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Hubo una era en la que tener un móvil de marca representaba, más que una conexión con la moda, un estatus social. Ahora, tras décadas en las que el iPhone ha eclipsado a todas las generaciones, vuelve a aflorar esa tendencia que vibró en los años noventa y dos mil, y que se recupera a través de la obsesión Y2K. El Samsung brutalista de Margiela presenta la última actualización de esta trend que parece proyectar el regreso de los smartphones de diseño. ¿Son ya éstos los nuevos accesorios clásicos de culto?

La moda vuelve a experimentar con la alta costura y la tecnología de vanguardia, reavivando esa llama que pareció apagarse hace unos años, pero que volvió a prender Thom Browne el año pasado con su Samsung inspirado en los uniformes olímpicos. Y es que, Maison Margiela acaba de lanzar un modelo subversivo del Galaxy Z Flip4, llamado “Maison Margiela Edition”, creado en formato artístico con el fin de celebrar nuestra propia individualidad.

El smartphone está enfundado en un acabado mate en blanco sólido con acentos grisáceos, y un diseño tecnológico en 3D que evoca la textura de una pincelada rugosa. Margiela vuelve a inspirarse en la técnica del décortiqué, puliendo las capas exteriores del objeto, y dejando entrever su núcleo y sus circuitos internos.

Junto al móvil llegan dos fundas: una de cuero trazada por la técnica de encalado de la casa, y su emblema de cuatro puntos, y otra por su icónico anillo de codificación numérica. La caja acaba de cerrar el avant-garde kit que deja al descubierto la superficie rugosa del material interior.

UNA LLAMADA A LOS 2000

Esta nueva tendencia conecta directamente con el fetichismo noventero e Y2K que remasteriza los “techcessories” y/o la tecnología vintage, abriendo un nuevo paradigma que se evade en un pasado idealizado. Uno en los que los móviles de diseño se concebían como accesorios de lujo, entre diseños como el Motorola i883 rosa bebé de Baby Phat con diamantes incrustados, el T-Mobile de Juicy Couture, o el Motorola Razr V3i de D&G. Por no hablar de otras opciones míticas como el Nokia 7270 de Versace para los más excéntricos, o posteriormente, el de Supreme para los hypebeasts de manual.

Aunque si hubo algún móvil que revolucionase el sector y se erigiese como objeto de culto (e innovación) ese fue el LG de Prada lanzado en 2007: el primer móvil con pantalla táctil de tamaño completo. El clímax finalmente lo alcanzaría el Diorphone con un diseño tipo concha con piel de cocodrilo y 640 cristales de Swaroski, que llegó a venderse por 26.000 dólares.

Fueron años en los que el móvil de marca eclipsó el bolso de diseño, como un accesorio de lujo que se codicia pero no se necesita: una tendencia que se aleja mucho de esta época moderna subyugada a la ansiedad tecnológica en la que el móvil se vertebra como una extensión de nuestra persona o personalidad. En este sentido, si la tecnología primitiva vuelve a estar de moda, de la mano de diferentes identidades y logomanías, esos artilugios podrían reimaginarse en versión actualizada, más que como dispositivos utilitarios, como piezas de coleccionista contemporáneas.

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