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Al igual que The Antwerp Six o Rei Kawakubo, Martin Margiela forma parte de esa burbuja que ha volado a través del tiempo con impulsos que trasgreden todos los parámetros en la historia de la moda. Su trabajo en el campo de la deconstrucción, la reutilización de tejidos y su papel protagonista en la anti-moda se opuso a la cultura de masas y al marketing masivo de las principales casas haute-couture hasta convertirlo en un icono global.

En 1988 la labor creativa del diseñador belga y su equipo de trabajadores con labcoats inició la construcción de un nuevo paraíso llamado Maison Margiela, aquel que en 2014 John Galliano sustituía manteniendo sus códigos y el fuerte impacto estético que rodea el universo upside-down de la firma francesa. Repasamos el imaginario del fashion legend y el icónico archivo de la Maison en la que perderse entre pelucas, makeup estridente, tejidos experimentales and so on. Nos centramos en su anonimato y en la historia detrás del hype, en cómo las máscaras y las Tabi Boots se han convertido en una obsesión, en las piezas del escaparate high-end universal.

Maison Margiela masks

THE VISION THROUGH HIS MASKS

Parte de la historia de Maison Margiela puede verse a través de las máscaras que marcaron un distintivo en la industria de la moda desde su debut en el show SS89. Esas máscaras que ya inspiraron a artistas como Picasso o Matisse se subían al estrado de la pasarela para quedarse de manera eterna. La estética del pasado que envuelve la casa, de mirar hacia atrás, alimenta todas las raíces de la firma, así como lo hace el anonimato: la máxima de Martin Margiela que fija el protagonismo en el equipo creativo en su totalidad y no sólo en una cara visible. Esa es precisamente la razón por la que todos los trabajadores de la firma visten batas blancas, para que la jerarquía no exista.

La idea del anonimato se traslada al universo de las máscaras de Margiela, en aquello de centrar el punto de fuga en la ropa y no en las personas que la visten. ‘Look at my clothes and only judge my clothes’. Los modelos se convierten así en personas sin rostro, anónimas desde el debut de las máscaras en el 89. Otras muestras surrealistas pueden verse en la propuesta colorful de 1995, en SS96 donde se presentaban otras maneras de ocultar la identidad, en FW2000 y en sus flequillos exagerados que cubrían la cara, así como en SS2008 donde las modelos tapaban sus ojos con cintas. Pero SS2009, la anivesary collection, se convirtió en la más icónica por ser un mix en el que se fusionaban todos los highlights de la casa: máscaras, pelucas, reconstrucción y makeups excéntricos.

El poder enigmático de las máscaras ha sido utilizado como recurso creativo por otros diseñadores como Stefan Kartchev o Walter Van Beirendonck, siguiendo un proceso de investigación, diseño y experimentación. La Maison ha llegado a crearlas en infinidad de formatos, con apliques como Swarovski, motivos florales, embellecimientos, pinturas goteantes o a impregnarlas de futurismo, subversión o etnicidad inspirada en artistas como Basquiat. ¿Pero cuales fueron las razones por las que Margiela empezó a vestir a sus modelos con máscaras? todo empezó por un motivo económico, ya que el presupuesto del director creativo no le permitía pagar a modelos importantes como hacían otras firmas como Dior para sus pasarelas, más allá de la idea de que el público se centrase en la ropa y nada más, en sus técnicas y tejidos. Además, las máscaras haute-couture se han mantenido en consonancia con esa idea anti-establecimiento que guía el heritage de la casa. Ir en contra de lo que ya hay.

THE TABI BOOTS ADDICTION

La obsesión por las Tabi o split-toe shoes de Margiela tuvo su inicio en 1988. El diseñador influenciado por la cultura japonesa del siglo XV se fijó en esos calcetines de algodón importados de China que empezaban a fabricarse en serie en aquel entonces. Su diseño original con los dedos divididos se usaba con las sandalias tradicionales que llegaron a convertirse en un símbolo de estatus social.

@margielatab1

Así, Martin ‘apropió culturalmente’ aquella pieza para dar paso a su iteración, deconstruirla y convertirla en uno de los elementos más característicos de Margiela que dejaría huella a lo largo de la historia. La pezuña -comúnmente conocida- se vió por primera vez en el show debut de la firma en la que los modelos llevaban batas de laboratorio manchadas de pintura roja, dejando rastro de las huellas Tabi en una tela blanca. Ese estampado se utilizaría para dar paso a su próxima colección.

Desde ese momento, las botas no han parado de elevar su posición, siendo creadas en distintos colores, con diferentes estampados, materiales, colores, graffitis e interpretaciones experimentales que van desde zuecos y sandalias hasta llegar a las ‘Toppless Tabi’, que consisten en una suela y un talón unidos a los pies de los modelos con rollos de cinta adhesiva escocesa. Firmas como Nike o Prada también hicieron realidad su propia visión del zapato, así como Demna Gvsalia para Vetements AW18, aunque causase con ello una revolución digital.

Tabi Boots Margiela

Las Tabi se han convertido así en el sello imparable de Margiela que aparte de causar controversia han abogado por la moda sin género. La idea de esta pieza genderless, que ya originalmente era unisex, empezó a coger más forma cuando Margiela introdujo su versión de la bota Tabi para hombres en la temporada pasada, aquella que han lucido Steve Lacy o A$AP Rocky, posicionándola como la gran tendencia imparable con 30 años de trayectoria. Tanto es la tirada de las boots que existen cuentas de instagram como @margielatab1 que las archiva todas. El propietario del feed nos ayuda a afianzar aún más nuestro amor por el archivo de Maison Margiela: una oda a la experimentación, la trasgresión y la reflexión en la moda.