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Todo lo que ves hoy es producto del pasado. Hacemos un viaje desde la calle y la pasarela de la nueva era hacia un paradigma iniciado en los clubes de principios de los 90. ¿La razón? ir más allá del streetwear y poner el foco en los códigos clubber: la influencia real para una industria que necesita el update inmediato.

El techno y el ácido, la magia de la noche y sus excesos. Sexo, drogas y autodestrucción en un mundo paralelo de delirio en el que nace una nueva corriente de moda y música como pilares esenciales. Ahí, a finales de los 80, es donde empezamos a ver toda esa movida que conecta workwear, cultura skate y streetwear en el ámbito de las raves = clubwear. La fotografía de Alfred Steffen en su obra ‘Portrait of a Generation’ nos traslada a toda esa catarsis artística.

La moda, como herramienta de comunicación permanente, se unía a la new generation de manera libre, sin una dependencia marketiniana que explotase el streetwear como lo hace ahora, sin dirigir movimientos de sneakerheads o adictos a la moda urbana.

Todo ese imaginario clubber / gabber se ha convertido ahora en el principal eje que conduce a los diseñadores a buscar referencias en un pasado en el que la moda fluía de manera natural, en buscar algo bien fresh como hizo Woolrich en esa colección junto a Jeff Griffin basada en parámetros de camuflaje y referencias de los clubes, así como Prada en SS19 y su inspiración sporty conectada con la cultura techno.

Así, más allá de hablar sobre la principal droga suministrada: las sneakers, nos remontamos a los accesorios de finales de los 80 – inicios de los 90’s, ahí donde vemos máscaras de respiración en los clubes, tintes de colores infinitos, pantalones de charol, plataformas o chalecos reflectantes rollo basurero que se unen a todo ese universo vibrante de neones que podemos ver en las chaquetas reflectantes de Raf Simons en FW18 para Calvin Klein o en los guantes de ferretería de Abloh para Louis Vuitton.

– Pero, realmente: ¿cuáles son las referencias directas del clubwear? –

GUERRA

Pantalones de camuflaje o cargo, prints de granadas de mano o símbolos radiactivos, botas de combat o máscaras de gas que se configuraban como una ropa muy savage para pasar la noche en una era en la que la fiesta era tan básica como unas uñas de gel en el 19. Firmas como Carhartt o Blundstone ya estaban totalmente aliadas a la estética militar, haciendo uso de materiales asequibles y conectando, a la par, el movimiento con la tradición anti-establecimiento del punk.

POSTMODERNISMO

Se reinterpretó la cultura del pop a través de Hysteric Glamour, que -por ejemplo- copió motivos de carteles de películas de Baxploitation de los 70 y los estampó en camisetas. También las camis de los fans de DJ Hell que mostraban el logo y las letras de la petrolera Shell (sin la letra S), así como converse con suela de plataforma que llevaban de Tokio a Berlín: la sede del techno. Una reconfiguración irónica que se extrapola a la moda de hoy en día, marcada por la inverosimilitud en colaboraciones como las crocs de Balenciaga, las bolsas de Ikea, la camiseta de Putin de Heron Preston o las múltiples referencias a la cultura pop que lanzan mil firmas streetwear.

DIY

Los ideales de accesibilidad, individualismo y el ‘hazlo tú mismo’, influenciaron de manera directa la moda de los 80-90. Décadas en las que la calle combinaba ropa cara y barata, vieja y nueva, personalizada y llena de contradicciones. Pero en otros lugares se convirtió en un gesto político como en el clubland londinense de los años 80, en el que el actor Leigh Bowery comprimía su cuerpo en trajes que hacían que la drag queen lanzase un mensaje: ‘haz lo que quieras y hazlo tú mismo’.

De esta manera, no había un estilo homogéneo en la escena de los clubes, ni un estilo uniformado, sólo pocos diseñadores unían todo ese imaginario, como Xuly Bët, que unía telas en una técnica surrealista de collage que también utilizó el berlinés Frank Schüte con sus uniformes de nylon en azul oscuro.

SEXO

El concepto de moda reconocible no existía, la desnudez se consideraba un elemento estilístico para la ropa clubber que también se manifestaba en otros universos como en el ‘Love Parade’ de Berlín. Ser ‘sexy’ significaba llevar poca ropa, dejar ver mucha piel y ser un objeto sexualizado a la vez. Los essentials: camisetas transparentes y apretadas, faldas cortas, pantalones ajustados o zapatos estrafalarios que llevaron al éxito a la marca alemana Buffalo, un objeto de amor y odio que llega rompiendo el suelo del pasado al presente.

Por su parte, los hombres se liberaron a través de los ideales de la cultura gay, exhibiendo sus propios cuerpos, vistiendo ropas ajustadas y jugando con estereotipos como hicieron los Village People. Ahí, la fluidez de género, el modificar, perforar o esculpir el cuerpo en el gimnasio ya se había infiltrado como la corriente principal.

CIENCIA FICCIÓN

El objeto fetiche del club y de la escena del EDM fue el ordenador y sus posiblidades, como la fascinación de poder crear tipografías futuristas y hacerles el print en sudaderas. «Kiss the Future» fue uno de los eslóganes del diseñador Walter van Beirendonck x Wild and Lethal Trash, con la que puso de moda la cultura del club, con sus colores fuertes y sus diseños de cómics. Pero uno de los sellos más trash de la época fue Sabotage, fundado por el productor Michael Dannroth e inspirado en la estética tecnológica e industrial.

Sabotage acabó metido en el marco de la moda prendiendo todas las barreras establecidas, trabajando y experimentando con nuevas telas, destruyendo y desconfigurando la ropa como hizo con la legendaria «Sudadera lavada destruída». Su enfoque por entonces fue radical, pues una sudadera tenía fibras que contenían cerámica que protegían a los ravers del sobrecalentamiento; o lanzaba, por ejemplo, chaquetas de malla metálica tradicionalmente utilizadas para la serigrafía. De todo ello: una influencia totalmente conectada con prendas tecnológicas que podemos ver ahora través de firmas como Maria Ke Fisherman en SS19.

Así ha sido como la ropa del club ha fijado en el escaparate los elementos de creación del 2019, aquella que se inició como vía de expresión para los ravers en un mundo inestable, como el que puedes ver al levantar la mirada.