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Siempre hemos pensado que el lavado se reducía a aplicar el champú y el acondicionador, pero estábamos equivocados. Te contamos las claves para tener un pelo bonito, brillante, suave y sedoso.

Elige un producto acorde a tu tipo de pelo

Es importante que conozcas tu tipo de pelo antes de elegir un champú, mascarilla, acondicionador, sérum… Por ejemplo, si tienes el cabello fino, debes evitar los champús que le aporten peso y que apelmacen el pelo. ¿Tienes el pelo graso? Entonces deberías optar por un champú purificante que regule el exceso de sebo. No será igual un producto para pelo rizado que para una melena lisa; así como tampoco si tienes el pelo seco, dañado, graso, largo, corto…

Lavar el pelo

Ten en cuenta que el pelo muy graso se puede lavar sin problema cada día, mientras que el cabello seco puede esperar dos o tres jornadas. Si no lavamos el cabello a diario, podemos acostumbrar a un cuero cabelludo que produzca mucha grasa a que vaya produciendo menos. En estos casos, dejar un día extra puede venir bien. No deberemos esperar más tiempo, puesto que un exceso de grasa puede afectar al cabello.

Cepillar el pelo antes de lavarlo

Es mejor cepillar el cabello antes de lavarlo, de este modo se daña menos. También es frecuente comenzar a peinar la melena por la zona de la raíz, y es un error. Hay que empezar por los medios y las puntas e ir ascendiendo paulatinamente para evitar rotura.

Usar la cantidad de producto exacta

Se recomienda cepillar el cabello antes del lavado para desenredarlo y además humedecer el pelo con abundante agua tibia antes de aplicar el champú. No te excedas con la cantidad de champú: es mejor trabajar bien la cantidad exacta. A veces caemos en el error de pensar que si usamos más mascarilla, por ejemplo, tendremos el pelo más suave, pero no.

No aplicar directamente el champú en el pelo

No apliques el champú directamente en el cabello, deja caer sobre la palma de la mano una pequeña cantidad, frota hasta emulsionar y aplícalo sobre el cuero cabelludo. Trabaja el champú sobre la raíz, masajeando el producto durante al menos tres minutos. Repite la aplicación dos veces: la primera como gesto de limpieza y la segunda como masaje. Deja que el resto del cabello se limpie con la espuma que va cayendo por medios y puntas.

Lavar el pelo con agua templada

Aclarar el cabello con abundante agua templada y finalizar con agua fría para un extra de brillo. Ten en cuenta que el agua muy caliente daña la cutícula del pelo.

No frotar el pelo con la toalla

Lo mejor es envolver el cabello en una toalla para que vaya absorbiendo el exceso de humedad poco a poco. Si frotas el pelo con la toalla directamente puede causar enredos en el pelo y puntas abiertas.

No abusar herramientas de calor

Debemos intentar no utilizar secadores, tenacillas, planchas etc. a diario y, si no puede evitarse, aplicar siempre con un protector térmico.

No salir con el pelo mojado

El cabello expuesto a bajas temperaturas absorbe la humedad, provocando que las fibras capilares se rompan. El viento enreda el cabello y lo llena de nudos. Para evitarlo, puedes recogerlo en una coleta.

No exfoliar el cabello

No solo exfoliamos cara y cuerpo, el cuero cabelludo también lo necesita. Tan solo una exfoliación capilar a la semana nos servirá para retirar las células muertas, el exceso de sebo, caspa o residuos de productos. Aplica el exfoliante capilar y masajea sobre el cabello húmedo, luego, acláralo con mucha agua, lava el cabello y echa acondicionador de medio a puntas.

El truco de la mascarilla

Si se extiende la mascarilla 20 minutos antes de aplicar el champú y se aclara bien, se potencian sus resultados y deja el pelo más brillante.

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