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Si vivimos en el mundo de Balenciaga o bajo su efecto es algo que podría debatirse, pero que la firma esté en todas partes, no cabe duda. Desde las crocs de alta costura, los looks del clan Kardashian-Jenner hasta la representación artística de sus Runner sneakers. ¿Está la casa de lujo definiendo la cultura de la moda de esta realidad extraña e insólita?

Como si se tratase de una religión venerada por las nuevas generaciones, Balenciaga está copando el street style global con camisetas fluidas y exageradas, gafas de sol envolventes y looks de cuero elevados desde el estrado de la pasarela. Demna Gvasalia ha redefinido así el concepto de lujo contemporáneo, convirtiendo lo banal en exclusivo. Lo que antes habitaba la periferia del sistema; ya sean unas crocs, un artículo de souvenir o una bolsa de IKEA, ahora pasa por el filtro de Balenciaga y se convierte en objeto de deseo.

Su nueva tienda insignia instalada en la calle Bond Street de Londres se establece precisamente en otra de sus muestras disruptivas con una arquitectura en bruto de aspecto «bunkeriano». Demna ofrece esa concepción de la moda y del arte al mundo, dándole un giro a lo establecido con ironía e irreverencia.

PROYECTANDO LA REALIDAD A TRAVÉS DE LA MODA

Puede que Balenciaga reúna a día de hoy todas las tendencias actuales: desde la nostalgia del efecto 2000, a la estética futurista o elevación de los símbolos cotidianos. Su influencia visual está en todas partes. Y es que, tanto si puedes invertir en una pieza de Balenciaga como si no, puedes sumergirte en su universo desde el lowcost. El vestir una gorra de béisbol o una camiseta de souvenir y alcanzar su aspecto posibilita experimentar su estética de manera democrática.

En este sentido, la sátira y memeificación de la realidad bajo la lente de Demna ha redefinido los parámetros de la moda y la cultura pop, más allá de crear episodios de los Simpsons o vestir de excentricidad a Kim o a Kanye. Por no hablar de su último desfile como tributo a Ucrania y reflejo de la realidad de los refugiados de la guerra.

El director creativo de la casa está proyectando así lo que ocurre en el mundo, tanto a través de su ética como de su estética. A través de lo absurdo, la catarsis o la ironía post-pandémica, reuniendo infinidad de emociones tejidas en calidad de alta costura que cierran el círculo argumental de la Balenciaga-ificación del mundo como efecto que lo filtra todo.

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