HIGHXTAR Review | Análisis Milan Fashion Week SS27

Desde el último desfile de Glenn Martens para Diesel hasta el debut de Simone Rizzo y Loris Messina en Moschino, analizamos Milan Fashion Week SS27.

HIGHXTAR Review | Análisis Milan Fashion Week SS27

Milan Fashion Week SS27 llegó en un momento de especial fricción para la industria del lujo. Las grandes casas atraviesan una etapa de reajuste en la que ya no basta con sostener una imagen poderosa, activar el archivo o construir un desfile capaz de dominar el feed durante unas horas. El contexto exige algo más complejo: justificar el deseo. Eso implica volver a pensar la relación entre producto, identidad, precio y la experiencia en un mercado más exigente y menos dispuesto a aceptar el espectáculo como argumento suficiente. ¿Qué puede seguir haciendo que una marca importe cuando la novedad se consume antes incluso de que termine el desfile?

Las respuestas fueron muy distintas. Diesel cerró la etapa de Glenn Martens llevando hasta el límite una identidad construida durante seis años alrededor del denim, la destrucción y la sexualidad. Onitsuka Tiger utilizó SS27 para demostrar que es mucho más que su icónica sneaker Mexico 66. Blumarine desplazó la oscuridad de sus últimas colecciones hacia una California filtrada por el imaginario de los dos mil. Gucci convirtió la boutique, la burguesía y el deseo de producto en el núcleo de una colección con la que Demna empieza a consolidar su propia lectura de la casa. Moschino estrenó a Simone Rizzo y Loris Messina como directores creativos, mientras The Attico celebró diez años explorando una intimidad alejada de su habitual universo de exposición, nightlife y flash.

Diesel SS27

Después de seis años redefiniendo la percepción de la marca, cualquier referencia a su trayectoria podía convertir el último desfile en una retrospectiva demasiado consciente de sí misma. Martens había acumulado material suficiente para hacerlo: desde los enormes inflables que presidieron algunos de sus primeros shows hasta las rave, los experimentos con casting abierto, los desfiles convertidos en acontecimientos públicos y una sucesión de colecciones que llevaron el denim hacia territorios cada vez menos ortodoxos. Eligió cerrar su etapa en la casa trabajando hacia delante.

SS27 reunía muchos de los procedimientos que han definido su etapa, pero llevados a un estado casi terminal. Denim recubierto y tratado con láser hasta adquirir apariencia de cuero; superficies impresas con foil que se fracturaban dejando aparecer falsas prendas debajo; polos y knits perforados mediante recortes orgánicos; camisetas y sudaderas reducidas casi a restos textiles; tailoring parcialmente deshecho sobre el cuerpo. La ropa tenía una cualidad de desintegración, como si cada pieza hubiese llegado a la pasarela después de atravesar un proceso previo de erosión.

Durante su etapa, la experimentación técnica nunca quedó asociada a la pulcritud. El virtuosismo estaba escondido bajo superficies dañadas, falsas manchas y roturas. Renzo Rosso construyó Diesel alrededor del denim, la provocación y una determinada manera de apropiarse de la cultura juvenil. Martens actualizó esos elementos desde una sensibilidad posterior a internet, más híbrida y sexual. El resultado consiguió devolver a la marca una relevancia que ya no dependía del recuerdo de sus campañas históricas.

La puesta en escena llevó esa filosofía al cuerpo. Los performers de (LA)HORDE estaban distribuidos entre el público y al comienzo podían confundirse fácilmente con cualquier invitado. A medida que avanzaba el show, comenzaron los besos, los contactos y las agrupaciones hasta alterar la composición completa de las gradas. La música, precedida por respiraciones y llevada después hacia una versión de “Love to Love You Baby” de Donna Summer, empujaba el ambiente cada vez más lejos del protocolo habitual de una pasarela. Ella Snyder, que había abierto la primera colección de Martens para Diesel revisada como tal en 2021, cerró también esta última.

Onitsuka Tiger SS27

Onitsuka Tiger se encuentra en un punto muy distinto de su evolución. La Mexico 66 se ha convertido en uno de esos productos capaces de trascender el catálogo de una marca. Esa posición es extraordinariamente valiosa desde el punto de vista comercial y bastante complicada desde el creativo: cuanto mayor se hace el icono, más difícil resulta conseguir que el público mire alrededor.

Andrea Pompilio lleva varias temporadas trabajando precisamente en esa ampliación de campo. SS27 adquiría un peso adicional porque llega pocos meses antes de que el negocio de Onitsuka Tiger pase a operar desde enero de 2027 bajo OT GROUP, una estructura propia dentro del grupo ASICS destinada a acelerar su desarrollo como compañía de “luxury lifestyle”. La propia empresa ha definido como objetivo construir valor alrededor de diseño, espacios, moda y comunicación. La colección de Milán debe leerse también desde esa ambición.

El escenario se titulaba Energy Station y reproducía una estación de tránsito imaginaria en la Fonderia Carlo Macchi: gasolinera, túnel de lavado, lavandería, café, supermercado, floristería y motocicletas amarillas componían una pequeña comunidad de carretera. La referencia a Route 66 era evidente, igual que cierto eco cinematográfico de Kill Bill en las motos y el amarillo, aunque Pompilio evitó convertir el conjunto en un homenaje literal.

La colección se construía siguiendo esa misma lógica de encuentros improbables. Los primeros looks combinaban slip dresses cortos de terciopelo devoré con jerseys ligeros; aparecían trajes atravesados por detalles western, checks y pequeños lazos en el cuello; los flecos migraban desde ante hasta abalorios y recorrían vestidos, blousons y chalecos técnicos. La colaboración con Honda incluía minifaldas y shorts de piel perforada, referencias directas a las biker jackets y un uniforme de motocross reconstruido a partir de tejidos técnicos procedentes del archivo de la compañía japonesa.

Penny loafers, pumps de tacón, stilettos puntiagudos y botas acordonadas hasta la rodilla introducían nuevas categorías mientras recuperaban pequeños elementos de la Mexico 66. Ese movimiento tiene más recorrido que limitarse a producir infinitas variaciones cromáticas de un best seller. La afterparty prolongó la idea de tránsito hasta la noche. El mismo espacio pasó de runway a celebración, con comida, cocktails y Arca en cabina. Haber vivido ambas fases en el mismo lugar cambiaba la lectura de la escenografía: durante el desfile parecía una ciudad inventada y unas horas después empezaba a comportarse como tal.

Blumarine SS27

Desde que asumió Blumarine, David Koma ha convivido con un inconveniente: cómo relacionarse con una casa que se ha convertido en uno de los archivos de referencia del revival Y2K sin reducirla a aquello que internet recuerda de ella. La etapa reciente de la firma había estado dominada por un romanticismo oscuro, más gótico y teatral. Para SS27, Koma desplazó a esa mujer hacia California después de un viaje de investigación a Los Ángeles, ciudad a la que regresa con frecuencia. El planteamiento casi podía resumirse como una pequeña ficción: la chica Blumarine llega a California, conoce a un surfer y decide divertirse.

Los tonos oscuros cedían terreno ante pasteles deslavados por el sol; aparecían camisetas de surf, denim recortado, transparencias, encajes, tules, lingerie y vestidos que oscilaban entre beachwear y eveningwear. Los volantes y las transparencias introducían una inocencia inestable, siempre a punto de contaminarse con algo más sexual.

La California de Koma estaba construida a partir de décadas de imágenes: el Playboy de los setenta, el Los Ángeles de comienzos de los dos mil, las revistas adolescentes, los paparazzi, las casas de Malibu y el surf. Es una California aprendida, un paisaje que reconocemos incluso quienes nunca hemos participado de esa vida.

El revival de los dos mil ha terminado homogeneizando muchas referencias que en origen pertenecían a universos diferentes. Blumarine puede acudir a esa década desde una posición distinta porque forma parte de su material original. La sensualidad ligera, las proporciones pequeñas, el denim y una determinada concepción de feminidad no necesitan ser recuperados mediante arqueología de Tumblr. Koma introduce una disciplina que evita la reproducción literal.

Gucci SS27

El Gucci de Demna ha avanzado por etapas bastante visibles. Primero llegó La Famiglia, una galería de personajes destinada a entender la casa desde sus arquetipos; después apareció una exploración más física y sexual, seguida por GucciCore en Times Square, donde el diseñador intentaba reducir la marca a un guardarropa reconocible de esenciales. Durante el verano había hablado abiertamente de su necesidad de encontrar una silueta capaz de sentirse inequívocamente Gucci. SS27 llegaba, por tanto, con una expectativa concreta: comprobar si todos esos ensayos empezaban a formar un lenguaje común.

La primera respuesta estaba en el escenario. El recinto había sido transformado con tal precisión en una boutique Gucci que algunos invitados llegaron a confundirlo con un nuevo flagship. Sofás bajos de terciopelo, vitrinas, ropa, joyería y bolsos.

Gucci se encuentra en pleno proceso de redefinición bajo Demna y dentro de un mercado que exige a las grandes casas reconciliar relevancia con rendimiento. Construir el desfile dentro de una tienda hacía visible esa ecuación. La moda acaba en producto, por mucho que durante años se haya preferido envolver esa evidencia en discursos más elevados.

La colección utilizaba la burguesía como punto de partida, aunque la expresión adquiría diferentes personajes. Había sciure milanesas cubiertas de joyas y gafas de sol, hombres cercanos al playboy de comienzos de los dos mil, dandis andróginos, códigos ecuestres, polos de rugby, kilts de tartán, pieles monumentales, cinturones corsé, grandes Horsebits, tailoring de hombros cuadrados y eveningwear de una sensualidad más fluida.

La sciura resulta especialmente útil para entender la colección. Es una figura inseparable de Milán: mujer acomodada, impecable, segura y muy consciente de su posición como para permitirse ciertas excentricidades. Demna reconoce ahí un territorio fértil porque su trabajo siempre ha estado atento a la relación entre ropa y comportamiento social.

El desplazamiento también obliga al diseñador a trabajar con códigos menos cómodos para él. La ornamentación, el color y una cierta exuberancia italiana chocan con la severidad que ha definido buena parte de su carrera. Un Horsebit llevado a escala absurda o una piel exagerada permiten que la respetabilidad burguesa empiece a deformarse desde dentro.

Gucci ha contenido siempre identidades incompatibles: tradición ecuestre y sexualidad; Florencia y Hollywood; aristocracia y cultura de masas; buen gusto y vulgaridad. Las etapas más memorables de la casa han entendido esa contradicción en lugar de intentar corregirla. En el desfile, ese dualidad se combinaba con el humor en las poses, la caricatura, el exceso y la decisión de hacer desfilar a los personajes como clientes de una tienda. Gucci recuperaba parte de esa cualidad hedonista que históricamente ha diferenciado a la casa de otras concepciones más austeras del lujo.

Moschino SS27

Durante una década al frente de Sunnei, Simone Rizzo y Loris Messina habían convertido el formato de desfile en un campo de experimentación: públicos implicados en la presentación, ejercicios performativos, comentarios sobre el propio sistema y, en su despedida, incluso una falsa subasta de la propiedad intelectual de la marca.

Llegaban ahora a una casa cuyo fundador construyó su reputación utilizando la ironía para desmontar los códigos del lujo italiano. Franco Moschino hizo de botones gigantes, mensajes, símbolos del consumo, apropiaciones y contradicciones deliberadas un lenguaje crítico. Su trabajo fue irreverente porque respondía a la moda de su tiempo. Convertir esas mismas bromas en patrimonio intocable sería una manera muy poco moschiniana de continuar la historia. Rizzo y Messina parecieron entenderlo desde el principio.

El show tuvo lugar en la azotea del parking del Unipol Dome. Cientos de personas comenzaron a recorrer el espacio en masa antes de que aparecieran los modelos: personas con estilos distintos, gente hablando por teléfono, perros, bicicletas, estudiantes, trabajadores y figuras que parecían haber salido de una fiesta pocas horas antes. Los modelos avanzaban después en sentido contrario, obligando a la mirada a buscar la colección dentro de aquel flujo.

Rizzo explicó después que querían que la ropa perteneciera a la calle y a “real people”. El casting masivo no estaba planteado únicamente como efecto escenográfico; permitía colocar Moschino junto a personas cuyo aspecto no había sido uniformado para crear un fondo perfecto. Después de varios días de fashion week, donde hasta la espontaneidad está ensayada, ver a alguien pasear tranquilamente a un perro en medio de un desfile adquiría un componente casi absurdo.

La ropa necesitaba mantener suficiente intensidad para no desaparecer dentro de esa multitud. Aparecieron volúmenes hipertrofiados, anatomías alteradas, grafismos, colores saturados y cuerpos transformados por la propia construcción de las prendas. Había humor, aunque el chiste no dependía de reconocer una pieza concreta del archivo de Franco. Esa distancia resulta fundamental. Rizzo y Messina poseen afinidades evidentes con el espíritu de la casa, pero necesitarán evitar que esas afinidades se conviertan en una obligación permanente de resultar ingeniosos.

Sunnei ocupó durante años un lugar particular dentro de Milán: una firma independiente nacida en la ciudad, conectada con una comunidad creativa que creció junto a ella y capaz de construir identidad fuera de la maquinaria de los grandes conglomerados. Ver a sus fundadores entrar ahora en una casa histórica cambia la escala del proyecto y plantea otra pregunta: cuánto de ese espíritu independiente puede sobrevivir dentro de una estructura patrimonial.

The Attico SS27

The Attico cumplía diez años, una edad complicada para una marca nacida en plena era de Instagram. Gilda Ambrosio y Giorgia Tordini fundaron el proyecto en 2016 y construyeron rápidamente un universo reconocible alrededor de la noche, el party dressing y una feminidad consciente de la mirada exterior. Sus vestidos entendieron muy bien una década marcada por la fotografía inmediata y la llegada a una fiesta como parte del propio look. Celebrar el aniversario mediante una retrospectiva habría sido una opción fácil. Eligieron llenar un túnel oscuro de camas deshechas.

La colección se titulaba Quando Nessuno Guarda y partía de una idea atribuida a Gabriel García Márquez: todos tenemos una vida pública, una privada y una secreta. The Attico decidió trabajar sobre la última, ese territorio donde la identidad deja de responder por completo a la mirada del resto. El escenario tenía una carga sexual evidente, aunque Ambrosio y Tordini insistían en hablar de intimidad. The Attico nunca ha tenido problemas con el sexo, el ejercicio más nuevo consistía en explorar qué ocurre con su mujer cuando deja de estar performando su sensualidad para los demás.

Las camas deshechas planteaban un espacio donde la imagen pública empieza a perder estructura. La ropa acompañaba ese desplazamiento. Seguían estando los terciopelos, las lentejuelas, el cuero, los hombros marcados y el eveningwear que han definido la firma, pero entraban también camisas masculinas, superficies arrugadas, prendas menos rígidas y una sensualidad algo más privada. Los looks tenían la sensación de haber sido colocados, quitados y vueltos a poner sin necesidad de recuperar del todo el orden.

Así fueron los VMAS 2026.

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