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El clan de ladrones estéticos y sus duplicados de moda en versión low cost están en todas partes: desde el souvenir más recóndito hasta la inmensidad de internet. Aunque si hay algo que verdaderamente haya prendido la llama del fast fashion y de las clonaciones, esa es la controvertida tendencia “dupe” de TikTok.

El hastag #dupe ya acumula más de 1.500 millones de visualizaciones en la red social, y se venera como una de las macrotendencias de la plataforma. Este nuevo hábito de compra ya es la nueva obsesión de la generación Z que persigue todo tipo de imitación: ya sea la de firmas fast fashion, de marcas nicho, de diseñadores independientes o de reproductores instantáneos de tendencias como AliExpress o SHEIN. De aquellos que están destruyendo el planeta.

La moda de los duplicados va dirigida, en su mayoría, a las nuevas generaciones con afán de comprar y generar serotonina en medio de un mundo caótico e inestable. La compra por emoción y el crear un estatus social a través de la ropa parecen ser la verdadera motivación de los jóvenes que tampoco tienen poder adquisitivo para permitirse la compra de los diseños originales.

@federicascuratti

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♬ Rich Girl – Gwen Stefani

LA ROMANTIZACIÓN DEL COUNTERFEIT

La constante búsqueda de copias exactas de productos de lujo por la comunidad de internet está alimentando un gran negocio contaminante de residuos a través de la compra de productos que en unos meses acabarán desechados en montañas de basura, contaminando ríos en particular, y el planeta en general.

Dentro de esta vertiente tóxica, se persigue constantemente la imitación de la imitación: el bolso de cuero sintético de Shein que es una imitación de Zara, que a su vez es un calco de un producto de lujo. Desde copias de JW Anderson en ASOS, bolsos de 50 euros de Ego Shoes que imitan el Cagole de Balenciaga, a todo un universo orbitado por las nuevas generaciones que giran alrededor del counterfeit y de la constante búsqueda del duplicado estético.

Aún así, la responsabilidad real de estas “acciones ilegales” recae en los grandes conglomerados y empresas que usan sistemas algorítmicos para plagiar diseños y reproducir tendencias sin importar el creador que esté detrás. Sin embargo, la educación del consumidor y su responsabilidad ética será la que haga que valore un diseño real y todo su proceso creativo; abogando por productos de calidad que inviertan la dupe-manía que mantiene viva la moda rápida y su consecuente contaminación del planeta.





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