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Versace volvió a demostrar con su colección menswear para primavera-verano 2023 que más que ser una firma, es un estilo de vida. Donatella trascendía una vez más en lo emocional desde el jardín de su palacio como telón de fondo sobre el que lo modelos exhibieron la unión entre la opulencia clásica y lo ultramoderno de la colección.

Si hablábamos de Versace como estilo de vida, lo hacíamos desde lo empírico: por su extensión desde lo puramente sartorial, con piezas como su icónica camisa con el estampado de la Medusa, hasta objetos de menaje como tazas de café embellecidas con pedrería.

Donatella evocaba a través de esta colección “un sentido de renovación, ofreciendo una nueva y muy contemporánea imagen del hombre típicamente Versace”. Y lo conseguía fusionando el arte pop y el clasicismo grecoromano: una aparente dualidad conceptual con la que más allá de hacernos reflexionar, nos hizo sentir. O esa era su pretensión.

Esa conexión emocional entraba entonces en la narrativa de esta historia de ascensión divina en la que los hombres se envolvían de una especie de poder colectivo de la seducción. Y lo hacían entre mallas transparentes que se adaptaban a sus cuerpos, así como con trajes y camisetas fluidas sin mangas; configurando todo un universo construido en torno a la atracción de culto que proyecta Donatella. Una que ha llevado a que los que verdaderamente veneran la firma, coman en platos de Versace o duerman con sus pijamas. Y que ahora también beban café de sus tazas.

EL RENACIMIENTO DE VERSACE

Entre la excentricidad y el atractivo sexual, la diseñadora ilustraba una serie de trajes louche en rayas, abrigos con bolsillos cargo o prendas exteriores de pitón ácido combinados con bolsos hobo con cremalleras de colores. Siluetas que se diluían con otros modelos como polos con impresiones de máscaras de la muerte pompeyanas o pantalones de satén entintado.

Aunque si hubo algo que realmente subrayó la colección, esa fue la logomanía. El orgullo por sus estampados de inspiración grecoromana se imprimían sobre prendas sedosas o bolsos estructurados, presididos por una medusa hipnotizante.

Tras transitar todo el recorrido, si algo pudimos ver en esta presentación magistral fue como la diversidad de tipologías de prenda, de estampados y de colores consiguieron bailar arrítmicamente (pero en armonía) dentro de una interpretación estival que abarcaba tanto opciones de día como para agitar la escena nocturna. Así, camisas de cuero brillante recortadas a rombos o abrigos de látex reforzaban el renacimiento de la marca, sirviendo grandes dosis de eclecticismo en medio del hedonismo burbujeante del show.

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