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Del mismo modo que parecía un disparate decorar el swoosh de Nike con el monogram de LV, una nueva era comienza con la aplicación de muchos de los patrones más famosos del mundo de la moda en mobiliario. Se lo debemos a Sarah Coleman.

Diseñadora, artista y ahora creadora del mobiliario más brutal del momento, su visión y determinación para traer las firmas de lujo a artículos de la vida cotidiana han puesto a Sarah Coleman (@sarahcoleman), nacida en Manhattan, en el candelero.

SARAH COLEMAN CHAIRS

A ninguno de nosotros se nos pasaría por la cabeza destrozar un Keepall de Louis Vuitton, o un Baguette de Fendi, es de locos. Ese tipo de pensamiento no está hecho para Sarah. Cuando tapizaba una sillón viejo, la diseñadora neoyorquina se dio cuenta de que tenía una bolsa de LV antigua de su padre y decidió no sólo darle una nueva vida a dicho sillón, sino una apariencia inigualable.

El resultado fue tan espectacular que decidió dedicarle su tiempo de forma continua a este proyecto. Comenzó en enero de este mismo año, y la demanda de esta puta pasada de sillas fue tal que se embarcó en la búsqueda de la silla plegable perfecta. Buscando desde Amazon a cualquier tienda, cuando la encontró comenzó a customizarlas con los prints de  Gucci, Fendi, Louis Vuitton…

SARAH COLEMAN CHAIRS

La fama de su idea creció de tal manera que ahora se enfoca casi exclusivamente en la producción de estas sillas. Son hechas a mano. Lo primero, desmontar cada bolsa pieza por pieza para cubrir los nuevos diseños con sus telas. Todo de cada producto se aprovecha para su nueva vida como mobiliario o cualquier otro objeto. Las asas decoran los respaldos y el nylon del interior de las telas refuerzan los asientos. Las nametags, cremalleras, los candados… Todo se utiliza.

Más allá de las sillas, Sarah aplica su recién descubierto talento en llevar al siguiente nivel cajas de cerillas, letras recortadas para personalizar ropa, protectores para vasos de café e incluso las etiquetas de los botes de pastillas. Todo está impregnado de los preciados monograms de dichas firmas de lujo.

Sarah Coleman está fabricando entre 10 y 15 de estas piezas al mes, con la creencia de que pertenecen al mundo del arte por la conversación que han suscitado. Al igual que hay quien flipa con estas creaciones nacidas de bolsos viejos comprados en tiendas vintage, está el otro lado de la moneda, en el que los amantes de la moda están histéricos viendo como se despedazan estas creaciones de tan prestigiosas casas.

Guste o no, lo que prevalece es la visión y valentía de Sarah. El resto lo decidirá el mercado.

Por cierto, we LoVe it.