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La moda se adentra en las aulas de instituto para extraer su estética y actualizar todos sus arquetipos en el estrado de la pasarela. Desde Miu Miu hasta Thom Browne o Euphoria: la ropa preppy colegial o universitaria se posiciona en el núcleo de diseño por parte de infinidad de creativos atraídos por su espíritu subversivo y satírico a la vez.

El clásico uniforme de instituto se reconstruye ahora a través de trajes sexys y rebeldes creados por diseñadores que experimentan con sus posibilidades, como en clases de ciencia. Juegan y exploran todos esos motivos escolares que han proyectado asimismo en el radar del streetstyle series televisivas ambientadas en institutos como Sex Education, Euphoria o el reebot de Gossip Girl.

Dentro de este club diverso e inclusivo, las firmas están reinterpretando sus patrones -estudiados desde la materia disruptiva- a través de piezas que abarcan desde chaquetas varsity o letterman hasta minifaldas plisadas o corbatas. La industria vuelve así a explorar la estética preppy bajo una nueva lente irónica: una práctica sartorial que representan referentes estilísticos como Tyler the Creator.

LAS SIMBOLOGÍAS DEL UNIFORME

Revisar el arquetipo escolar se convierte en uno de los conceptos de diseño distintivos de directores creativos como Thom Browne. Como código de marca, todas sus propuestas de faldas plisadas de lana, trajes recortados o prendas knitwear conforman secuencias de looks llenos de volúmenes y formas.

Thom concibe el uniforme como un símbolo de estandarización que conecta a toda su comunidad; ya sea a su clientela como a sus empleados. Pues todos están obligados a llevar un uniforme para trabajar, siguiendo esa estela de pertenencia a un club.

El universo Coperni de Arnaud Vaillant y Sébastian Meyer también quiso sumergirse en las profundidades de esta estética, ambientando su última pasarela en un entorno colegial en el que desplegaba un sinfín de experimentos de sastrería como blazers asimétricos con capucha o trajes retorcidos.

Pero no todo acaba en Coperni. Otros diseñadores como Conner Ives exploraron asimismo los arquetipos escolares americanos, como la chica animadora para su colección AW21, mientras Raf Simons introducía el concepto en la oscuridad de lo gótico y gore para SS22. Por no hablar de las siluetas de Miu Miu para AW22 inspiradas en el uniforme de instituto católico que posteriormente subvirtieron.

EL EFECTO 2000

La estética Y2K está atravesando todas las esferas de la moda. Un movimiento impulsado por las nuevas generaciones que están adaptando sus códigos a una nueva era en la que revivir los outfits memorables de Britney en «Baby One More Time». Una tendencia latente que traspasa la pantalla con uniformes y motivos universitarios en series como Gossip Girl o Élite, en las que sus personajes privilegiados customizan sus uniformes de corte preppy.

Dentro de este imaginario visual, firmas como Ralph Lauren se convierten en referentes de la estética universitaria, y de las fantasías vinculadas a las clases altas, entre prácticas deportivas como el polo.

La versión no eurocéntrica llegaba con Wales Bonner y su revisión histórica de la moda. Para AW21, la firma londinense exploraba los armarios de los académicos negros de la Gran Bretaña de los 80, reimaginando el uniforme de los inmigrantes que viajaron a UK para estudiar en la Universidad.

La visión de Riccardo Tisci para Burberry estuvo asimismo vinculada a la sastrería escolar, así como algunas de las piezas de Virgil Abloh para Off-White y Louis Vuitton AW22. Ahora, todas esas imágenes aspiracionales de riqueza se trasladan al streetstyle global: un enclave en el que fingir estatus sociales inexistentes e interpretar nuevos personajes a diario.

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