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Las cadenas de la civilización moderna podrían vincularse a los dispositivos tecnológicos en tiempos del culto a la productividad y el hiper-individualismo. Registramos todo lo que hacemos, traduciendo en datos digitales nuestros pasos, eficiencia e incluso nuestras aficiones. ¿Nos hemos convertido ya en adictos y esclavos del autocontrol?

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Hace unos años, el auto-seguimiento se relacionaba a prácticas nicho de bienestar con wearables y apps que recogían y analizaban datos acerca de las actividades y la salud física del usuario. En ese momento, el uso de esas funciones parecía simplificarnos la vida para mantenernos en forma.

Con el paso del tiempo, el culto a la productividad ha ido calando en todas las esferas del sistema capitalista, llevándonos a cuantificar todo aquello que hagamos. El “yo cuantificado” se establece entonces como un fenómeno cultural centrado en el auto-seguimiento a través del uso monitorizado de todos nuestros gadgets, como la función integrada del iPhone, la productividad con Momentum o Forest o aficiones como la lectura con Goodreads. La inteligencia artificial y las bases de datos invaden así la totalidad de nuestro espacio vital, incluso aquellos relegados al ocio y al hedonismo.

Monitorizando y desvirtuando el ocio

Plataformas como Goodreads o Letterboxd se convierten en una muestra del yo cuantificado como red comunitaria de usuarios y creadores de herramientas de auto-seguimiento que comparten ese interés por el autoconocimiento a través de los números. Ambas plataformas cuentan con un aspecto colectivo e interactivo que lleva a los amantes de la lectura o del cine a intercambiar recomendaciones u opiniones sobre tendencias o tropos del momento.

En la otra cara de la moneda está la del premiar el consumo excesivo, creando elevadas necesidades al usuario de mantenerse al día para no quedarse fuera del juego.

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En este sentido, el comparar todas las actividades con las del resto de avatares atraviesa el significado del ocio para desvirtuarlo en forma de tarea u obligación. Los retos de lectura anuales de Goodreads serían un ejemplo de ello, con miles de bibliófilos competiendo por alcanzar esos objetivos poco realistas y saludables, generando estrés en una era de maquinaria social omnipresente en la que todo se mide, se compara y se muestra. En un sistema que prioriza y premia la rapidez y la abundancia, y no la absorción de conocimientos y lecciones de vida.

El autocontrol es reduccionista y nada en Internet es un reflejo de la vida real, por muy precisas que sean las cifras o datos digitales que vayamos cargando cada segundo de nuestra existencia.

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