Marco & María, Aurelia Gil, Alex Menorca, Viperinas, Chacho SVNRS, Diazar Atelier, Angie Vásquez, Ban y Roselinde protagonizaron el desfile de Canarias Islas de Moda en la pasarela madrileña.
Madrid se echó una tarde de veranillo canario y ni se enteró. La Universidad Nebrija prestó su patio —ladrillo, arcos, césped y esa luz de septiembre que parece hecha a propósito para Instagram— y durante unas horas dejó de ser Madrid para convertirse, oficialmente, en la novena isla del archipiélago. Todo dentro de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, que esta vez se llenó de acento canario gracias a la iniciativa Canarias Islas de Moda, organizada por Proexca junto a los cabildos de Gran Canaria, Tenerife, Lanzarote y La Palma. No hizo falta decorado ni grandes montajes: bastaron nueve firmas, cada una a su manera, para dejar claro que Canarias tiene mucho que aportar a la moda española.
Abrió fuego Marco & María, que se presentó con demi couture y bordados hechos con la paciencia de quien no tiene prisa por gustarle a nadie más que a sí mismo: mimo artesanal del bueno, de ese que engancha desde el primer look y te hace olvidar que estás en Madrid y no en un atelier con vistas al Atlántico. Justo después, Aurelia Gil recordó algo que en esta industria se olvida a la primera de cambio, que la experiencia también es tendencia, y que veinte años de oficio pesan más que cualquier hype pasajero.
A partir de ahí, la cosa dejó de ser recatada. Alex Menorca trajo el relevo generacional sin pedir permiso, Viperinas se subió a la pasarela con toda la urbanidad y la sensualidad que su nombre promete, y Chacho SVNRS terminó de sacar la pasarela a la calle, tirando directo al lenguaje del souvenir reinventado, ese que coge lo turístico y lo convierte en algo propio.
Los complementos, por su parte, no se quedaron esperando turno en el backstage. Angie Vásquez puso la marroquinería de autor en el centro del relato, Ban le dio una vuelta contemporánea a la guarachera de toda la vida (sí, el calzado tradicional canario convertido en pieza de deseo) y Roselinde tradujo el paisaje isleño en joyas. Y luego llegó Diazar Atelier con el golpe de efecto de la tarde: sus modelos no se quedaron en la pasarela, sino que siguieron paseándose entre los invitados durante el cóctel, demostrando eso de que el desfile no termina cuando se apagan los focos.
Música y sabor para rematar la faena
Como banda sonora se contó con Daniela Garsal, un nombre que ya suena con peso propio en el panorama urbano canario y que ha compartido colaboración con Quevedo, así que no hablamos de una apuesta al azar, sino de una artista que sabe exactamente cómo mover a una generación entera sin perder el acento de origen. Su presencia se encargó de que la música urbana canaria se llevara todo el protagonismo, conectando generaciones sin que nadie notara la costura entre lo tradicional y lo que suena ahora mismo en los altavoces de la isla.

Y para que nadie se fuera con hambre —ni de moda ni de otra cosa—, la experiencia gastronómica corrió a cargo de Gofio, el restaurante de cocina canaria contemporánea en Madrid distinguido con una estrella Michelin, que trasladó al encuentro parte de su recetario, sus sabores y esa identidad gastronómica tan propia de las islas. El cóctel posterior se completó con vinos como Tajinaste y Viña Norte, porque presentar un ecosistema creativo también pasa por dejarlo probar, no solo mirar.
Una isla más en el mapa de Madrid
Al final, entre copa y copa, con la pasarela ya vacía y Madrid recuperando su ritmo habitual al otro lado de los arcos, quedó claro que Canarias no necesitó parecerse a nadie para hacerse notar: bordado, guarachera, prêt-à-porter, moda urbana y joyería de paisaje conviviendo en la misma tarde, demostrando que la identidad, cuando se mezcla bien, también se puede exportar.

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