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El pasado 29 de junio vivimos el día más corto de la historia de nuestro planeta desde 1960, año en el que comenzaron a registrarse estos datos temporales. 

Hasta 1,59 milisegundos menos tardó la Tierra en girar sobre si misma. Una cifra que puede parecer insignificante pero cuyos motivos podrían ser preocupantes. Existen diferentes factores que provocan cambios en la duración de los días y, según los relojes atómicos, la rotación de nuestro planeta se está acelerando rápidamente.

La luna es la principal culpable de este efecto. El tirón gravitatorio (fenómeno que provoca la variedad de velocidad que experimenta un cuerpo al pasar cerca de un planeta) está provocando una fricción de marea que frente la rotación de la Tierra. Para mantener los relojes alineados con el giro terrestre, la Unión Internacional de Telecomunicaciones añade segundos bisiestos ocasionales.

De momento, la situación no es demasiado preocupante, pero si esta tendencia continúa, será necesario aplicar el primer «segundo intercalar negativo». Esto es: en vez de sumar un segundo a los relojes, será necesario suprimirlo para poder seguir el ritmo de nuestro planeta. Una consecuencia que tendría consecuencias en los sistemas modernos de comunicación y navegación por satélite que dependen de que el tiempo sea exacto.

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