Jason, Carrie y Charli XCX: por qué el terror no quiere salir de los 80

Entre la ‘Carrie’ de Mike Flanagan, la precuela de ‘Viernes 13’, el slasher trans de Jane Schoenbrun y el remake de ‘Faces of Death’ con Charli XCX, el horror contemporáneo parece haber hecho las maletas rumbo a un campamento de verano de 1980.

Jason, Carrie y Charli XCX: por qué el terror no quiere salir de los 80

Y no, no es (solo) nostalgia.

Hay algo extrañamente reconfortante en ver a un grupo de adolescentes decidir que separarse en un bosque a oscuras es buena idea. Sabemos perfectamente cómo va a acabar la cosa y, aun así, ahí seguimos, con la manta hasta la nariz y el mando en la mano. Pues bien, este otoño la industria parece haber llegado a la misma conclusión que nosotros: cuando todo es incierto, mejor volver a lo que ya sabemos que funciona.

Para empezar, tenemos a Carrie White. Vale, la novela de Stephen King es de 1974 y la película de Brian De Palma, de 1976, pero seamos sinceros: a nadie le importa ese par de años de diferencia. ‘Carrie’ es una miniserie creada por Mike Flanagan, protagonizada por Summer H. Howell, que se estrenó en Prime Video el 7 de octubre de 2026. Además, son ocho episodios en los que Flanagan ejerce como guionista y productor ejecutivo, y dirige cuatro de ellos. Dicho de otro modo, el hombre que nos hizo llorar con ‘La maldición de Hill House’ se ha atrevido con el baile de graduación más sangriento de la historia del cine.

Por si fuera poco, apenas una semana después llegó la vuelta de tuerca definitiva al slasher clásico. Peacock estrenó el 15 de octubre los ocho episodios de ‘Crystal Lake’, la precuela de ‘Viernes 13’ producida por A24. La serie, creada por Brad Caleb Kane, rebobina hasta antes del clásico de 1980 para contar la trágica historia de Pamela Voorhees, interpretada por Linda Cardellini. Sí, la madre de Jason tiene por fin su propio arco dramático, y sí, también vamos a acabar empatizando con ella.

Del VHS al streaming

Ahora bien, ¿por qué todo el mundo parece haberse abonado a la misma época? En primer lugar, por pura lógica de negocio. En un ecosistema saturado de plataformas, una máscara de hockey o un vestido de graduación empapado en sangre son reconocibles en medio segundo de scroll. Así pues, apostar por iconos que ya tienen fans es mucho menos arriesgado que intentar inventar un nuevo monstruo desde cero.

Sin embargo, no vale cualquier época. Entre finales de los 70 y mediados de los 80 se escribió prácticamente toda la gramática del terror moderno: ‘La noche de Halloween’ (1978), ‘Viernes 13’ (1980) y ‘Pesadilla en Elm Street’ (1984) inventaron a la final girl, el asesino imparable, el campamento como escenario maldito y esas bandas sonoras de sintetizador que todavía hoy nos ponen los pelos de punta.

A esto hay que sumarle un factor generacional. Por un lado, quienes hoy firman las series y los guiones son millennials que descubrieron estas películas en VHS durante alguna fiesta de pijamas. Por otro, la Gen Z llegó a ellas a través de ‘Stranger Things’, los edits de TikTok y la estética de camiseta vintage de tienda de segunda mano.

Y si alguien duda de que esta fiebre tiene acento Gen Z, ahí está ‘Faces of Death’. El remake del mondo de 1978, aquella cinta maldita que circulaba de VHS en VHS con la promesa de muertes reales, ha vuelto este año con Barbie Ferreira, Charli XCX y Dacre Montgomery en el reparto. Eso sí, la cinta pirata ha dejado paso al feed: Ferreira interpreta a una moderadora de contenido que descubre que alguien está recreando los crímenes del original en su plataforma. En otras palabras, el pánico viral de los 80 ha encontrado su versión 2.0 en el algoritmo.

Mucho más que nostalgia

No obstante, reducirlo todo a una estrategia de marketing sería quedarse en la superficie. De hecho, el slasher ochentero siempre fue un género profundamente moral, por no decir puritano: quien tenía sexo moría, quien bebía moría y quien se salía de la norma, ya te lo imaginas. Precisamente por eso, revisitarlo hoy permite darle la vuelta a esas reglas y preguntarse qué decían realmente sobre el deseo, el cuerpo y el miedo a lo diferente.

Y aquí es donde entra la película que más ruido está haciendo en el circuito. ‘Teenage Sex and Death at Camp Miasma’, que aterriza en noviembre, es el nuevo trabajo de Jane Schoenbrun, la directora de ‘I Saw the TV Glow’, con Hannah Einbinder y la mismísima Gillian Anderson al frente del reparto. La premisa es puro metacine: tras años de secuelas chapuceras y fans cada vez más desencantados, una saga slasher queda en manos de una joven directora dispuesta a resucitarla, que acaba cayendo en un universo de deseo, miedo y delirio junto a la estrella de la película original, ahora recluida y envuelta en misterio.

Además, la crítica se ha rendido. En Dread Central le dieron cinco estrellas tras su paso por Fantasia, destacando que es la película más cálida y divertida de Schoenbrun y el mejor trabajo de Einbinder hasta la fecha. Lo interesante, en cualquier caso, es su enfoque: la propia Schoenbrun ha explicado que se trata, en esencia, de una película sobre aprender a disfrutar del sexo después de la transición. Es decir, coge el género que castigaba el deseo y lo convierte en un espacio para celebrarlo. Al fin y al cabo, el subtexto queer siempre estuvo ahí (que se lo digan a ‘Pesadilla en Elm Street 2’); simplemente, ahora ha pasado a ser el texto.

¿Refugio o callejón sin salida?

Llegados a este punto, conviene hacerse la pregunta incómoda: ¿cuánto tiempo puede vivir el terror mirando por el retrovisor? El riesgo de la fatiga es real, y la propia ‘Camp Miasma’ lo sabe, porque arranca precisamente de una franquicia agotada por las secuelas. La clave, por tanto, está en la diferencia entre reciclar y reinterpretar. Copiar el plano icónico no basta; hay que tener algo nuevo que decir con él.

Por otra parte, quizá la palabra refugio sea más literal de lo que parece. En tiempos de incertidumbre constante, el slasher ochentero ofrece algo que casi ningún otro género puede prometer: reglas claras. Sabes quién es el monstruo, sabes dónde se esconde y, sobre todo, sabes que alguien sobrevivirá hasta los créditos. Paradójicamente, el miedo con instrucciones resulta mucho menos aterrador que el de las noticias de cada mañana.

En definitiva, el terror no ha vuelto a los 80 por falta de ideas, sino porque allí están las piezas con las que construir las nuevas. Eso sí, si este verano alguien te propone una escapada a un campamento junto a un lago, quizá merezca la pena preguntar primero cómo se llama. Por si acaso.

Letterboxd podría venderse por hasta 300 millones (y perder lo que la hace única).

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