El mundo cambia a una velocidad vertiginosa, y los cambios exigen adaptación. Internet ha hecho posible una segunda realidad, una alternativa al mundo en el que caminamos físicamente.
Esta realidad, la del mundo online, ofrece muchas ventajas que saltan a la luz cuando el mundo real sufre un shock. El caso más cercano es la crisis del Coronavirus. No es de extrañar que, ante el parón abrupto que supuso, las marcas hayan visto la realidad virtual como una alternativa eficaz a las pasarelas.
Y tampoco es raro que, aunque la pandemia prospere favorablemente y se hayan comenzado a celebrar eventos físicos como las fashion weeks, las propuestas virtuales hayan permanecido. Como es lógico, la economía no se recupera tan rápidamente, y la opción virtual es una atractiva alternativa en este sentido. Esto hace prever que los eventos online hayan venido para quedarse.
Estas nuevas circunstancias han hecho que la moda explore una realidad nueva que brinda un abanico de posibilidades. Porque si algo caracteriza al mundo online es que hace posible todo lo que en el offline queda frustrado. No es de extrañar, por tanto, que las nuevas colecciones tengan un cargado componente futurista y utópico o distópico, como la presentada por Balenciaga el pasado 2020 a través del videojuego «Afterworld: The Age of Tomorrow».
La firma proponía, a través del videojuego, un viaje al 2031. En él se mostraba en primera instancia un mundo decadente que se iba transformando en un lugar más armónico a medida que avanza el juego. La virtualidad ha dado en este caso un espacio idóneo para la reflexión sobre la sostenibilidad y la naturaleza en el futuro.
Quizá una de las ventajas más llamativas que traen los formatos virtuales sea la de ofrecer nuevos modos creativos y de expresión que a su vez hagan de la moda un discurso mucho más polivalente y variado. El sector de los videojuegos, que cada día cuenta con más usuarios, ha sido uno de los blancos en los que la moda se ha fijado.
«Animal Crossing: New Horizon» fue durante la pandemia un mostrador en el que firmas como Marc Jacobs o Valentino mostraron sus nuevas colecciones, permitiendo que cualquier jugador que tuviera el código para desbloquearlas pudiera acceder a ellas gratuitamente. También League of Legends, Pokemon GO o Los Sims son otros de los ejemplos de la simbiosis entre videojuego y moda.
Esta forma de presentar las colecciones engloba un mercado mucho más amplio, haciendo que la moda salte de las pasarelas a las casas de los usuarios o donde quiera que jueguen. Además de convertirla en un elemento más didáctico y accesible, las plataformas multijugador ofrecen una experiencia compartida que puede favorecer a la moda en cuanto que se cree un diálogo global entorno a ella; desplazando el objetivo principal del juego o, por lo menos, dejarlo en segundo lugar.
La moda puede llegar a ser la gran protagonista, cuando era tan solo una invitada, y puede también atraer a mucho público que jamás había pensado en dedicar un instante del tiempo a los videojuegos.
¿Va el mundo virtual a sustituir la pasarela? No se puede contestar a esta pregunta porque ya ha sucedido en varias ocasiones. Podemos ser positivos y esperar que ambas escenas se complementen y trabajen sinérgicamente. Lo que sí va a cambiar es la concepción de la moda. Ya no importa tanto su realidad como su concepto, el universo que genera a través de las prendas y del formato que se utilice. Este cambio de soporte dejará más espacio al contenido y a la libertad de los diseñadores para generar sin barreras el universo que da esencia a la firma.
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