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Si el 2020 ha sido un annus horribilis para la mayoría de los mortales, para la industria de la moda ha sido el peor. Según el informe de McKinsey, el sector de la moda pierde alrededor del 93% de sus beneficios económicos.

La caída de las ventas, los cambios en el comportamiento de los consumidores y la interrupción de las cadenas de suministro han sido algunos de los aspectos que han provocado este desplome. Factores que no sorprenden demasiado debido a la situación de incertidumbre actual. La pandemia mundial provocada por el Covid-19 ha puesto todo patas arriba y la incertidumbre ha estado presente a lo largo de todo el año.

Pero no todo son malas noticias, porque la moda pierde relativamente. El enfoque en lo digital y la potenciación del comercio electrónico han crecido significativamente. Las ventas online se han duplicado. Aunque el comercio local también ha resurgido. Parece que esta incertidumbre en la que vive el sector, en realidad es el momento idóneo para revisar algunas prácticas que pueden haberse quedado obsoletas y explorar nuevos caminos para la relación con los clientes, trabajadores y corporaciones del sector.

Los más exitosos serán aquellos que sepan mantenerse a flote, implantando nuevas formas de negocio que den una nueva forma al sector de la moda. Eso significa centrarse en una perspectiva omnicanal, centrándose en la vía digital por supuesto. Del mismo modo, garantizar la sostenibilidad a través de la cadena de valor, la industria textil y el consumo. Los consumidores, y esto es algo que ya puede observarse en la actualidad, recompensarán a aquellas empresas que tratan tanto a sus trabajadores como al medio ambiente con respeto.

Quizás el coronavirus haya servido para que la industria de la moda construya relaciones más profundas con el entorno. Esto proporcionará beneficios jamás vistos. Y, el informe da esperanza para este año que entra, así que, habrá que hacerle caso.

Si quieres consultar el informe puedes entrar a la web oficial de Mckinsey y descargarlo.