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A medida que nuestra calidad de vida empeora, nuestro apetito por ver las mansiones de los multimillonarios se vuelve más fuerte. ¿Sabes el por qué?

Desde que se estrenó en el 2000 el programa MTV Cribs, hemos visto desde dentro las casas y el estilo de vida que llevan los multimillonarios. Presentando de esta manera una conducta voyerista sobre la intimidad de las celebrities. Piscinas infinitas, jacuzzis en los dormitorios, vestidores repletos de miles de pares de zapatos, canchas de básquet… En 2005 MTV Cribs nos había llevado de recorrido por las casas de más de 150 famosos.

Y, como no, vino el auge de los reality shows con The Hills, Keeping Up with the Kardashians, Real Housewives, seguido de la llegada de los smartphones y las redes sociales; dando paso de esta manera a videos de formato corto como las 73 preguntas de Vogue u Open Door de Architectural Digest que acumulan millones de visitas en YouTube. Asimismo, Selling Sunse sigue siendo uno de los programas más populares de la plataforma Netflix.

La Dra. Jessica Martin, socióloga de la Universidad de Leeds, explica que nuestras relaciones parasociales con figuras de alto perfil a menudo alimentan esta sed de contenido personal e íntimo de las celebrities. “Siempre hemos apostado por la ilusión de la intimidad con figuras famosas y, bajo los regímenes del espíritu empresarial neoliberal, el espacio doméstico se ha convertido en una parte central de muchas identidades de marcas de las celebrities”, explica.

Ver dónde viven los ricos a menudo puede generar emociones conflictivas, lo que nos hace querer consumir más. Por una parte, «Sentimos placer ante la humillación ajena cuando por ejemplo se le critica a Gigi Hadid por el mal gusto de su apartamento en Nueva York». Por otra parte, al ver la casa de la influencer Emma Chamberlain los fans a menudo pueden sentirse involucrados e incluso responsables de su éxito y se alegran del nuevo estilo de vida de la joven promesa”.

“Los hogares se convirtieron en los espacios desde los que muchas personas trabajaban, y para las figuras públicas esto a menudo significaba dar entrevistas desde sus hogares”, defiende el Dr. Martín. Nuestro interés en la vida de los ricos también ha ido creciendo junto con el aumento del costo de vida. Cualquier persona nacida después de 1990, es decir, que ha vivido la crisis de 2008, es consciente que una vida adulta tradicional y cómoda es un sueño lejano.

Para aquellos nacidos más cerca del milenio, las secuelas económicas de la pandemia ponen más fuera de su alcance la posibilidad de una vivienda y seguridad financiera. Desde la pandemia, los desalojos se han disparado en un 41 por ciento, y una investigación reciente de Zoopla demostró que los alquileres estaban aumentando muy rápidamente, lo que hace que la vivienda precaria sea lo normal para una gran cantidad de jóvenes.

El género televisivo del ‘estilo de vida de las celebrities’ es en gran medida un producto fruto del espíritu precario de la época. A medida que la brecha entre ricos y pobres crece cada vez más, nos interesa cada vez más ver cómo vive la otra mitad. “A medida que se intensifica la crisis de la vivienda, el escapismo de presenciar a alguien con un presupuesto ilimitado para la renovación y el diseño de interiores puede ser atractivo”, dice el Dr. Martin.

Es como vivir en una fantasía que como bien dice su significado solo existe en la mente de quien lo imagina. Pues vivimos en una era en la que cada vez menos personas pueden permitirse el lujo de tener una casa propia. A medida que los ricos se vuelven más ricos y los pobres más pobres, la perspectiva de ser propietario de una casa de diez habitaciones con piscina y jardín, o incluso de un modesto apartamento, se aleja cada vez más de nuestra realidad.

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