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El asesinato de George Floyd, por un policía estadounidense, ha evidenciado la implícita segregación racial. Las protestas ocasionadas contra el régimen han provocado una movilización mundial contra el racismo y a favor de los derechos humanos. El discurso BLACKLIVESMATTER ha incendiado las redes y parece haber consensuado a la población para el activismo y el cambio social. Sin embargo, la industria de la moda se manifiesta reticente; no vemos más que activismo perfomativo.

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Estas últimas semanas han estado marcadas por las revueltas en los EE. UU. Ahora, el mundo entero se ha sumado a la causa para apoyar el movimiento pro- lives matter. La industria de la moda parecía haber reaccionado. Las firmas llenaron sus redes con mensajes de protesta, hicieron eco de las injusticias e incitaron a sus seguidores para sumarse a la causa. Todo oportunismo.

Cuando lo hicieron, las declaraciones en redes se centraron en la diversidad y la inclusión en lugar de la brutalidad policial o el racismo. Su ambigüedad crecía del mismo modo que lo hacía el descontento comunitario.

Inmediatamente, los comentarios contra las firmas incendiaron las redes. Los manifestantes atacaban a las marcas para que realizaran verdaderas aportaciones. Una semana más tarde estos se pronunciaron y comenzaron sus donaciones.

Activismo performativo

Es curioso si comparamos este hecho con la reacción ante el incendio de Notre-Dame de París. En tan solo un día, las donaciones fueron esclarecidas por los principales CEO´s de la industria del lujo. François-Henri Pinault, CEO de Kering, prometió donar 100 millones de euros para la reconstrucción. Por su parte, Bernard Arnault, CEO de LVMH, donó 200 millones. La cantidad de donaciones fue tan elevada que todos nos preguntamos si no se había aportado demasiado dinero.

Como consecuencia, unido a los saqueos, las principales tiendas de todo el mundo han aparecido con mensajes reivindicativos en sus fachadas y escaparates.

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Para Antoine Gregory, un consultor de moda que ha trabajado con marcas como Telfar y Pyer Moss, las publicaciones que hicieron las marcas fueron claramente en respuesta al cabildeo de los seguidores negros. “Lo que he notado en esta industria es que hasta que los consumidores negros hagan un esfuerzo lo suficientemente fuerte como para ser escuchados, las marcas permanecerán absolutamente en silencio”.

Por su parte, Pam Boy razona que “las casas de moda tardaron en donar al Movimiento Black Lives Matter porque una revuelta social no es lo suficientemente glamorosa”. Añade que “mancha la imagen impecable en la que prosperan las casas de moda y lujo. Es mucho menos sexy decir que Black Lives Matter importa que contribuir a salvar un edificio que resistirá el paso del tiempo “, en relación a las donaciones a la catedral de Notre Dame.

Sin duda, las movilizaciones van más allá de una publicación en Instagram. Como bien apunta Antoine Gregory, “no necesitamos más activismo performativo, necesitamos acción”.