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La boda de Kourtney Kardashian y Travis Barker, aparentemente firmada por Dolce & Gabanna, parece haber sentado precedentes para el futuro del lujo. ¿Acabamos de entrar en la era de las bodas de marca?

Fueses seguidora del clan Kardashian o no, la ceremonia de “vinculación eterna” entre Kourt y Travis se convirtió en algo digno de ver. Ya no sólo por los looks, si no por toda esa celebración faraónica a la altura su reality. En ella, los invitados más cercanos vistieron de Dolce & Gabanna, aunque la marca negó haber firmado un acuerdo de patrocinio.

La estética e identidad de la casa italiana embelleció toda la boda, desde los trajes de los novios y de los invitados, hasta el mega-yate que puso a su disposición. Un movimiento que nos lleva a replantearnos si podría tratarse de una nueva estrategia de marketing de lujo para las marcas. Desde luego, el valor mediático es innegable.

Si tenemos en cuenta que la fotógrafa fue Ellen Von Unwerth y que, desde los decorados de la lancha hasta el montaje del altar pasaron por el diseño de los directores creativos sicilianos, podemos decir que la sensación de unificación por parte de Dolce & Gabanna consiguió latir de principio a fin.

Desde luego, D&G podría establecer los pilares de este nuevo enfoque de organización de bodas por parte de las marcas de lujo. Uno en el que, más allá de diseñar los trajes, se proporcione a sus clientes más prestigiosos toda una experiencia en torno a la identidad de la firma; incluyendo sus conocimientos prácticos, su red de talentos y/o profesionales para organizar estos eventos.

Al final, todas estas firmas high-end ya son expertas en elevar esta clase de formatos. Para ellas supone, además, una difusión monumental en medios y redes; tal y como ocurrió con los vestidos de Virgil Abloh para Hailey Bieber o con el ya icónico vestido de volantes de Glenn Martens para Chloë Sevigny. No nos sorprendería nada que próximamente empezaran a incorporar la organización de bodas en su carta de servicios.

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