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Uno de los principales problemas a los que se enfrenta la moda en el ámbito de la sostenibilidad es el sobreconsumo. Y es que con la llegada de la era de la información e internet, las compras online y la venta personalizada han aumentado la adicción a las compras. ¿Te sientes [email protected]?

Un estudio de 2016 de la National Library of Medicine señaló que «la frecuencia del comportamiento de compra compulsiva ha aumentado en todo el mundo durante las dos últimas décadas», una tendencia que sigue creciendo con la aparición de las compras en línea. En un estudio más reciente publicado en el Journal of Internet and Digital Economies, hace una correlación con el anterior y afirma: «las compras por Internet aumentaron las compras compulsivas».

Y es que en el campo de la moda, las marcas tienen sus propias aplicaciones en las que se pueden realizar compras con solo un clic gracias a la opción de datos de tarjetas de crédito preguardados y pagos rápidos. El problema del consumo excesivo ha alcanzado dimensiones tan significativas que han surgido nuevas aplicaciones para contrarrestar estos patrones de comportamiento como Shopping Addiction Calendar, ByeByeBuy, Quitzilla y BlockSite.

Sin embargo, estas páginas utilizan técnicas de marketing encubiertas. Por ejemplo, notifican a un usuario que otro usuario ha utilizado un código de descuento determinado, instándolo así a comprar, pero el segundo usuario nunca existió. Otras técnicas van desde la simple codificación de colores para los botones hasta algoritmos complejos que predicen comportamientos y sugieren productos diseñados específicamente para cada cliente.

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El problema no es fácil de resolver, especialmente para la moda. Porque, por un lado, las marcas se esfuerzan por hacer que la experiencia de compra sea cada vez más fluida y personalizada, pero, por otro lado, esto está provocando un consumo desmesurado a costa de la privacidad de los propios usuarios. Sin embargo, una parte del mundo está comenzando a darse cuenta del problema de la protección de datos. Si el mecanismo funciona o no, solo el tiempo lo dirá.

Ahora… ¿Se cultivará el futuro del lujo en el laboratorio?

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