En los últimos años, el mercado de las bebidas energéticas ha experimentado una transformación significativa, impulsada en gran parte por la entrada de celebridades que buscan capitalizar tanto su imagen como las nuevas tendencias de consumo. Ya no se trata únicamente de bebidas con altas dosis de cafeína asociadas a la adrenalina o al deporte extremo, sino de productos que prometen energía más estable, ingredientes “naturales” y beneficios vinculados al bienestar general.
Durante décadas, la energía se entendió como una forma de intensidad: un impulso inmediato, casi violento, que permitía prolongar el esfuerzo o acelerar el ritmo de vida. Hoy, sin embargo, ese imaginario empieza a erosionarse. La energía ya no se busca en el pico, sino en la estabilidad; no en la sobreestimulación. En ese cambio de paradigma es donde estas nuevas bebidas encuentran su lugar.
Uno de los casos más recientes y reveladores es el de Kim Kardashian, quien ha decidido implicarse como cofundadora en el relanzamiento de UPDATE. La marca propone sustituir la cafeína tradicional por paraxantina, un compuesto que el propio cuerpo genera al metabolizarla. Según la empresa, esta fórmula permitiría evitar el nerviosismo y el conocido “bajón” posterior.
En los últimos años, diferentes figuras públicas han desembarcado en este territorio híbrido entre consumo y lifestyle. Los creadores de contenido Logan Paul y KSI convirtieron Prime en un fenómeno viral entre los jóvenes, mientras que Messi o Dwayne Johnson también se metieron de lleno en las bebidas que prometen rendimiento sostenido. En paralelo, Alex Cooper ha expandido su marca hacia el terreno energético.
Dentro de esta misma tendencia, emerge una línea aún más alineada con la cultura del bienestar. Bella Hadid, por ejemplo, es cofundadora de Kin Euphorics, una marca que apuesta por adaptógenos y nootrópicos orientados a la regulación emocional y la claridad mental. En una dirección similar, perfiles como el de Arón Piper han lanzado Dr.Mush, una bebida de enfoque y funcional, libre de azúcares y calorías vacías.
El auge de estas iniciativas responde a que el mercado de las bebidas energéticas es enorme y sigue creciendo, especialmente en su vertiente más “saludable”. Los consumidores, en particular los más jóvenes, demandan productos con menos azúcar, ingredientes reconocibles y beneficios que vayan más allá de la activación. Esto abre espacio a nuevas marcas capaces de diferenciarse de los gigantes tradicionales.
Pero hay un segundo factor, la capacidad de influencia. Las celebridades no solo comercializan productos, sino que construyen imaginarios. A través de su presencia mediática, convierten una bebida en un signo de pertenencia, en una extensión de un estilo de vida aspiracional. Consumir estos productos no es solo una elección funcional, sino una forma de aproximarse a una idea de equilibrio, control y bienestar.
En paralelo, se ha producido un cambio cultural en la manera de entender la energía. Frente al modelo basado en la intensidad y el exceso, se impone una lógica de optimización: dormir mejor, concentrarse más, rendir sin agotarse. El cuerpo deja de ser un límite que hay que superar para convertirse en un sistema que hay que gestionar. En este contexto, las bebidas funcionales actúan como herramientas reales de esa gestión.
El auge del wellness
Este cambio no puede entenderse sin atender al auge del wellness. Cuidarse ya no es solo una cuestión de salud, sino también de identidad y de estatus. Comer mejor, dormir más, meditar, regular la ansiedad o elegir productos “limpios” forman parte de un nuevo ideal de vida que se presenta como equilibrado, consciente y, en cierto modo, optimizado.
Los jóvenes, especialmente, han interiorizado este paradigma. El bienestar se convierte en una exigencia más. Las bebidas funcionales prometen ayudar a sostener el ritmo sin desconectarse del todo. Son, en cierto modo, soluciones líquidas a problemas estructurales. Sin embargo, bajo esta superficie sofisticada, el discurso de lo “natural” y lo “saludable” convive con estrategias de marketing cada vez más elaboradas.
La entrada en este sector responde también a una lógica de diversificación empresarial. Figuras como Kim K han demostrado que su marca personal puede expandirse con éxito a múltiples industrias, desde la moda hasta la cosmética, y ahora hacia la alimentación funcional. Las bebidas energéticas, en este sentido, no son un destino final, sino una pieza más dentro de un ecosistema económico basado en la identidad.
La irrupción de celebridades en este mercado no es, por tanto, una moda pasajera, sino el reflejo de una transformación más amplia. La combinación de innovación, influencia y cambio cultural está redefiniendo no solo lo que entendemos por energía, sino también la manera en que nos relacionamos con nuestro propio cuerpo.
Y quizá ahí resida la clave de su éxito, vivimos en la sociedad del cansancio y la exigencia constante, la promesa de tener más energía sin ansiedad resulta seductora. Aunque, inevitablemente, deje abierta una pregunta: si el bienestar se ha convertido en un objetivo permanente, ¿en qué momento empezó también a convertirse en una obligación?
Bella Hadid se convierte en socia de la marca de bebidas no alcohólicas Kin Euphorics.
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