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La firma presentó en Madrid su colección La Décadence coincidiendo con el calendario de desfiles masculinos.

Temporada tras temporada, ya sea en grandes formatos o en espacios más íntimos, Mans demuestra su maestría a la hora de revisar los límites de la sastrería tradicional para crear prendas con posibilidades ilimitadas con un estilo muy propio que rompe con las convencionalidades sobre el género.

Huyendo de posiciones enfrentadas, el diseñador Jaime Álvarez apuesta por el disfrute surrealista en el vestir elevado a su máximo volumen. Extravagancia, lujo y libertinaje sexual: La Décadence es una colección que parte de la nostalgia, pero también curiosa por lo que está por venir. La locura del glamour es definitivamente la respuesta frente a un futuro incierto y encuentra su razón de ser en tiempos difíciles.

Mans continúa con el objetivo de descontextualizar los tejidos y llevarlos a la sastrería. Los puños de la camisa clásica se alargan con un efecto gemelo sin serlo y el cuello se agranda para dar paso a la corbata. Las americanas realzan la cintura, algunas con solapas de pico y otras con grandes puños sobre los que descansa un «clásico Mans» de ocho botones como los de los gánsteres de los años 20. Las blazers militares de corte muy entallado con cuello mal recuerdan a la época charlista y revelan los contornos del cuerpo. Los pantalones fusionan una silueta moderna y clásica con un corte recto que cae desde la cintura con un gran pliegue en la parte delantera. Los abrigos de pelo, cortos o hasta la rodilla, tienen acentos burgueses definitivamente no convencionales. Esta llamativa mezcla es chic y a la vez cálida, protectora y confortable.

Los colores vibrantes, los estampados y los conjuntos de seda, lentejuelas e incluso plumas delicadas parecen sacados de una película. Grises y marrones de dandi mezclados con burdeos, verdes y rosas que recuerdan a un cabaret decadente. Cuellos plisados rematados con volantes, mangas abullonadas con efecto murciélago y detalles de lágrimas que dejan al descubierto la piel del pecho. Es todo glamuroso, seductor y ligeramente peligroso.

La limpia puesta en escena subraya el contraste entre minimalismo y maximalista y en ella los modelos se retratan como una obra de arte de Tamara de Lempicka que usa colores brillantes y luminosos para perfumar la elegancia de los modelos caminando sobre una alfombra beige con el skyline de Madrid de fondo. Un desfile definitivamente cargado de seducción nocturna.

En La Décadence hay un toque de romanticismo y una fuerte dosis de Velvet Goldmine. Actitud post-punk, humor crudo y una creencia en la superioridad de la creatividad. Un cabaret decadente dirigido por Jaime Álvarez.

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