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Shein se ha convertido en una religión para las nuevas generaciones que veneran las tendencias líquidas, a la vez que demandan inmediatez y precios ínfimos. Ante el gran imperio chino del lowcost parasitario, las firmas se han visto obligadas a cambiar su modo de juego en el sistema. 

El mayor minorista de moda digital del mundo se ha convertido en el punto de mira de una industria que está demandando sus acciones ilegales basadas en la infracción de la propiedad intelectual. Ya sean firmas nicho emergentes como marcas globales: la gran mayoría están en su contra.

Dolls Kills ha sido la última marca en demandar a Shein por plagio, alegando que la empresa china duplicó decenas de sus productos, uniéndose a un elenco de manifestantes por temas similares como Martens o Ralph Lauren. Por no hablar de copias no delcaradas de otras firmas como Paloma Wool. Es por ello que, desde 2019, su empresa matriz Zoetop Bussiness Co haya recibido más de 25 demandas en el tribunal federal de Estados Unidos.

AMALGAMA DE TENDENCIAS REPRODUCIDAS

Más allá de conocerse por sus robos estéticos, la industria se plantea como la empresa china es capaz de reproducir todas esas tendencias al segundo. También buscan la explicación de esos precios tan increíblemente bajos, y de facturaciones de más de 10.000 millones de ingresos por año. A día de hoy, superan a H&M o a Zara en cuota de mercado en EEUU.

Esa posición privilegiada en el sistema de la moda hace que aquellos minoristas que quieran competir con Shein en precio y rapidez se enfrenten a grandes dificultades, como Abercrombie o Next. A todas esas ventajas aparentemente inalcanzables, Shein suma una más: el contar con una laguna arancelaria que le permite evitar los derechos de importación estadounidenses que deben pagar sus competidores. Un aspecto clave a la hora de definir esos precios.

DIFERENTES MODELOS DE NEGOCIO

Aún así, tanto los diseñadores independientes como las marcas globales cuentan con aspectos esenciales en la era de la deconstrucción y la emergencia climática: la confección, el servicio al cliente y la calidad. Conceptos por los que han querido apostar firmas como Zara, invirtiendo (en parte) su modelo de negocio, relegando a un segundo plano las tendencias para apostar por la creatividad y el diseño de calidad.

Dentro de ese universo de falsificaciones, algunas de las víctimas emergentes como Run & Follow de Anna Butler, reconocen precisamente que no compiten con el gigante de la moda rápida por disponer de clientes totalmente distintos, que persiguen otros objetivos.

Incluso para ésta última, la falsificación de Shein tuvo un efecto positivo, generando una gran expectación en las redes sociales tras la denuncia por parte de la policía de la moda Diet Prada. Ésta compartió la experiencia de la marca con Shein sumando 10.000 seguidores más en su cuenta, proyectando a su vez una pregunta hacia el imaginario colectivo: ¿hará caer el slow fashion al gran imperio de la moda rápida?

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