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Todos deberíamos tener bajo el radar a Elena Vélez, la diseñadora de Wisconsin que está deconstruyendo el modelo de negocio obsoleto de la moda para seguir una nueva estrategia en la que prioriza el arte comunitario.

Elena Vélez se formó en la Parsons School of Design y en Central Saint Martins, y desde entonces no ha parado de luchar por trascender en el sector. Episodios para recordar como que VFiles le invitase a mostrar su colección de tesis en una pasarela grupal o que el Consejo de la Moda le patrocinase durante LFW fueron dándole visibilidad, mientras ganaba la validación de la crítica global.

ARTESANÍA Y COMUNIDAD

Su obra es conocida por sintetizar la metalistería, icónica de su ciudad natal Milwaukee, con el lenguaje de la alta costura. Dentro de esa misma narrativa, las tradiciones, el aura de la comunidad industrial, las colaboraciones y la artesanía del medio oeste también se graban a fuego.

Elena construye piezas metálicas estéticamente delicadas, subrayando la funcionalidad y la utilidad sobre la belleza. Así, al desgranar su archivo, vemos como proyecta la fuerza de la mujer, incorporando materiales encontrados o recuperados específicos del lugar. Todos esos estímulos tejen su primera colección (disponible para comprar) que se expondrá este mismo mes en Ssense. Y es que, hasta ahora, sólo había creado piezas para clientes privados como Rosalía o Solange.

Tanto la sostenibilidad como el co-diseño se encuentran por lo tanto intrínsecos en un proyecto futuro con el que pretende democratizar el capital creativo, empoderando a los jóvenes en comunidades artísticas desatendidas como la suya. La conexión social será la red que unirá a todas esas personas a través de tutorías, colaboraciones o intercambio de habilidades, alterando la cultura del exceso o la exclusión en la moda.

EL PODER DE LA UNIÓN CREATIVA

Vélez se desvía así del camino hacia el éxito en la moda, para construir una comunidad de artesanos en su ciudad natal, donde espera abrir ese centro de producción / atelier a pequeña escala basado en la autenticidad. Tanto de la moda como de las personas. Esos cimientos levantarán una red sostenible de artesanos con la que pretende unir desde soldadores o herreros que trabajan en fábricas hasta diseñadores, y guiarles a través de su visión empresarial creativa.

Siguiendo esa idea de democratización, a partir de febrero, la diseñadora ofrecerá asimismo en su portal e-commerce productos de estudio de colaboradores. Es decir, de edición limitada creados por otros diseñadores en campos adyacentes, que van desde la joyería hasta el mobiliario.

«Los reconocimientos [de la industria] están muy bien, pero me obsesiona mucho más hacer y trabajar con gente que me importa… y dejar que eso sea realmente lo que encienda el negocio», concede la diseñadora a BOF. «Esta industria actual está en un estado de transición tan poco saludable en muchos aspectos diferentes. No aspiro a nada de eso.»