuero y estampados aplicados a diferentes piezas, nuevas propuestas de noche y seda, y prendas ready-to-wear similares a las que he lanzado hasta ahora, pero con una estética bastante diferente. Será mucho más elevada que todo lo que he hecho anteriormente y construirá una imagen emocional muy potente. También incluirá una versión ready-to-wear similar al bolso.
Además, me hace mucha ilusión empezar a entrar en showrooms y tiendas. Más allá de las prendas, también exploro las instalaciones textiles y de moda, así como instalaciones de luz combinadas con manipulación textil. Es algo en lo que definitivamente quiero profundizar. Al moverme tanto en el sector comercial como en el artístico, concibo mi marca como una casa de investigación e innovación creativa y, al mismo tiempo, como una marca de ropa.
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