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Desde hace un tiempo empiezo a creer que la magia existe, que puedo entrar en los estados alterados de conciencia sin consumir ningún tipo de estupefaciente. Solo con ponerme los cascos y escuchar y escuchar sonido ‘Castefa’, me sumerjo bajo mi cama en otra dimensión como Mark Renton en Trainspotting.

Los listillos ya sabrán de quién hablo, pero para los nuevos, sean bienvenidos, les hablo de Cristian Quirante «Alizzz» y lo que ha conseguido o lleva consiguiendo con su música, desde los garitos de Berlín y sus sesiones clandestinas, pasando por la inmersión y revolución del pop español llevándolo al mainstream, hasta la producción del mejor disco en español de lo que llevamos de siglo «El Madrileño».

No es el cerebro en la sombra detrás de C. Tangana, es la cabecita loca de la música del futuro. Y lo mismo te trae de vuelta la ruta del bakalao y sus pintas noveleras en el video «El Encuentro» -la nueva definición del bolero romántico contemporáneo con Amaia, que la canta al abismo y a la caída en «Ya no vales» con C. Tangana, que escribe sobre la aceptación de la pura decadencia de este mundo en declive en el que vivimos; con Jota de Los Planetas en «Luces de Emergencia». Una colaboración soñada para él.

Con la salida de su álbum «TIENE QUE HABER ALGO MÁS» se ha confirmado lo inevitable, el asentamiento del estilo propio de Alizzz como cantante. Algo que algunos intuimos y supimos cuando allá por 2020 sacó su primer single «Todo me sabe a poco». Cristian, saturado de lo mismo y en una espiral complicada, descubrió algo mágico.

Le había quitado el polvo a las guitarras, había dejado algo de lado el ordenador y había sacado a la luz esa voz frágil, desganada y sensible, y entonces, todo encajaba. Esa fragilidad y sensibilidad era la nueva belleza que andaba buscando.

Sus letras evocan algo de nostalgia, romanticismo y tristeza. Hablan de amores pasajeros pero con recuerdos eternos; de desamores; de las cosas de la noche y el desfase en «Amanecer» con Rigoberta Bandini; de la huida para olvidar; de la locura y de sensaciones que, al fin y al cabo, todos compartimos y hemos vivido.

De la mano y de los ojos de Rafa Catells, LITTLE SPAIN, CANADA o NICOTINE, han creado un mundo distócico en sus vídeos, alejados pero no tanto de la realidad que vivimos. Tienen algo de nihilismo, de mundo Orwelliano, de pérdida, de dejarlo todo atrás, de olvido y, a la vez, ese pellizquito de fe para buscar, escapar, huir y enamorarse otra vez antes de que todo acabe. Como bailar en el vértice de tu existencia, sabiendo que vas a caer pero quieres ese puntito de locura para vivir.

Algo que siempre me ocurre al escuchar su música es que me imagino a Alizzz componiendo y produciendo y todo tiene un sentido surrealista. Lo imaginamos en un local subterráneo, con sonido de goteras de las tuberías, una bombilla que ilumina la sala a punto de fundirse, una nube de humo de tabaco que inunda el ambiente, y de madrugada, cuando los gatos negros merodean y te miran fijamente sin parpadear y la locura sale a escena. En ese estado, Alizzz inventa, juega, sueña y se salta a la torera cualquier norma establecida por el Dios de la música.

Entonces, llega un día ajetreado de entrevistas y reuniones, se enfunda en su escafandra, acaricia a los gatos para empaparse de misterio, se pone unas gafas mazo raras y empieza el festival de sonidos psicodélicos en espiral. Hace de la música una pócima secreta adictiva, y de su estudio, un laboratorio. Es como si Raoul Duke de «Miedo y Asco en Las Vegas» escribiese canciones.

Y aunque todo se queda en Las Vegas, debemos darle la enhorabuena por sus tres Grammys recién ganados. Chin chin por ello Christian, Alizzz, «Mago de Castefa», sigue haciéndonos bailar.

Porque, ese vocoder que eriza cualquier piel sensible, esos ritmos en bucles infinitos que te atrapan, esos sonidos de sintetizador que hipnotizan y esa fragilidad como nueva belleza, todo ese batiburrillo de tu mundo caótico, nos hace estar enganchados, como un adicto con el mono, esperando a que haya algo más para otro colocón que flipas.

Texto de EL QUERUBÍN CASTIZO

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