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El streetwear-meets-luxury ha seguido grabándose a fuego en la historia de la moda contemporánea durante estas últimas semanas, ya sea a través de la última colección de Virgil Abloh para Louis Vuitton o del acuerdo entre LVMH y Aimé Leon Dore. Todo apunta a que la muerte anunciada del streetwear no vaya a validarse. Al menos, de momento.

El último desfile de Virgil Abloh para LV está abriendo debate sobre la manera de gestionar el legado de un genio creativo que erigió el streetwear a lo más alto del lujo. Y es que, a pesar de que el director ejecutivo de Vuitton, Michael Burke, declarase que el nombramiento del sucesor se llevaría a cabo en un tiempo, lo que queda claro es que esa decisión estará totalmente condicionada por el legado de Abloh; y por la continuación de esa eterna incursión de la marca en el streetwear.

Más allá de la pasarela, la creciente importancia de la ropa de calle en el sector del lujo se ha trasladado a LVMH y a la adquisición de una participación minoritaria en la firma streetwear de Teddy Santis, Aimé Leon Dore. El mismo día, la marca suiza Bally nombraba a Rhuigi Villaseñor, fundador de Rhude, como su nuevo director creativo. Todo se proyecta hacia una misma dirección.

¿Pero quiénes han sido realmente los agentes de este cambio? las nuevas generaciones de consumidores que crecieron bebiendo de la cultura hip-hop o skate, y que ahora fusionan en un mismo look Carhartt con Prada. De hecho, la gen millenial y Z fueron y siguen siendo el gran motor de la elevación del lujo. Además, se estima que en 2025 representen el 45% del gasto total en lujo.

LO QUE EL STREETWEAR LE DIÓ AL LUJO

El streetwear ha introducido en el mercado del lujo una serie de estrategias de ventas y marketing que han subvertido su modelo de negocio. Desde los drops de productos, generando hype y expectación, en sintonía con la era hiper-acelerada de la era moderna, a la creación de comunidades en las que pertenecer.

Durante los últimos años, hemos podido ver como una sudadera con un monograma de lujo firmada por un diseñador de streetwear podía venderse por más que un traje de sastre de la marca. Algo a lo que ha contribuido ese espíritu renovador que ha hecho que los monogramas que habían pasado a un segundo plano, ahora tengan más vida que nunca. El logo ahora ya no sólo es un símbolo de status y/o riqueza, es una expresión de identidad tribal.

En ese sentido, figuras como Virgil Abloh han representando el logo como insignia de inclusividad, de pertenencia a una comunidad. Es por todo ello y mucho más que el streetwear podría algún día llegar a ser tan importante para el negocio del lujo como el sector beauty, que siguió su mismo camino. Esperaremos a que el futuro resuelva ese enigma.

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