De Madonna con dos Ronaldos a Chalamet y Kylie en la grada.
Nueva York amaneció el domingo sabiendo que iba a ser el centro del universo, y no exageramos. Y España se fue a dormir sabiendo que el mundo, otra vez, es suyo: La Roja se impuso a Argentina en la final del Mundial 2026 y levantó su segunda copa del mundo, 16 años después de aquella noche mágica de Sudáfrica. El delirio en el MetLife Stadium fue absoluto, pero el partido fue solo una parte del guion. La FIFA decidió importar el formato Super Bowl y estrenar, por primera vez en una final mundialista, un espectáculo de medio tiempo. Resultado: 27 minutos de show que, curiosamente, duraron casi lo mismo que el tiempo efectivo de juego de la primera parte —29 minutos y 42 segundos—. El fútbol ya no compite solo consigo mismo, sino que compite con el entretenimiento, y este domingo ganaron los dos. Aunque, siendo justos, quien de verdad ganó fue España.
Porque hablemos del partido, que también tuvo su propia película. Noventa minutos de dominio español chocando contra un muro llamado Dibu Martínez —terminó la noche con 11 paradas—, prórroga, y en el minuto 106 el desenlace: centro de Nico Williams y Ferran Torres apareciendo en el área para firmar el 1-0 que vale una estrella. «Oooooh, Ferran.», ya saben.
Argentina, que acabó con diez por la expulsión de Enzo Fernández, peleó hasta el final, pero esta vez el destino vestía de rojo. Y luego está la subtrama que todos teníamos en el radar: Messi, a sus 39 años, despidiéndose de los Mundiales sin poder revalidar el título, y Lamine Yamal, con 19, levantando la copa en lo que ya todo el mundo lee como un relevo generacional en directo. Para rematar, Rodri se llevó el Balón de Oro al mejor jugador del torneo y Unai Simón el Guante de Oro. Una noche redonda con acento español por todas partes.
Madonna, un buggy y dos leyendas brasileñas
El arranque del intermedio fue puro delirio. Madonna emergió de un balón gigante cantando «Music», rodeada de bailarines en patines, y cuando parecía que la cosa no podía escalar más, apareció un buggy sobre el césped del MetLife. Al volante, Ronaldo Nazário. De copiloto, Ronaldinho. Dos leyendas del fútbol brasileño haciendo de chóferes de la Reina del Pop en plena final entre España y Argentina, lo que se convirtió al instante en uno de los grandes momentos de la noche.
La cosa siguió en clave surrealista —en el mejor sentido—: Madonna cedió el testigo a Gustavo Dudamel, que dirigió a su orquesta junto a los Muppets interpretando «Seven Nation Army«, cerrando el número con el remo vikingo de Noruega, una de las celebraciones virales del torneo. Sí, has leído bien, los Muppets, una orquesta sinfónica y un meme futbolero en el mismo plano.
De «Dynamite» a «Dai Dai»
Tras el bloque de Madonna, BTS puso el estadio a vibrar con «Dynamite» y sus coreografías milimétricas acompañados de decenas de bailarines. El giro emotivo llegó de la mano de Jason Sudeikis, que apareció caracterizado como Ted Lasso y avisó de que el espectáculo necesitaba un poco de «corazón». La señal para que Justin Bieber saltara al campo, guitarra en mano, con la balada «Everything Hallelujah«.
Y el cierre no podía ser de otra: Shakira, autora del inolvidable «Waka Waka» y voz de «Dai Dai», la canción oficial del Mundial 2026, se adueñó del césped junto a Burna Boy y los Ghetto Kids, los niños que la artista eligió después de que un vídeo suyo bailando se hiciera viral. La guinda del pastel la pusieron Coldplay y el coro PS22 sobre un campo decorado con un enorme letrero de «Love», con Shakira, Dudamel y los Muppets de vuelta en escena. Un despliegue de color que dejó claro que la FIFA ha abierto una nueva era.
La previa también fue un festival
Antes del pitido inicial, la ceremonia de clausura ya había marcado el tono. IShowSpeed abrió con «Champions» sobre un escenario con forma de balón y una lona gigante decorada con el Empire State y la Estatua de la Libertad. Post Malone interpretó «Chrome Heartbreakers» con un llamativo sombrero y una camiseta con la leyenda «Solo espero que los dos equipos se diviertan» —statement del torneo, sin discusión—, y Swae Lee se sumó para «Sunflower».
Jennifer Hudson, de blanco impoluto, cantó el himno de Estados Unidos tras el «America the Beautiful» del tenor Christopher Macchio, y Robbie Williams, Laura Pausini y Nicole Scherzinger entonaron «Desire», el himno de la FIFA, rodeados de las banderas de todas las selecciones.
Mientras que el trofeo, una vez más en el baúl de Louis Vuitton, llegó al estadio escoltado por un trío improbable y fascinante: el argentino Mario Kempes, el tenista Carlos Alcaraz y la actriz coreana HoYeon Jung.
¿Y el momento más random de la previa? Tom Cruise haciendo de maestro de ceremonias con un discurso que nadie vio venir: el fútbol como lenguaje sin palabras, extraños convirtiéndose en amigos y una historia —la del Mundial— que le pertenece a cada fan.
La grada, un front row de 9.900 euros
Si el césped fue un escenario, las gradas fueron una alfombra roja. Timothée Chalamet y Kylie Jenner vivieron el partido juntos —él llegó a posar con el balón de la final— sentados cerca de James Harden y de Marcelo, que acudió con su familia. Por el MetLife también desfilaron Mick Jagger, Kevin Hart, Matt Damon —apoyando a Argentina junto a Luciana Barroso—, Richard Gere con Alejandra Silva animando a España, Javier Bardem, Winnie Harlow, Julia Garner, Jon Hamm y Gayle King.
El palco tampoco se quedó corto: los reyes Felipe VI y Letizia con la princesa Leonor y la infanta Sofía, Pedro Sánchez, Donald y Melania Trump y la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum. Y la nostalgia futbolera tuvo su propio desfile con Iker Casillas, Xavi, Puyol, Iniesta, Sergio Ramos, David Villa y Fernando Llorente —héroes de 2010— posando con la copa, además de Roberto Carlos y el propio Ronaldo.
¿El precio de formar parte de todo esto? Según datos de TickPick citados por Forbes, la entrada media rondó los 9.900 euros, por encima de la Super Bowl (8.225 euros) y de las finales de la NBA (5.513 euros). El evento deportivo más caro del momento y, después de lo visto, también el más pop. El Mundial 2026 no solo coronó a España: redefinió lo que puede ser una final de fútbol.
Política, polémicas y los memes que nos deja el torneo
Porque un Mundial en Estados Unidos no podía ser solo fútbol y conciertos. El momento más comentado a nivel político llegó antes de los octavos, Trump llamó a Infantino y la FIFA acabó anulando la sanción de un partido al estadounidense Balogun para que pudiera jugar contra Bélgica. El propio presidente presumió públicamente de la llamada, mientras Infantino defendía que los órganos judiciales de la FIFA operan «de forma independiente». El discurso quedó bonito; la credibilidad, algo menos. Al menos Bélgica se encargó de cerrar el capítulo a base de goleada. Y en la lista de novedades polémicas, las famosas «pausas de hidratación» en cada parte, que se aplicaban hiciera 30 grados o 20 y que, en la práctica, funcionaron como pausas publicitarias para las televisiones. El negocio es el negocio.
Pero el torneo también nos deja momentos para el recuerdo (y para el feed). El remo vikingo de Noruega, con Haaland y compañía celebrando cada victoria remando con su afición, fue LA celebración del Mundial —tanto que hasta los Muppets la replicaron en el show del descanso—. Cabo Verde firmó la historia bonita: el segundo país más pequeño en jugar un Mundial empató con España, superó la fase de grupos y llevó a Argentina a la prórroga, con su portero Vozinha multiplicando seguidores en redes (y, atención al dato, ahora mismo sin equipo). Y la nota tensa de la noche final la puso Paredes, que en plena celebración protagonizó un feo encontronazo agarrando del cuello a Eric García. Hasta en las mejores fiestas hay drama.
Mundial 2026: qué hay detrás del polémico show de medio tiempo de la FIFA.
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